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martes, 21 de diciembre de 2021

Feliz año nuevo... en el hemisferio norte.

 

Hoy comienza el año. Hoy, el solsticio de invierno, es el día más corto del año y la noche más larga, pero solo en el hemisferio norte. En el hemisferio sur en cambio, estaríamos hablando del solsticio de verano, y en ese caso, se enfrentan al día más largo el año y a la noche más corta. 

Esto ocurre, al parecer desde que un planeta pequeño llamado Theia y que mantenía una órbita con riesgo de colisión con el planeta Tierra, lo hiciese hace unos 4.500 millones de años. Una de las consecuencias parece ser la inclinación del eje de rotación de la Tierra, y que da lugar a las estaciones del año. De este modo, cuando es invierno en el hemisferio sur, es verano en el hemisferio norte y viceversa.

La otra consecuencia, la formación de la luna con los restos de la colisión que fueron expulsados a la estratosfera y que se fueron aglutinando por colisión entre ellos al quedar orbitando sobre La Tierra. La aparición de la Luna, dio lugar a las mareas, y quizá, el hecho de que existiese una zona periódica de costa sumergida y periódicamene emergida con charcas, propició la conquista de la tierra por parte de ciertos organismos marinos...

jueves, 16 de abril de 2020

El confinamiento de Darwin


Las orquídeas ya deben de estar creciendo en los alrededores de Zaragoza. No puedo ir a verlas debido a la necesidad de permanecer aislado en casa. no sólo por la alArma sanitaria sino por un problema con mi rodilla. Darwin, tras realizar su viaje alrededor del mundo, no disfrutó de muy buena salud el resto de su vida. Estuvo muchos años recluído en su casa recogiendo observaciones de sus palomas y entablando correspondencia con otros naturalistas que le aportaban datos de sus observaciones por todo el mundo. Buscaba sin cesar datos que le apoyaran en su idea de la evolución de las especies mediante la selección natural. El trabajo fue ingente y la línea de sus investigaciones rondaban siempre la reafirmación de su teoría de la evolución.
Uno de esos trabajos fue la investigación llevada a cabo con la fecundación de las orquídeas. Esa investigación, que se plasmó en un libro, resulta ser una lectura muy recomendable. Fue confeccionado con las observaciones que realizó en el entorno cercano de su casa, a las que añadió las realizadas con material que se le enviaba y las observaciones de otros naturalistas. 
Fue un libro que en gran parte se escribió y confeccionó en sus confinamientos por motivos de salud, y eso me ha dado la idea de escribir esto también en un período de confinamiento y cuando las orquídeas comienzan a salir.
Estudió Darwin diversas familias de orquídeas y el modo en que los insectos intervienen en su fecundación. El sorprendente mecanismo de estas plantas puede ser contemplado en directo y es una herramienta muy útil para hablar de ejemplos de coevolución en las excursiones que se realizan por el monte. Una de esas excursiones la realizamos con un grupo de profesores en el entorno del pueblo de Ruesta, en el norte de Zaragoza. La especie de orquídea que se prestó a colaborar en la citada excursión fue una  Himantogloussum hircinum, cuya fotografía encabeza esta entrada.
Os explico un poco el mecanismo de fecundación de estas bellísimas plantas. Es característico de las orquídeas un pétalo modificado a modo de pista de aterrizaje para los insectos llamado labelo que por la parte posterior acaba en un receptáculo alargado donde se acumula el néctar que atrae a los insectos y que se llama nectario. La longitud y forma del nectario es diferente según a que insecto vaya orientada y de que orquídea se trate. Cuando el insecto aterriza en el labelo, se desplaza hacia el cáliz de la flor para poder acceder al néctar contenido el nectario. Es entonces cuando se pone en contacto con un mecanismo automático que al ser empujado o rozado, libera un órgano llamado polinio que se adhiere a la parte del insecto que interese según la especie de orquídea que sea.
El polinio es una formación especial en la que se encuentran los sacos de polen. Consta de una parte pegajosa que se llama disco, con el que se fija al insecto y un filamento llamado caudícula que une el disco con los sacos de polen al otro extremo. El objeto del mecanismo es maravilloso y está pensado para garantizar la fecundación cruzada. Si el insecto visita una flor madura, al acceder al néctar roza una parte llamada rostelo y los polinios se desprenden quedándose adheridos por medio del disco. Cuando visita la flor siguiente de la misma planta la disposición de los sacos de polen quedan de tal modo que no pueden entrar en contacto con el estigma de la flor y por lo tanto no se produce la fecundación. Transcurrido un tiempo, que es variable según la especie de orquídea que sea, se produce la desecación del disco haciendo que la caudícula cambie la inclinación con la que se inserta en él, de modo que los sacos de polen cambian de posición  descendiendo.
 El tiempo transcurrido, distinto para cada especie, es tal que se garantiza que el insecto haya cambiado de planta cuando se produzca el descenso de los sacos de polen y cuando el insecto visita una nueva flor,  entren en contacto con el estigma produciendo la fecundación.  Este proceso es sencillo de observar en la orquídea antes mencionada, ya que el descenso de los sacos de polen se produce en un espacio de tiempo de unos quince segundos o así. En la fotografía de arriba a la izquierda, vemos el polinio que ha quedado pegado en el lápiz mediante el disco, y la caudícula muy corta que lo une a los sacos de polen. Esa posición es la que adopta tras secarse el disco, es decir tras producirse el descenso. Unos segundos antes su posición era a 90º respecto al lápiz. Las personas que estuvieron presentes vieron como se producía el descenso hasta esa posición en directo. A la derecha sobre esta línea una mariposa Zygaena filipendulae hallada muerta ese mismo día y que tiene un polinio adherido sobre la espiritrompa
A Darwin se le planteó un problema con las orquídeas del género Ophrys, es decir esas que tienen formas que imitan a insectos. (A la izquierda una Ophrys speculum, bastante común en los alrededores de Zaragoza). El problema era que estas orquídeas carecen de nectario, y que al carecer de él no comprendía que papel jugaban los insectos en la fecundación, al no existir atrayentes y una recompensa que animase a los insectos a visitar más flores iguales. Tras muchas pruebas y ensayos y tras permanecer tiempo observando a las orquídeas no contempló visitas de insectos a las mismas y llegó a la conclusión poco firme de que estaba adaptada a la autofecundación y que los sacos de polen eran colocados en el estigma por acción del viento. Y la conclusión era poco firme porque el mecanismo de desprendimiento del polinio era similar al de las otras orquídeas y transcurrido un tiempo se producía el descenso de los sacos de tal manera que se colocaban justo en la posición adecuada. Darwin dudaba que la naturaleza derrochase recursos de este modo.

Fue más tarde cuando otros naturalistas se percataron que estas orquídeas también realizan la polinización cruzada, fecundando a otras plantas diferentes pero que era su aspecto, parecido a las hembras de unas especies de abejas en concreto lo que atraía a los machos de esa especie y los polinios quedaban adheridos a su cuerpo al intentar copular con las flores. A la derecha flor de Ophrys speculum junto a una hembra de Dasycolia ciliata a quien imita










A la izquierda, imagen de un sello belga que ilustra la orquídea con el macho de la abeja que la poliniza.









A pesar de no haber llegado a esta deducción, hizo una curiosa predicción. Al llegarle una orquídea procedente de Madagascar, una orquídea conocida como estrella de navidad, (Angraecum sesquipedale), Darwin predijo que su fecundación dependía de una mariposa nocturna gigante con una espiritrompa de entre unos 25 a 28 cm. que todavía no se conocía. Algunos entomólogos ridiculizaron tal afirmación que Darwin hizo en el libro publicado en 1862. En 1903, fue descubierta la mariposa que fecunda a esta orquídea, y fue bautizada como Xantopan morganii praedicta, haciendo mención pues a la predicción de Darwin sobre su existencia. Su espiritrompa mide 26 cm.

jueves, 9 de febrero de 2017

Un viaje al pasado

           
 Una cosa que no puedo evitar, es mirar las paredes de los cortados o de las zanjas. Y es que en estos sitios es donde se muestra lo que fue el suelo muchos años atrás. En estos sitios podemos encontrar fósiles de organismos que vivieron hace miles o millones de años. En el lugar donde vivo, que son las terrazas formadas por el río Gállego, no se encuentran fósiles, ya que éstos son muy raros. Sí que se han encontrado restos de elefante en las gravas del río, cuyo curso actualmente está bastante lejos. Concretamente un fragmento de defensa fue encontrado hace años por José Bellosta Zapata. El fósil fue extraído y depositado en el Museo de Ciencias Naturales de Zaragoza.
            En algunas ocasiones aparecen turberas entre la grava. En estas turberas, que son los restos de pequeñas lagunas lenticulares donde se recogían restos vegetales, también aparecen algunos restos de animales. Es en estas turberas donde hemos obtenido una piña (clasificada como Pinus nigra por Carlos Morla Juaristi). Ismael Gracia Legasa también encontró una piña. Ambas fueron entregadas a Carlos Morla que las conserva entre los fondos de la facultad de la Universidad Complutense. También apareció un hueso de ave sin identificar,  un fragmento de la cadera de una gran tortuga de tierra cuya especie no conocemos y que está depositada en el museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza. Fue extraída de la turbera en compañía de Ismael Gracia.
            Con José Bellosta encontramos una donde había grandes troncos de lo que parecía una sabina en posición de vida y en otra turbera uno de pino. Junto a ellos y en el mismo nivel, restos de caracoles de agua y terrestres cuya datación dio una antigüedad superior a los 38.000 años. Probablemente sólo el hombre Neandertal se aproximaría a estas lagunas a cazar o beber. Nosotros pusimos los pies en ese mismo suelo 40.000 años después quizá, cuando una avenida volvió a ponerlo de nuevo al descubierto.
            Pero en las gravas, en la parte donde se ubica el barrio, no se encuentra nada. Los agujeros o lugares donde poder mirar son pequeños y es muy poco probable encontrar nada. Sólo cantos rodados. Pero ya son algo. Indican que esas piedras fueron moldeadas por las corrientes de agua, en este caso el río Gállego cuando pasó muchos años antes por estos lugares en su serpenteante divagar. Y el caso que me lleva a escribir esta entrada es precisamente este. Hablando con una persona que ha venido a la casa a hacer un pozo, le mostraba en la profunda bodega el material que se encontraría en la excavación. Una zona de gravas cementadas durísimas, compactadas de tal forma que parecen hormigón y que en la zona denominamos  “mallacán” y debajo de éstas, gravas menos compactas y sueltas.
           
Le comentaba a Miguel, que es como se llama el palista que a saber cuántos años haría que el río no pasaba por allí, y lo curioso que resultaba poder saber en ocasiones desde donde había traído el río aquellas piedras. Le señalaba el granito de la fotografía, encontrado a unos cuatro metros de profundidad en el suelo y que provenía del Pirineo, de la zona de Panticosa, único lugar de donde puede venir, y de cómo llegó hasta ahí arrastrado por el agua desde el Pirineo, a 160km. de distancia. También le decía que a partir de la desembocadura del Gállego en el Ebro podemos encontrar en el curso de este último los cantos rodados de granito. Dijo que a pesar de estar siempre haciendo agujeros no le había dado por pensar eso, y es ese comentario el que me ha llevado a escribir esta entrada, pues quizá a alguno de los que me leen también le haga reflexionar sobre la antigüedad del suelo sobre el que caminamos.

            No es necesario encontrar restos de elefantes o rinocerontes o leones. Cuando miramos estas piedras, que aparecen a gran profundidad, podemos ver donde se encontró el suelo hace miles de años. Un suelo por el que quizá no paseó el ser humano y sobre el que vivían elefantes, rinocerontes, hipopótamos, leopardos, monos, leones… cada vez que observamos una excavación es un buen momento para reflexionar sobre la brevedad de nuestro paso por este planeta, y sin embargo del gran daño que nuestras actividades pueden provocar… 

sábado, 21 de junio de 2014

Las plantas también tienen parásitos.

                  
 El jueves subí a Ruesta para llevar y ayudar a Vicente, el antiguo coordinador que deja el cargo por enfermedad. En la tele sólo había una noticia según comprobamos en el bar donde nos tomamos un café a mitad de camino. Los reyes nuevos, los viejos y los futuros. No pude hacer entrada para el blog esta semana, pero la noticia del día y unas fotos que pude hacer en Ruesta a unos orobanches  y a una mata de muérdago me animó a escribir una pequeña entrada sobre el parasitismo. La foto del encabezamiento pertenece a Orobanche hederae, una planta que parasita a la hiedra (Hedera hélix) de la que toma su nombre específico. La planta, como vemos en las fotos, consta tan sólo de un tallo del que salen las flores, pues su raíz busca las raíces de la planta huésped y de ellas obtiene los nutrientes y agua necesaria. No necesita tener hojas ni clorofila, de modo que su inversión sólo consta de las raíces con las que robar el alimento y las flores que le permitan propagarse después. Realmente es como si a la hiedra le saliesen unas flores diferentes a las suyas, tal es el grado de parasitismo. Sus semillas son distribuídas por el viento.

           Tenía fotos de otro parásito en el ordenador. En este caso, se trata del Arceuthobium oxycedri. También se le denomina muérdago enano. Como vemos en su nombre científico, también toma el nombre específico de su huésped, el enebro (Juniperus oxycedrus). En este caso, el nivel de parasitismo no es tan elevado, pues podemos apreciar que su color es verde, con lo que la fotosíntesis la realiza por él mismo. Sólo robará de su huésped la savia bruta que él mismo manufacturará. El modo en el que llega a “subirse” sobre el arbusto no lo sé pero intuyo que será de un modo parecido a como lo hace el muérdago. Parece arte de magia el modo en el que aparece esta planta, de aspecto algo carnoso sobre las secas ramas y afiladas hojas del enebro.
          El muérdago (Viscum album) es un parásito algo más conocido, debido a que afecta a plantas de las que obtenemos beneficios económicos. Es como el arceuthobium un parásito parcial, que hemos dado en llamarlo hemiparásito o semiparásito. En este caso, os he puesto la foto de una mata que había en una acacia junto al antiguo frontón de Ruesta. En la zona de Ruesta podemos encontrar a  dos muérdagos diferentes según parece: el que parasita frondosas como frutales, chopos o en este caso la acacia y el que parasita coníferas como el pino. No he visto robles parasitados, pero hay una variedad que sí lo hace. Era el que cortaba Panorámix, el druida del pueblo de Astérix.

            El muérdago, también es hemimarásito, y por ello necesita tener clorofila para realizar la fotosíntesis. Sus frutos, cuya semilla posee unas propiedades adherentes tras el paso por el intestino de los animales, queda pegada a las ramas de los árboles al ser expulsada, y de este modo es como consigue encaramarse a las ramas para poder vivir allí. El proceso más detallado lo podéis leer en la entrada de este mismo blog denominada “Agujeros en las ramas”.
Sobre los otros parásitos, habrá sobrada información en la tele durante algunos días.

sábado, 20 de octubre de 2012

El científico y la araña.

           
 Un viejo chiste dice lo siguiente…
            Un científico estaba investigando el mundo de las arañas cuando diseñó un experimento. Le quitaba las patas una a una, y llamando a la araña, esta salía de su caja en dirección al científico. Cada vez a la araña le costaba más salir, puesto que tenía menos patas. Cuando el científico quitó la última pata a la araña, esta no acudió a la su llamada, interpretando este resultado del siguiente modo: las arañas, cuando pierden sus patas se vuelven sordas. Con esta historia se pretende ridiculizar el mundo de la ciencia y de cómo los científicos pueden llegar a deducciones absurdas. Pero realmente, no conocemos cual es la trayectoria del científico, y pudiera ser que su comportamiento no fuese tan ridículo como vamos a ver.
            Entre los insectos que conocemos como saltamontes o grillos, cuyo orden  se denomina Orthoptera, se diferencian dos subórdenes, el suborden Ensífera y el suborden Caelífera. En el suborden Ensífera, están comprendidos los grillos y las chicharras o saltamontes de antenas largas y finas, y en el suborden Caelífera los saltamontes de antenas cortas como el Anacridium aegyptium de la derecha.
            Tanto los insectos pertenecientes a un orden como a otro, se relacionan y encuentran pareja generalmente por medio del sonido. Este sonido lo producen o bien frotando unas espinitas especiales presentes en un ala o élitro contra el otro, o bien frotando las espinas de las tibias posteriores contra los élitros. Estas espinas especiales que provocan el chirrido son los órganos de estridulación.
            Lógicamente, si se produce un sonido para atraer a alguien, deben existir también estructuras capaces de recoger las vibraciones que producen estos sonidos para transmitirlas al cerebro y de este modo oírlas. A donde quiero llegar con estas divagaciones, es que si bien los Caelifera poseen estos órganos denominados tímpanos a ambos lados del abdomen, (foto superior) los Ensifera tienen los órganos de recepción del sonido, en las tibias anteriores (foto izquierda). Quizá el científico del chiste, había investigado previamente a los Ensifera, y por esto decidió cortar las patas a la araña.
            Realmente, la entrada sólo pretende contar una curiosidad y proponeos una experiencia naturalística.
            Todavía quedan grillos de la especie Gryllus campestris por nuestras ciudades y pueblos.  Están en época de celo y no son difíciles de ver porque son del tamaño de una cucaracha y negros. Los machos emiten su cri-cri ocultos en alguna grieta, un hueco en el suelo o en las paredes. Las hembras, fácilmente reconocibles por una especie de largo “pincho” que sobresale del abdomen y que es el instrumento con el que coloca los huevos (no pica). Las hembras, cuando escuchan el sonido, intentan localizar al productor del mismo. Para ello, se dirigen hacia el lugar de donde procede el sonido y de cuando en cuando se paran. Giran un poco sobre sí mismas hasta que el sonido llega con igual intensidad a las dos patas delanteras y una vez fijado el rumbo camina otro pequeño trecho para volverse a parar y comprobar que su camino es correcto. Finalmente, la chica encuentra al chico y se introduce en su casa, donde se realizará el acoplamiento.
            Recuerdo relatar este proceso a unos compañeros de trabajo. Estábamos en un pabellón polideportivo, y el macho estaba en una grieta cantando todos los días sin obtener respuesta de nadie. Salí al jardín atrapé una hembra como la de la foto de al lado, y colocada a cierta distancia pudimos comprobar todo el proceso relatado anteriormente. Cada comportamiento de nuestra hembra fue relatado por mí como si de un documental se tratase, y os puedo asegurar que algún compañero encontró la experiencia gratificante. Muchas veces ocurre, que estos procesos, por cotidianos y cercanos no merecen nuestra atención, pero la naturaleza siempre es sorprendente, por cercana y simple que parezca…

miércoles, 1 de agosto de 2012

El kiwi y la becada


Recuerdo un día en el Vedado de Peñaflor (Zaragoza) en que salió una becada (Scolopax rusticola) casi debajo de mis mismos pies. Al ir yo pensando en mis cosas, me dio un pequeño susto. Estaba yo más acostumbrado a que esto mismo fuese protagonizado por alguna liebre (Lepus granatensis), a pesar de que conocía la existencia de becadas por las plumas que había encontrado tiempos atrás. Esta cualidad de aguantar hasta el último momento para levantar el vuelo creo que es lo que les ha valido el nombre de “sordas” en algún lugar.
Es enigmática la vida de este ave que recolecta su alimento bajo la hojarasca del suelo. Con su pico  recolecta los animalillos que viven bajo el mantillo y entre las hojas en putrefacción. Según numerosas publicaciones, recoge su comida gracias a la sensibilidad táctil de su pico. Igual que hace el kiwi (Apteryx spp) en nueva Zelanda y con quien no guarda ningún parentesco. Como nosotros y el ratón.
Sentía mucha curiosidad por ver de cerca un pico como el de la becada. El primer paso fue el de solicitar a algunos cazadores conocidos que me guardaran cabezas de becadas si es que cazaban      alguna. El día que tuve una cabeza de becada en mi mano, quedé sorpendido no por el pico, sino por el lugar donde tiene ubicada la abertura del oído. Se puede observar lo visto en la foto de arriba a la derecha. Era la primera vez que veía una cosa semejante. Cuando retiré la carne del hueso todavía quedé más sorprendido, pues el conducto auditivo pasaba “a caballo” de la mandíbula, por un canal especial, hecho este que convertía su pico en un fonendoscopio. Este aparato introducido en la hojarasca le ha de prestar seguramente puntual información del más leve sonido producido bajo la misma. Si nosotros rozamos ligeramente uno de nuestros dientes, comprobaremos que percibimos el sonido magnificado a través de la mandíbula y su conexión articular con el cráneo, articulación que se encuentra próxima al oído. Imaginad si nuestro conducto auditivo no sólo estuviese cerca de la mandíbula sino que pasase “a través de la misma”.


Comprobé si en el caso del kiwi, el oído tiene una configuración parecida, y en una foto lateral de un cráneo de kiwi, veía el sospechoso paso del oído a través de mandíbula inferior que se aprecia en el cráneo de la becada, si bien es algo más rudimentario.

Empecé a cuestionarme la extrema sensibilidad del pico frente a semejante aparato auditivo. Busqué imágenes de picos de kiwis, ya que no tengo acceso a ninguno. Aparecen aquí a la derecha. Las fotos de los picos del kiwi me motivaron para comprobar paralelismos en los de la becada. Allí estaba. El pico de la becada era extremadamente parecido al del kiwi, y los huecos donde se aloja el sentido del tacto en el pico (corpúsculos de Herbst) tenían idéntica apariencia. Si el pico del kiwi es muy sensible, el de la becada no lo es menos. La foto es algo borrosa pero es que las hago por el ocular de la lupa con mi cámara compacta.
En cuanto a que las aves localicen la comida por medio del olfato, encontré referencias en la que se podía comprobar cómo las narinas (agujeros de la “nariz”) del kiwi llegaban hasta la parte distal del pico, lo que confirma que probablemente utilicen activamente el olfato en su busca de alimento. Parece estar documentado el buen olfato en algunas aves como el buitre americano, (Cathartes aura) y el kiwi a pesar de que este sentido no parece estar muy desarrollado en la mayoría de las aves. Con respecto al olfato de estas aves, he encontrado referencias en: http://rapacesdelmundo.blogspot.com.es/2011/10/el-olfato-en-las-aves-rapaces.html. 

Hay que destacar que Darwin hizo una pequeña prueba para comprobar el olfato del buitre (C. aura) envolviendo carne en un papel y no comprobó que su olfato fuese nada prodigioso. Este experimento fue realizado anteriormente por Audubon y por Mr Buchman con idéntico resultado. Darwin pensaba que quizá los buitres se ven entre sí y cuando unos encuentran la comida y descienden, estos llaman la atención de los otros. (No sé si ya lo había leído o si fue una predicción suya sin saberlo). Da clara referencia de este hecho en su libro "Un naturalista alrededor del mundo", donde narra hechos vividos en su viaje en el Beagle.
El gran tamaño de los lóbulos olfatorios del cerebro de la becada apunta a que también su olfato está bien desarrollado y que podría usarse en la localización del alimento, según aseguran en el enlace: http://ret007ie.eresmas.net/OLFATOBECADA/sentido_del_olfato_en_la_becada1.htm
La diferencia entre ambas aves es enorme. El Kiwi no puede volar, y no posee las adaptaciones en el esqueleto relacionadas con el vuelo. El esqueleto de la becada en cambio, es como el del resto de las aves. El kiwi es nocturno. Sus ojos son pequeños y su visión es pobre Los ojos de la becada son muy grandes, y con ellos domina todo el entrono a su alrededor. Es difícil que un depredador la pueda sorprender incluso cuando está con el pico introducido en el interior del suelo. La foto de la parte distal del pico de la becada con su funda (a la derecha), muestra el sorprendente parecido con el del kiwi (arriba a la derecha, parte superior de la foto).
Parece sin embargo maravilloso, que en dos aves tan diferentes, los aspectos en que ambas coinciden, que es la necesidad de recoger lombrices y animalillos del suelo es lo que ha tallado los sorprendentes paralelismos morfológicos entre ambas. El hecho de esta convergencia evolutiva entre especies que evolucionaron aisladas durante millones de años hace que la naturaleza nunca deje de sorprender.

sábado, 12 de mayo de 2012

El sorprendente oído de los búhos


Ya me ha pasado en varias ocasiones encontrar publicadas algunas afirmaciones que luego no son del todo veraces. En este caso es la conocida por muchos, asimetría de los oídos de los búhos que se puede apreciar en su cráneo. La primera vez que leí sobre esto fue en los cuadernos de campo de Félix Rodríguez de la Fuente. Después en una publicación de varios autores. En ambos casos, la explicación de la asimetría de los oídos de los búhos venía acompañada de una ilustración que os pongo aquí al lado.
Pensé entonces que un cráneo de búho era una pieza de gran valor didáctico puesto que ilustraba a la perfección la 
espectacular adaptación de los búhos para localizar las presas. Cuál no sería mi sorpresa cuando viendo un cráneo de búho comprobé que este era completamente simétrico. Achaqué la simetría a que el cráneo que pude observar no era de la especie que se citaba en el artículo. En concreto se hablaba del búho campestre (Asio flammeus).  Con el tiempo, un amigo me proporcionó un ejemplar disecado de lechuza campestre de cierta antigüedad. Me puse manos a la obra y extraje el cráneo para comprobar la dichosa asimetría y… tampoco existía.
Para los que no sean tan viejos, conviene recordar que en España la captura de aves rapaces y otros carnívoros como el lince, fue remunerada por el estado, concretamente por la Junta de Extinción de Animales Dañinos. La promulgación de las leyes de protección de especies amenazadas convirtió en furtivos a aquellos que un día antes trabajaban como “alimañeros”. No eran pocos los cazadores que lucían búhos reales, águilas de todo tipo y otra serie de animales que de repente se convirtieron en artículos delictivos. Se gastaron un montón de dinero en disecar animales que el estado quería erradicar y de repente corrían el riesgo de ser multados. Incluso un lince se podía ver en un bar de Zaragoza del mismo nombre y que ahora forma parte de la colección del colegio La Salle Montemolín de Zaragoza. Siempre hemos sido un país de vientos cambiantes sin previo aviso.
Un día que circulaba por un camino de Zuera, un pueblo de la provincia de Zaragoza, vi un búho campestre (Asio flammeus) que yacía muerto a un lado del camino. Fue atropellado. No llevaba ningún tiro.  Me bajé del coche, y como estaba “fresco” decidí observarlo con detenimiento. Observé el típico desflecado de las plumas de las alas que les proporciona ese volar silencioso típico, su sedoso plumaje, su típico disco facial… decidí mirar sus oídos, todavía no sé porqué. Quedé tremendamente impresionado y decidí tomar unas notas de campo y realizar unos dibujos que os traigo en esta entrada. Realmente, los oídos de los búhos eran asimétricos, pero dicha asimetría no correspondía a la morfología de su esqueleto, sino a la existencia de un tabique de piel en uno de sus oídos que tiene como consecuencia que los sonidos que vienen de abajo y de delante se canalicen mejor que en el otro oído, ya que carece de este tabique.

Igualmente, comprobé que las plumas que dibujan el disco facial de los búhos son de varios tipos. Unas, son rígidas, como pequeñas espátulas. Éstas son las que dibujan el contorno del disco facial. Forman una pantalla alrededor de la cabeza y los oídos que tienen la misión de funcionar como pabellones auriculares.
 Si nosotros queremos hacernos una idea de cómo funcionan, sólo tenemos que poner nuestras manos por detrás de los oídos con la palma hacia delante y curvándolas para “hacer más grandes nuestras orejas”… sorprendente. También hay un segundo tipo de plumas, que conforman el interior del disco facial que son rígidas y sin barbas, de modo que dejan que el sonido pase a través de ellas con facilidad y así es recogido por las plumas rígidas del disco facial. Un tercer tipo, son las plumas que sobre el pico, dividen el disco facial en dos mitades, que hacen la función de “barrera divisoria entre orejas”.


Con el objeto de complementar los dibujos que tomé aquel día, os pongo dos vistas de un recortable de lechuza común  (Tyto alba) a tamaño real que adquirí por internet y que es bastante fiel. A la izquierda una imagen del recortable visto de frente donde podemos advertir el típico disco facial de la lechuza común. 






A la derecha podemos ver una vista de perfil de la lechuza común. Su cabeza aparece con aspecto redondeado, pero como vemos abajo, este aspecto es debido a lo espeso del plumaje ya que su cráneo es alargado como en el resto de las aves.







En esta imagen donde se ve un cráneo de lechuza podemos ver la gran diferencia que hay con el aspecto del animal cuando lleva puesta la “camiseta”. 

jueves, 3 de mayo de 2012

¡Silencio, se vuela!


Una de las cosas que habréis leído seguro es que los búhos tienen un vuelo silencioso. En principio, esto es debido a una formación especial que todos los búhos poseen en el margen exterior de las plumas primarias (rémiges) y que reducen el ruido que hace el roce de la pluma en el aire. Además hay que añadir que el plumaje de un búho es extremadamente suave. El tacto de cualquier pluma de un ave nocturna es suave como el plumón, que es una pluma especial muy suave que está bajo las plumas normales de todas las aves y que les presta el abrigo y aislamiento necesario. Es el plumaje típico aterciopelado de los pollitos.
Pero, ¿cuál es el motivo de que el vuelo de los búhos sea tan silencioso?.  En muchas ocasiones, he oído y leído que el objeto de este plumaje es que el ataque sea silencioso y que las presas no adviertan el ataque del búho. Parece lógico, pero surge una pregunta. Si tan ventajoso es un vuelo silencioso y tan conservadora es la naturaleza, ¿por qué las aves rapaces diurnas no poseen esta adaptación?.
Sin negar la evidente ventaja de ser silencioso para cazar, yo pienso. Los búhos cazan en la oscuridad de la noche. La localización de la presa se hace tanto con su poderosa vista como con su extraordinario oído. Realmente la adaptación más maravillosa del búho es su oído, capaz de situar a sus presas en el espacio tan sólo por el ruido que estas producen. Si el vuelo del búho no fuese extremadamente silencioso, cuando la presa se moviese justo antes del ataque del búho, este no podría localizarla mediante su oído ya que el ruido provocado por la presa al huir no podría ser escuchado por el búho debido al propio ruido del aleteo y no podría reubicar la nueva posición.
Una vez, Javier Pradas me contaba que el búho real, (ave por la que siente una admiración un poco especial), puede volar golpeando arbustos con su aleteo para hacer huir a conejos agazapados. Cuando un búho no produce ningún ruido, todo el ruido que se produce es el que provoca la presa, y este ruido sólo significa información para el búho. Información que ayuda a localizar a la presa y orientar el ataque.

lunes, 12 de marzo de 2012

¿Donde está Wally?

La naturaleza no siempre tiene las mismas estrategias para preservar las especies. La supervivencia de los mejor adaptados puede llegar a tallar sorprendentes formas vivientes. El aspecto llamativo de las avispas y la salamandra o el cascabel de la serpiente de cascabel son ejemplos de casos en los que la supervivencia está basada en advertir de un peligro inminente y preservar la vida del individuo llamativo. En algunas ocasiones en cambio, es un ejercicio de proeza poder ver algunos de los animales que nos rodean. La selección natural favorece a aquellos animales que no son vistos por

los depredadores que eliminan en mayor número a aquellos más llamativos o que peor se confunden
con el medio. Otros en cambio, se camuflan perfectamente para que sus presas no adviertan su presencia. Las miles de generaciones cuyos descendientes son favorecidos al poseer una adaptación beneficiosa aunque sea leve, conduce a que cada vez las especies sean más perfectas en sus camuflajes. En algunos casos, el cambio de colorido favorece que los animales sean confundidos con su entorno, y en otras, es la forma y el comportamiento quien favorece el enmascaramiento.
El pelaje de las liebres y las manchas del cervatillo evitan que estos sean encontrados cuando se
aplastan en el suelo y evitan que los depredadores los encuentren. Pero esta misma estrategia es usada por los depredadores que se pueden colocar a escasos metros de sus presas para saltar en el último momento y aumentar así las posiblidades de éxito. Como ejemplo podemos ver la foto del lince (Lynx lynx) dormitando entre la maleza del parque faunístico Lacuniacha. Del mismo modo, los nidos que descansan en el suelo, serían fácilmente encontrados si los huevos fuesen blancos y por eso, la selección natural ha preservado a aquellas aves cuyos huevos aparecían algo manchados hasta llegar a adquirir los tonos que los confunden con piedras. En la foto podemos ver un nido de chotacabras gris (Caprimulgus europaeus).
Los insectos también juegan al juego del camuflaje y realmente llegan a ser maestros en este arte. En la foto de arriba podemos comprobar lo difícil que es encontrar a esta polilla de la famila  Noctuidae posada en una piedra cubierta de líquenes. La araña que podemos observar a la derecha, Philodromus margaritatus posee un tono que le permite pasar desapercibida en el tronco de los pinos, y su comportamiento, cuyo cuerpo se pega literalmente al tronco aumenta el efecto. Posiblemente, en este caso no sólo la araña es más difícilmente encontrada por posibles depredadores, sino que igualmente las presas no advierten hasta muy tarde la presencia de la araña acechando.
Incluso debajo del agua se da el camuflaje con gran éxito. La centolla peluda, (Maia verrucosa) se cubre con algas para de este modo pasar desapercibida en las rocas de la costa. En la foto este centollo ya se había despojado de algunas pero si las paredes a las que está pegado tuviesen el recubrimiento de algas típico sería realmente difícil advertir su presencia.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Otra de convergencia evolutiva



Ya hice una entrada en su día sobre la convergencia evolutiva que manifiestan algunas estructuras pertenecientes a animales de órdenes muy separados entre sí. En este caso, toca hablar de una adaptación convergente de crustáceos y de insectos. Se trata de las “pinzas” de las que se han dotado las mantis entre los insectos y las galeras entre los crustáceos. El problema al que ambas familias de animales han dado solución es el de la captura de presas que pueden zafarse con facilidad. Por ser escurridizas como los peces en el caso de las galeras o por ser escurridizas al poseer una piel dura en el caso de las presas de las mantis. La disposición de la máquina prensora se ha obtenido en ambos casos por el sobrecrecimiento de estructuras que sus parientes más cercanos poseen y estas son las espinas del par de patas anteriores en ambos casos.


En las fotos puede advertirse la sorprendente similitud de ambos aparatos, y que en el caso de esta galera le ha valido con el nombre específico de Squilla mantis. De hecho, a mí me gusta llamarlo cangrejo mantis cuando hablo de él, pese a que hago saber que su apelativo común es galera. Al estar dispuestas las patas de diferente forma en estos animales, podemos apreciar como unas pinzas se cierran en la parte anterior de la pata (galera) y otras en la parte posterior (mantis). En ambas la parte superior del cefalotórax de la galera y el tórax de la mantis tiene una estructura saliente bajo la que se alojan las patas cuando están en descanso, ya que este primer par de patas especialmente adaptado permanece recogido durante el acecho en ambos animales.


martes, 31 de enero de 2012

Amarillo y negro, ¡Peligro!

Es curiososo que el color amarillo y negro en un mismo objeto llame la atención de una forma tan especial a tantos animales diferentes. Las avispas, insectos con una trayectoria de millones de años en La Tierra, advierten lo dolorosa que es su picadura antes de que esta se produzca con un colorido llamativo. Cualquiera que las vea evitará molestar a este insecto. Esto evita la picadura al intruso pero principalmente salva la vida al insecto que tan apenas es molestado. Los que se alimentan de ellos son especialistas, como el tejón (Meles meles), el abejaruco (Merops apiaster) o el halcón abejero (Pernis apivorus).
La salamandra (Salamandra salamandra), un anfibio, también ha optado por un diseño amarillo y negro que avise de lo desagradable que resulta intentar devorarla, ya que posee unas glándulas especiales que hacen que su piel se torne tóxica.
La araña tigre (Argiope bruennichii) también se viste de amarillo y negro a bandas. En este caso no podría asegurar si se trata de una advertencia por ser tóxica o si simplemente, la adquisición de éste colorido hace que las aves sean prudentes y eviten consumirla. La estrategia de estos animales es dejarse ver y hacerse notorios para evitar ser agredidos, estrategia diferente a la que siguen otros animales.
En el caso de la araña Argíope, puede llegar a balancearse en el centro de la tela donde caza de modo que aumente el efecto de su colorido de advertencia. Hacerse notorio aumenta la posibilidad de sobrevivir. Incluso las orugas pueden adoptar este diseño, como hace la oruga de mariposa macaón (Papilio machaon) que advierte de la posesión de un aparato (osmeterio) que produce un olor persistente y desagradable que se puede percibir si se captura, y puede que mal sabor (esto no lo he comprobado y de momento sigo sin estar dispuesto a ello...).
El caso curioso, es que es tan generalizada entre el mundo animal la asociación del amarillo y el negro como señal de advertencia o peligro, que cuando nosotros, los humanos convenimos en usar una señal internacional que nos advirtiese del peligro, decidimos que los colores a utilizar serían el amarillo y el negro. Al fin y al cabo, ¡tan sólo somos animales!.

lunes, 23 de enero de 2012

Leyendas de nuestra fauna

En este caso, voy a relatar una creencia común a muchos lugares de nuestra geografía. Es la de la existencia de víboras con patas pequeñas, no funcionales. Se asegura que habita en lugares como el Pirineo o el Moncayo, y que pica a las ovejas que mueren sin remisión. Está claro que la creencia es generalizada.
En primer lugar, he de comentar que las víboras no poseen patas, ni grandes ni pequeñas.
Se conoce la existencia de “víboras de verdad” en estos dos lugares. Víbora hocicuda (Vipera latastei) en el Moncayo y Pirineo y áspid (Vipera aspis) sólo en el Pirineo. Las víboras y las demás serpientes, proceden de la evolución de reptiles que poseían patas, y gradualmente estos apéndices se sacrificaron para adquirir costumbres subterráneas o parcialmente subterráneas. En la actualidad, la posesión de patas dificultaría el desplazamiento bajo piedras, hojarasca o en los herbazales, lugares donde habitan las serpientes, por lo que la característica de no poseer patas es muy ventajosa para ellas. Las serpientes no poseen tampoco oído externo, por lo que no podremos advertir ninguna abertura al exterior como sí podemos observar en otros reptiles.
La procedencia de las serpientes de la evolución de un reptil con patas puede comprobarse por la existencia de algunos vestigios de patas en algunas familias de serpientes como las Boidae, en las que se aprecian un par de espinas que son los rudimentos de las patas traseras
Dicho esto, sólo me queda decir que si las víboras no poseen patas, ¿de qué animal estamos hablando?
Lo que en estos lugares denominan víboras no son otra cosa que lagartijas. Concretamente las que conocemos con el nombre de eslizones. En estos lugares el eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) es conocido con el nombre de víbora. Una atenta observación nos muestra el agujero del conducto auditivo, claro indicativo de que no se trata de una serpiente. Ni que decir tiene, que como lagartijas que son no poseen ningún tipo de veneno, por lo que es imposible que “piquen” a nadie, ni animales ni personas.

Todavía podemos ir más lejos porque en estos lugares existe otra especie de lagartija que no posee ninguna pata. En estos casos también hay alguien que las denomina víboras y otros la llaman “culebrilla de cristal” Estoy hablando del lución (Anguis fragilis). Se le denomina culebrilla de cristal debido a que es capaz de amputarse la cola como el resto de lagartijas cuando se ve en peligro. Al no poseer extremidades, la sensación que se tiene es la de haber visto una culebra que se parte en dos. extremidades, la sensación que se tiene es la de haber visto una culebra que se parte en dos.