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miércoles, 9 de noviembre de 2022

El grillo en la piscina

 


Me ha llegado a la memoria un recuerdo de hace años, mas de quince, cuando me encontraba trabajando en mi primera piscina municipal. Ya había terminado la temporada de verano y sería el mes de septiembre u octubre, si pienso en la época y el estado de desarrollo en el que se encontraban los grillos. Estábamos en el pabellón, por la mañana, a media mañana.
Era en el Centro Deportivo Municipal de Torrero. Hacía algo de calor porque recuerdo el sol a través de los cristales de pavés de la pared. En el zócalo de cerámica que había en la pared, que conocemos como rodapié, había un pequeño agujero y un macho de grillo (Grillus campestris), se había alojado en su interior. Llevaba varios días emitiendo su canto con el fin de atraer una hembra que nunca llegaba al interior de la edificación.
Uno de mis compañeros en ese día, no recuerdo quien más había, sólo lo recuerdo a él, era Carlos Fernández. Me decía que el grillo lo tenía harto, y le dije que para rato tenía, ya que estaba llamando a una hembra que nunca vendría. Comoquiera que estaba algo escéptico con lo que dije, y temía por la salud del grillo, me salí al jardín y recogí una hembra adulta. La puse a unos seis metros o así de donde se encontraba el macho cantor. En ese momento, el macho comenzó una tanda de cri-cri. La hembra comenzó a girar sobre sí misma. Yo le contaba a Carlos, que los grillos y chicharras tienen el tímpano, que es el aparato que recoge el sonido, en las patas delanteras. En las tibias. Le decía que los otros saltamontes lo tienen en el abdomen, algo tapado por las alas. Con ese giro que daba, la hembra detectaba el lugar del que procedía el sonido y una vez dicho sonido tenía la misma intensidad en ambas patas, comenzó a caminar en línea recta hasta que la tanda de cri-cri, cesó. De nuevo giró lentamente sobre sí misma hasta que el grillo comenzó de nuevo a "cantar". Localizada otra vez la fuente, comenzó a caminar de nuevo en línea recta hacia el lugar de procedencia. Tras los giros sobre sí misma, una vez localizado el lugar de donde procedía el sonido, la hembra comenzaba su marcha decidida una y otra vez hasta que el macho terminaba su tanda y volvía a reinar el silencio.
Unas tres o cuatro veces repetiría el proceso aquella hembra hasta que llegó al agujero, se introdujo en 
él y reinó el silencio para siempre. No llegaría a los diez minutos y quizá tampoco a los cinco todo el proceso. No recuerdo el motivo por el que entré al control, porque cuando estaba Carlos siempre se quedaba sólo él debido a su situación de salud, quedando los demás en el taller o por el jardín haciendo las labores propias del invierno. Imagino que sería la hora del café de media mañana y que estaríamos alguien más, pues Carlos no iba en mi turno y no solíamos coincidir salvo por las mañanas. El caso es que recuerdo que después de aquello estuvo una temporada llamándome Grissom, debido al personaje que era entomólogo forense en una serie de investigación criminalística norteamericana ubicada en Las Vegas.
Ha venido a mi cabeza ese recuerdo, ahora que las ninfas de Grillus campestris están ya grandes y las veo ir y venir por el jardín cuando muevo algo de vegetación muerta o alguna tabla bajo la que se refugian durante el día. Quería compartir con vosotros este relato de la búsqueda del grillo macho por parte de la hembra que tanto parece ser que le impactó a Carlos, y de este modo compartir la experiencia, aunque las imágenes esta vez sólo están en mi recuerdo y espero que también en vuestra imaginación. Y es que cuando relatas a alguien lo que hace un bicho y porqué, se siente como teleespectador privilegiado de un documental de naturaleza en primera línea. Me viene a la memoria otro episodio parecido, esta vez con una araña. Pero ese relato lo dejo para otro día. 

Al lado, vemos una fotografía de una chicharra. En el orden de los ortópteros, diferenciamos dos subórdenes. Por un lado, el suborden caelifera, en el que se encuentran los saltamontes comunes, con antenas cortas y gruesas, presentando además el tímpano en el abdomen. 
El otro suborden, ensífera, presenta antenas delgadas, a menudo largas y presentan los tímpanos en las tibias, como el grillo de la historia. Esta chicharra de la foto, pertenece a una especie sudamericana. El ejemplar estaba aplastado en una carretera de Neuquén, creo recordar, en Argentina hace ya varias decenas de años. Tal era el estado que presentaba el bicho que fue recogido del suelo y colocado en un portafolios entre papeles, como un marcapáginas. Fue un buen regalo. Al ser el cuerpo de los insectos una especie de "caparazón", las diferentes piezas del mismo fueron separadas, limpiadas y posteriormente, montado el ejemplar del mismo modo que se montan las armaduras medievales en los castillos. Siempre me han parecido caballeros medievales los insectos y los artrópodos en general. Al final, más o menos digno, preservé el ejemplar disecado que he aprovechado para fotografiar hoy y mostraros la posición de sus tímpanos en las tibias delanteras...  



miércoles, 1 de mayo de 2019

Operación patitos.


El pasado sábado 27 de abril, al salir a la calle, en la acequia que hay justo delante de nuestra casa, había una pata ( Anas platyrrhynchos) con seis patitos recién salidos del huevo a los que Jorge Serrano les hizo la foto que encabeza esta entrada. Esto suponía un problema, ya que los patitos no podían salir de la acequia, y estaban a punto de quitar un entibo (pequeña presa realizada con tablas en la acequia con el fin de desviar el agua hacia un campo para regarlo). Esto supone un aumento considerable del caudal. Los patitos serían arrastrados aguas abajo donde existe un sifón muy profundo que pasa por debajo de la autopista y posiblemente la pata habría perdido a su prole. Había que actuar pronto, capturando a la pata con sus patitos para llevarla a otro lugar, pero la posibilidad de que la pata huyera y dejara a los patos era un riesgo. Decidimos que en vez de capturar a la pata, lo mejor sería que se capturase sola. De este modo, abrimos una tajadera (compuerta deslizante que permite la entrada de agua a un campo) y tras ella pusimos un transportin de mascotas. Paseando tras la pata y sus patitos, que se desplazaban a lo largo de la acequia, al llegar a la altura de la tajadera abierta, al ver una escapatoria los patitos se introdujeron dentro y la pata inmediatamente después.
 Cerramos el transportin, pero en último momento un patito se salió escondiéndose entre la vegetación del campo, que era una maraña de zarzas (Rubus ulmifolius), cañas (Arundo donax), carrizos (Phragmites australis) y una gran cantidad de herbáceas.
Fuimos para casa, cerramos el transportin con cuerdas y después lo pusimos en las proximidades del lugar donde se había perdido el patito, de modo que él fuese sólo hasta el mismo, dentro del cual estaba la madre y sus hermanos. Al principio, los patitos piaban, que era la intención, para que el fugitivo acudiese a la llamada de sus hermanos, pero una advertencia de la pata fue suficiente para que estuviesen el resto del tiempo en silencio. 




Quedó Belén de guardia para capturar al patito si aparecía antes de que fuese visto por alguna urraca (Pica pica) que pudiera capturarlo. Mientras, los demás nos fuimos a comer. El patito salía a un pequeño charco de menos de un metro cuadrado, se bañaba y nadaba, pero cuando iba a ser capturado se escondía rápidamente y era imposible de localizar. Cuando comimos, Quique y Lucía hicieron el relevo y Belén vino a casa. Yo me acerqué con una red, pero Quique vio al patito en un hueco y lo capturamos a mano. 







Una vez toda la familia en el interior del transportín los bajamos al río Gállego donde puestos en libertad, esperamos que lleguen todos a la edad adulta. Mi sobrina Marta hizo un vídeo del momento de la suelta...

martes, 22 de enero de 2019

el banquete del gato doméstico

El pasado lunes, recorriendo la pradera de césped de la piscina municipal donde trabajo me topé con los restos del banquete de un gato doméstico (Felis catus). La ausencia de viento y lluvia esa mañana hacía que los restos se encontrasen frescos y sin alterar, así que podemos centrarnos en los detalles. En la fotografía superior, apreciamos un grupo de plumas. En primer lugar, nos permiten identificar la especie de la víctima, que en este caso se trata de una tórtola turca, (Streptopelia decaocto). Las plumas están muy agrupadas debido a que no hacía viento durante el desplume. No obstante vemos como aparecen algunas plumas agrupadas. Tanto algunas de las que cubren el cuerpo, como es el grupo que se encuentra más arriba en la foto, como las de las alas y cola.

En primer lugar nos fijamos en el grupo de plumas que aparece marcado con el número uno en la fotografía que encabeza la entrada.



Una mirada a las puntas de los raquis de las plumas de la cola, nos muestran como estos aparecen cortados. Esto se debe a que los gatos y otros carnívoros, no arrancan las plumas, sino que los cortan pos su base. Luego si en otra ocasión encontramos plumas tratadas de este modo, podemos asegurar que han sido arrancadas por un mamífero y no por un ave. Es decir, los cañones cortados tan sólo informan de que un ave ha sido muerta por un carnívoro sin especificar.


En segundo lugar, nos fijamos en el grupo de plumas que aparece marcado con el número 2. Se trata de las plumas de las alas.

Vemos que aparecen los raquis también cortados, pero no siempre puede ser así. Lo que invariablemente es siempre igual en este caso es que las plumas más largas, las primarias aparecen todas juntas y con ellas las cobertoras como estaban cuando el ave estaba en vida, y es que la punta del ala está cortada, conservando los huesos y la carne en algunas ocasiones. Cuando encontramos extremos de alas tratados de este modo, aunque no encontremos nada más porque el viento ha podido llevarse el resto de las plumas, podemos asegurar que nos encontramos ante los restos del festín de un gato doméstico.

domingo, 15 de julio de 2018

Unos días en la Dordogne

Estanque en el bosque de Le Petit Durbecq
Bueno... las vacaciones de este año se reducen a cuatro días. No da para más. Las obras en la casa nos retienen más tiempo del que me gustaría, y para que avancen ha de ser a costa de sacrificios. Hemos visitado la zona de Bergerac, la ciudad de Cyrano de Bergerac, una ciudad medieval situada a las orillas de la Dordogne...
Issigeac

Han sido unos días más de relax que de otra cosa, si bien dimos alguna vuelta por la zona.  Estuvimos alojados en Le Petit Durbec, en un estudio anexo a una granja. En la propiedad, había un tremendo bosque de robles (Quercur robur) de gran tamaño e incluso un estanque grande en el que los dueños permitían pescar. De las cosas que fuimos a ver queremos destacar el publo de Issigeac, un pueblo medieval al completo, con prácticamente todas las casas de origen medieval, con las típicas fachadas de ladrillo y madera en la planta superior y piedra en la inferior, si bien había alguna de familias pudientes que eran de piedra al completo.




Al llegar al lugar, aparcamos el coche y dimos una vuelta por los alrededores. Con el equipaje sin desembalar y sin la cámara de fotos que me ha regalado Ramón Longás, sólo pude hacer foto con el móvil cuando me encontré con esta curiosa seta de origen australiano, que si bien había visto en las guías nunca había tenido la ocasión de verla "en vivo". Bueno, realmente la encontró Belén, que enseguida se percató de lo que destacaba sobre el suelo debido a su colorido, que yo no percibo de igual manera. Se trata de Dedos de diablo (Clathrus archeri), una seta como digo de origen australiano cuya presencia en Europa se achaca a la presencia de las tropas y caballos australianos durante la primera guerra mundial, si bien en esta zona, próxima a Burdeos se cree que pudiera proceder de las lanas que se importaban de Australia. En ambos casos se entiende que se introdujeron sus esporas, evidentemente


Una de las cosas que mas nos llamaron la atención de la granja fue el pozo, situado en el centro de un patio alrededor del cual se situaban todas las edificaciones, como en las villas romanas o en las Torres Aragonesas. Queremos hacer algo parecido a esto en nuestro pozo de la casa nueva... a ver que tal nos queda... de momento ya hemos adquirido una bomba de agua parecida...
Pozo en Le Petit Durbecq.

viernes, 28 de octubre de 2016

Fin del viaje...

Atropellado. Este ejemplar de Aguilucho Cenizo fue encontrado por un compañero que se llama José Enrique Lobera en una carretera de Las Cinco Villas, una comarca de Aragón. El plumaje que luce es el de un individuo joven, que es claramente distinto del de los ejemplares machos adultos, predominantemente grises o el de las hembras, que es moteado en el pecho. Es una zona en la que se pueden observar con cierta facilidad las tres especies de aguilucho, El aguilucho lagunero, (Circus aeruginosius), el Cenizo, (Circus pygargus) y el pálido (Circus cyaneus). De hecho ya  sé de ejemplares de aguilucho lagunero atropellados en esas mismas carreteras, e incluso de nutrias (Lutra lutra).
Así acaban muchas de nuestras aves y demás animales silvestres. Las carreteras son un sumidero de vida impresionante. Cualquier animal que vive actualmente en un país Europeo, a no ser que viva en zonas remotas de montaña, corre riesgo de morir atropellado. He visto atropellados todo tipo de animales, desde el pequeño reyezuelo sencillo, (Regulus regulus) hasta el buitre común o leonado (Gyps fulvus), todo tipo de reptiles, anfibios y mamíferos desde el tamaño de un ratón (Mus spretus) al ciervo común (Cervus elaphus).

La época de la migración, cuando millones de aves cruzan la Península Ibérica hacia el sur es una época de gran mortandad. No obstante, pese a la gran cantidad de aves muertas por atropello, el mayor impacto que el hombre causa en las aves es el provocado por los gatos domésticos según han publicado en un estudio de Canadá cuyo resumen enlazo en la página de la Sociedad Española de Ornitología. http://www.seo.org/2013/11/13/los-gatos-primera-causa-de-mortandad-de-aves-en-canada-segun-un-estudio/.

El caso, es que el agilucho atropellado, portaba una anilla. Es una anilla del Museo de Ciencias Naturales de Paris. El número EA7 14896. Me he puesto en contacto con el museo https://www.mnhn.fr/ mediante la sección de contactos de su página, donde ya hay una opción para la comunicación de estos hallazgos. A finales de año, cuando se remiten todos los datos de anillamiento, podremos saber alguna cosa más como el sexo (aunque creo que es un macho) y el lugar donde se anilló...

domingo, 17 de abril de 2016

Ave vs. cristal

El otro día, al entrar a trabajar había una tórtola turca (Streptopelia decaocto) muerta en la puerta de la entrada. Aparentemente no le había ocurrido nada, parecía haberse muerto sóla. Un poco después, mirando el cristal en la posición adecuada se descubrió lo que había ocurrido. En el cristal se veía claramente el impacto que había sufrido la tórtola, que chocó con él al creer que tenía el campo libre. El polvillo que recubre las plumas de todas las aves quedó adherido al cristal, de modo que se aprecia el cuerpo y las alas perfectamente. En una visión más detallada se llegan a apreciar incluso las barbas de las plumas como en la foto del final.
Recuerdo haber recogido una vez un reyezuelo sencillo  (Regulus regulus) tras haberse impactado contra el cristal de una puerta, donde me dijeron que tiempo atrás había muerto "un gavilán" del mismo modo.
Trabajo haciendo labores de mantenimiento en las instalaciones deportivas del Ayuntamiento de Zaragoza. hace unos años se instalaron pistas de pádel de cristal. De repente, aparecieron barreras invisibles en la trayectoria normal que hacían las aves. Las primeras semanas recogimos diferentes aves muertas. 3 Gorriones comunes (Passer domesticus), 3 zorzales charlos (Turdus viscivorus), 1 verderón común ( Carduelis chloris), 2 verdecillos (Serinus serinus)  2 tórtolas turcas (Streptopelia decaocto) y una paloma doméstica (Columba livia). No es raro que las aves impacten contra los cristales, y en alguna ocasiones he visto como en casa insectívoros como el colirrojo tizón (Phoenicurus ochrurus) han estado buen rato intentando capturar una mosca queestaba por la parte interior de la ventana. No están las aves acostumbradas a la existencia de muros invisibles.
En época de reproducción, cuando las aves se persiguen y están pendientes de sus juegos amorosos para conseguir pareja o conservar territorio impactan en mayor cantidad. Esto se evita colocando siluetas de aves pegadas en los cristales. Su visión por parte de las aves evita los impactos. De hecho, se colocaron en los cristales de las pistas de pádel tras hacer saber lo que estaba ocurriendo y ya no recogimos más aves muertas.

viernes, 25 de diciembre de 2015

El "Día del Apaleamiento", o comienzo de la temporada de poda.

Recuerdo un capítulo de Los Simpsons titulado como esta entrada. Se trataba de una antigua tradición en Springfield que se basaba en apalear a cualquier serpiente que se encontrase. Todo el pueblo participaba en dicho festival.




En muchos jardines de España, se acerca una época terrible. La tradición del invierno es proceder a la “poda”. En muchos casos, la llamada poda se trata de cometer actos de salvajismo sobre los árboles despojándolos de todas sus ramas, dejándolos desmochados como estos que vemos a la izquierda.







Existe otra variedad no menos agresiva que es el terciado del árbol dejándolo desprovisto de la práctica totalidad de las ramas pero respetando alguna más que en el desmoche.  A la derecha vemos el antes y el después de un pobre olivo. Es imposible intuir el porqué de semejante atentado.Estos actos son cometidos por aquellos que “se atreven” a podar, o por aquellos que sostienen que un árbol sin podar muere. Incluso hay empresas de jardinería donde se ordenan las podas por los encargados sin haber recibido ni la más mínima formación y son obedecidos  por sus empleados por respeto jerárquico. En algunos  parques, incluso son algunos ciudadanos quienes destruyen los árboles si no ven que los árboles se han podado o si el criterio seguido en la poda no les parece adecuado.


Los árboles así maltratados, presentan tremendas heridas que exponen la madera interior del árbol al exterior. Además, en muchas ocasiones se cortan las ramas a cierta distancia del tronco haciendo que la herida se cicatrice defectuosamente. Esta zona, no llega a cerrarse, y el corazón interior del árbol será colonizado por hongos, insectos, humedad y agua que se cuela en las lluvias. Cuando una rama se parte o se corta y esta no es muy grande, genera una herida pequeña que el árbol cerrará de forma natural en el transcurso de pocos años.Cuanto más grande y peor hecha sea la herida, más años tarda en cicatrizar. A la izquierda vemos como se forma un callo alrededor de la rama que poco a poco cerrará la herida.



Al proceder de forma salvaje en la poda, el árbol se ve sometido a un estrés considerable. Al comienzo de la primavera, se encuentra con que dispone de una gran cantidad de raíces que le permiten captar agua y sales minerales, pero no dispone de yemas de las que broten las hojas que le permitirán sintetizar su alimento. Para intentar solventar cuanto antes este grave problema ha de poner en marcha su mecanismo de emergencia. Todas las yemas durmientes en las axilas de las ramas amputadas o bajo la corteza del tronco, han de brotar con gran fuerza generando no sólo las hojas, sino las propias ramas que han de sustentarlas debido a que estas han sido cortadas. Este esfuerzo tremendo tiene graves costos para el árbol, que invierte todo su esfuerzo en reparar los daños ocasionados y por ello queda sin floración ni fructificación. Al final del otoño, la masa de hojas ya ha sido recuperada, y la superficie de hojas capaz de producir alimento ya ha sido repuesta. El árbol ha perdido un año de su vida y ha sufrido múltiples heridas. Si la agresión cesase, al año siguiente, el árbol podría alimentarse bien desde el mismo comienzo de la primavera, pues muchas yemas dejarán brotar hojas nuevas y podrá incluso permitirse la floración y fructificación. Generalmente no es así, y en el invierno siguiente vuelve a sufrir el apaleamiento particular al que se somete a muchos árboles. Ésta situación anómala en la vida de un árbol, desemboca en la decrepitud prematura y en el lamentable aspecto que presentan algunos árboles. La lucha por la existencia hace que el árbol viva quizá cincuenta años como mucho, una mera sombra de su longevidad, pero aún así un milagro considerando el tamaño de las agresiones.



No sólo es malo para el árbol. Las nuevas ramas de “emergencia” son largas y gruesas y se sujetan al árbol únicamente por la corteza, que es el sitio por el que se alimentan y desde el que crecen a partir de una yema (ramas epicórmicas).  El viento pone en riesgo a aquellas personas que se ponen bajo el árbol, pues estas ramas se desprenden con mayor facilidad. Si consideramos también la pudrición  producida a partir de las heridas de las ramas mayores o principales, nos encontramos que la irresponsabilidad de aquellos que se ponen a cortar ramas a lo loco pone en riesgo a los demás ciudadanos.






A la izquierda, se ve la diferencia entre dos árboles de la misma especie (Platanus x hispanica) cuyo mantenimiento anual ha sido diferente.
El ejemplar de la derecha sufre cada año un desmochado, de modo que las ramas principales son desprovistas de todos los brotes del año. Podemos advertir que la cantidad de hojas es muy pequeña para el tamaño del árbol, que sin duda también tendrá un sistema radicular pobre, ya que la parte aérea y la subterránea han de estar en equilibrio, pues las hojas han de poder procesar las sustancias minerales absorbidas por las raíces. No tiene sentido un gran sistema radicular si las substancias absorbidas no se pueden procesar.
El ejemplar de la izquierda de la foto en cambio, a pesar de que habrá sido podado en su juventud para dejar la parte baja del tallo libre de ramas, podemos ver como tiene porte típico de árbol, con su guía principal, un tronco bien definido y una gran superficie foliar, lo que sin duda significa que también tendrá un buen sistema radicular.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Huyendo del cazador

            
Estos días, debido seguramente a la masiva afluencia de cazadores a los montes con armas de fuego y perros, un gran jabalí se ha mudado a los alrededores de mi casa. Los primeros indicios los vi el lunes a medio día, cuando volvía caminando a casa. En primer lugar, vi las huellas correspondientes a un salto desde el camino. Dos huellas solamente, aunque en ellas se encuentra la impresión de las cuatro patas.
           
La secuencia de la impresión de esas huellas es la siguiente: el jabalí, desde el camino salta para salvar el desnivel. Primero cae en el suelo con la pata delantera izquierda, y un poco más adelante, debido al movimiento que lo proyecta hacia adelante, aparece la pisada de la pata delantera derecha. En ese mismo momento la pata delantera izquierda despega del suelo para un instante después, colocar en el mismo lugar la pata trasera izquierda, y posteriormente ocurre lo mismo con las patas delantera derecha y trasera derecha.
            Esta secuencia de colocación de patas traseras en el mismo lugar en el que se encontraban antes las delanteras es una forma natural de movimiento. La mirada atenta a la huella, que presenta incluso la impresión de las pezuñas secundaria claramente nos muestra cómo podemos encontrar una clara impresión de cuatro pezuñas secundarias muy próximas unas de otras, unas de la pata delantera y otras de la pata trasera. Se advierte que claramente la mayor anchura de la huella en la parte trasera, un indicio inequívoco de las huellas de jabalí.

           
             


A unos escasos 5 metros de la puerta de mi casa, al otro lado de una acequia, hay un campo de maíz que es el lugar donde seguramente permanece oculto durante el día. En varios lugares, se advierten huellas de merodeo. El jabalí se desplaza al paso, hecho que se nota en la configuración de las huellas, que no marcan las pezuñas secundarias y que se encuentran superpuestas,  las traseras  un poco retrasadas y sobre las delanteras . Si el jabalí aumentase la velocidad del desplazamiento, aparecerían las secundarias más frecuentemente y las huellas traseras se irían situando cada vez más adelantadas al ritmo que aumentase la velocidad, llegando incluso a sobrepasarlas y aparecer la impresión de las cuatro huellas independientes.

domingo, 28 de junio de 2015

Silencio sobrecogedor en el Parque del Agua.

       
Desde hace un tiempo no estoy al 100%.   Vivo en una casa de campo en un país donde la construcción alocada y sin control ha supuesto un cáncer terrible. Debido a esta dinámica, parece ser que se pretenden construir una cantidad más que racional de casas en el lugar donde vivo y para ello he de ser desalojado de mi hogar ya que este será demolido para construir otros.   Es por ello que he bajado el ritmo de las entradas, cosa que ya disculparéis. No obstante aquí escribo una nueva entrada. En una próxima explicaré el proceso que hace que en España un ciudadano normal sea desposeído de su hogar para beneficiar a un promotor inmobiliario multimillonario que quiere ser todavía más rico protegiendo sin embargo las propiedades de otros en el centro de la ciudad que no edifican en tiempo y forma. Hoy, sin embargo, hablaré de un hecho curioso a la vez que preocupante que he notado en mis visitas al Parque del Agua.
    Hace algunos sábados que ya no voy al Parque del Agua, donde fue la Expo. No obstante, en los últimos días que estuve, una cosa me llamó la atención. El inquietante silencio (entiéndase que aquí no considero el ruido producido por la gente o la música de los chiringuitos y bares). En casa, por estas fechas las ranas (Pelophylax perezi) están pletóricas y se dedican a cantar (los machos) durante casi todo el día. Nada de esto se oye en la Expo, situada paradójicamente en el meandro de “Ranillas”. Sorprende este silencio en un lugar en el que las zonas con agua campan por doquier. Se advierte muchísimo pato salvaje o ánade real (Anas platyrhynchos), y algún pato doméstico que sería necesario descastar para evitar cruces, ya que al fin y al cabo, es un “espacio natural”, o más exactamente, es un jardín donde acceden especies salvajes.
            Son muy frecuentes también las garzas, ya sea la real, (Ardea cinerea), imperial (Ardea purpurea), Garceta, (Egretta garzetta), Bueyera (Bubulcis ibis), martinete (Nycticorax nycticorax) o garceta grande (Ardea alba) pero estas se ven más en las orillas del Río, ya que la cantidad de gente no facilita el hecho de que se muevan en las zonas húmedas del parque. De hecho, existen garceras en el Ebro en las islas situadas en el centro de la ciudad y también junto al Pabellón Puente. Desde el paseo y con simples prismáticos se pueden ver los martinetes y garcetas tumbadas incubando sus huevos sobre los numerosos nidos que se perciben entre las frondas de los chopos.
            La verdad es que el cangrejo americano (Procambarus clarkii) no se puede considerar escaso, y que las gaviotas hacen pensar que nos encontramos en un pueblo costero. En los tejados de los edificios de la Expo no he estado, pero se oyen y ven gaviotas patiamarillas (Larus cachinnans) en abundancia, tal y como si los edificios fuesen fragmentos de acantilado apartados de la costa y colonizados por gaviotas.
            Todo esto son aves. No suelen ser indicativos de calidad del ecosistema donde se ubican, únicamente indican la disponibilidad de alimento. ¿Dónde están los anfibios y otras especies que esperamos ver en un lugar con agua?. Ya he hablado del ubicuo cangrejo. En cuanto a peces, he visto carpas (Cyprinus carpio), que es una especie introducida y en una ocasión un barbo (Barbus graellsi), cosa que me llenó de alegría al ser un pez autócotono. Lamentablemente, también abunda la gambusia (Gambusia holbrooki), pequeño pez que es probablemente el culpable de la regresión de nuestros anfibios de los lugares donde habita. No es este pez un criminal. Adaptado a las aguas pantanosas, su pequeño tamaño le permite nadar entre la vegetación palustre hasta la misma orilla y alimentarse de larvas de mosquito. Su reproducción está adaptada a estos lugares. Los huevos eclosionan en el interior del vientre de sus madres de modo que salen al exterior vivos ocultándose de forma inmediata de sus parientes que los devorarán sin contemplaciones. Las larvas de nuestros anfibios que llaman la atención en el interior de los huevos transparentes con provocativos movimientos o las larvas que yacen inertes tras la eclosión mientras consumen los restos de sus sacos vitelinos son un alimento extra para las gambusias. No ha de extrañarnos pues la ausencia de ranas y otros anfibios… y ese inquietante silencio que nos advierte que a pesar de ser zonas con agua y aspecto natural, la salud ambiental de que disfrutan no es muy buena.
            
Paseando por uno de los canales, comprobé incluso la existencia de otra amenaza. Bajo las tranquilas aguas de los canales y bajo la protección de los puentes que les proporcionan sombra, se pueden ver cardúmenes de percas americanas o black-bass (Micropterus salmoides), todos de idéntico tamaño(ver foto izquierda. Me produjeron la misma sensación que aquellos que se podían ver tras las repoblaciones que realizaba el Gobierno de Aragón antaño ( espero que ahora ya no), aunque esto levantó mis sospechas de que pudiera tratarse de ejemplares repoblados.
            El que este parque reciba la certificación AENOR de calidad ambiental que se renovó en 2009, y posteriormente la calificación medioambiental Green Globe, dice muy poco acerca de estas calificaciones.
            Dos especies invasoras en el agua, la gambusia y el black-bass contra las que no se hace nada, que posiblemente han sido puestas intencionadamente ahí y que sin duda tienen parte de la culpa de ese silencio sobrecogedor que reina en el Parque del Agua.
            Hay que añadir no obstante una considerada como invasora terrestre peligrosa, el ailanto (Ailanthus altissima) que podemos contemplar en las zonas próximas al bosque natural y que tampoco se hace nada para erradicarla (urge la corta para evitar la propagación de semillas en el ámbito natural). Es lamentable que el mismo río donde se quiere erradicar al castor (Castor fiber), especie protegida en el resto de Europa, albergue lugares con tan laxo control de las especies invasoras. Si además consideramos que los siluros (Silurus glanis) son pescados y devueltos al agua unos metros más allá, en el río, caeremos en la cuenta del poco rigor que se tiene a la hora de actuar contra las especies exóticas invasoras en esta comunidad autónoma que se llama Aragón.
             Y todavía es más sangrante que la gestión privada de ese parque haya visto renovada su concesión por el político que “gestionaba” estos temas momentos antes de irse a ocupar un puesto en Europa hipotecando al gobierno entrante a asumir esa forma de gestión. Una persona que sin duda, también se pudo haber calificado de “especie invasora terrestre peligrosa como el ailanto”. Que tanta paz encuentre como deja con su marcha.

jueves, 3 de abril de 2014

La senda del caracol

           
 Una de las cosas buenas que tiene la lluvia es que hace que se forme barro en todos los lugares y que la actividad de los animales no pase desapercibida. En este caso, no es la lluvia, sino que son los riegos de los campos que al salirse una vez más del campo que están regando, inundan el camino que conduce a mi casa dejándolo prácticamente impracticable de baches y barro. Las huellas que os muestro hoy son las producidas por un caracol al cruzar un charco.  Podemos apreciar la trayectoria más o menos rectilínea que se interrumpe cuando pasa por encima de una piedra. Estamos más acostumbrados a ver las marcas en forma de senderos brillantes que dejan los caracoles sobre otros sustratos como piedras u hojas anchas de plantas.
           
Los lugares con gran humedad ambiental es el medio ideal para los caracoles. En esos medios no corren el riesgo de secarse por el calor del sol y no necesitan moverse por la noche, cuando la humedad es mayor. A la izquierda os pongo la foto de un rastro de caracol atravesando el mismo camino pero esta vez seco, para que os hagáis idea del sufrimiento del pobre caracol cuya baba ha quedado reducida a unos pegotes de barro. Al parecer salió con la humedad de la noche y “se le hizo tarde” para volver a casa. Si el viaje hubiese sido algo más largo podría haber muerto deshidratado.


domingo, 22 de septiembre de 2013

Pegote de barro con vida interior.

Creo que todos habréis tenido ocasión de contemplar nidos de avispa alfarera Sceliphron sp. Aunque quizá no todos sepáis lo que eran. El aspecto que presentan estos nidos, es el de un pegote de barro que aparece en una pared o en una piedra. Si el nido está sin terminar o si las avispas han salido ya de su cámara de cría, en un lado del pegote de barro aparecen unos agujeros de unos tres o cuatro milímetros de diámetro.
El nido no se construye de una vez. La avispa fabrica en primer lugar un sarcófago con las paredes más delgadas de lo que luego serán las definitivas cuando vaya agregando otros a continuación. Cuando el sarcófago está terminado, la avispa va de caza. Deberá de capturar la comida que permitirá el desarrollo de sus hijos. Un problema se presenta a la avispa. Las larvas quedarán en el interior del sarcófago totalmente encerradas y no podrá aportar comida fresca. Si la comida permanece un tiempo hasta que la larva se la coma, esta se secará y se quedará inservible.
La solución que ha adoptado la selección natural para este problema parece un tanto cruel a nuestros ojos. La laboriosa avispa, una vez concluye el sarcófago sólo a falta de poner el tape, empezará a buscar las presas adecuadas. Cuando encuentra alguna, se deja caer en un rápido vuelo para capturarla. Una vez sujeta a la presa con sus patas, le pica con su aguijón. La presa no muere con esta picadura, sino que quedará aletargada pero viva durante mucho tiempo. Esta presa será introducida en el sarcófago. No sólo aportará una presa al sarcófago. Dependiendo del tamaño de la captura, aportará más o menos hasta que lo llene por completo. Después colocará un huevo y tapará el sarcófago con más barro. Cuando la larva emerja del huevo, tendrá la cantidad de alimento necesario para completar su desarrollo, y el alimento se mantendrá fresco hasta el fin ya que no está muerto.
Algunas especies de avispas se especializan en capturar orugas. De hecho, el duro trabajo que suponía para una avispa cargar con la oruga que había capturado una tarde de agosto, me dio la idea de escribir esta entrada. Tan grande era la captura, que la avispa se vio arrastrada al suelo. Imposibilitada para el despegue, no se dio por vencida, y trepó a una rama para desde cierta altura emprender de nuevo el vuelo. Fue imposible hacer foto del momento y traérosla aquí. Era inevitable recordar aquella escena de los documentales de naturaleza “El Hombre y La Tierra” donde un águila real descendía por un valle con un cabritillo en sus garras.
Más meritorio es el trabajo de otras avispas, que además de cargar con “equipajes” igual de considerables, tienen la arriesgada costumbre de cazar arañas. Los sarcófagos de estas aparecerán repletos de arañas paralizadas del mismo modo que otras avispas paralizan a las orugas. (Foto izquierda)
De las diversas especies de avispas alfareras, a mí la que más curiosidad me despierta es la avispa alfarera propiamente dicha, perteneciente al género Eumenes sp. (foto abajo). Esta construye auténticas ánforas redondas, con cuello y un reborde superior que no tienen envidia a las vasijas que fabrican nuestros alfareros. El reborde de la boca sólo aparece en aquellas ánforas que no tienen huevo dentro. Una vez el ánfora está llena de oruguitas, la avispa pone un huevo y aprovecha el reborde para construir el tape de modo que el ánfora pierde similitud con las que fabricamos nosotros. Los franceses llaman alfarera a esta especie y albañiles a las otras, denominación algo más propia si queremos, ya que el resto de especies si bien trabajan el barro no lo hacen con la pericia de esta avispa alfarera.
En el caso particular del nido que ilustra el encabezamiento de esta entrada, podemos advertir que una de las celdas presenta un agujero más pequeño que el resto. Esto se debe a que de esa celda no ha sido la avispa albañil quien ha emergido, sino una avispa cuco.

Las avispas cuco son un grupo de avispas de la familia Chrysididae que conocemos como cleptoparasitoides. Este tipo de parásitos, se alimentan de las despensas que otros preparan para sus larvas, no sin antes eliminar al legítimo porpietario de esas despensas. Concretamente, suelen parasitar los nidos de otras avispas solitarias como las avispas alfareras.
Las avispas cuco, depositan un huevo en la celdilla cuando esta no está llena de presas al completo. Cuando la larva emerja del huevo, hecho que ocurre antes de que lo haga la larva de avispa alfarera, lo primero que devorará será el huevo de la avispa alfarera. Después podrá alimentarse con las presas que ya no consumirá la infortunada avispa. Debido a su menor tamaño, el agujero de salida del insecto también es menor, cosa que podemos comprobar en la foto.

jueves, 25 de julio de 2013

Agujeros en las vigas de las casas.


Hoy en esta entrada, os voy a mostrar unas curiosas marcas que aparecen en las vigas de las casas que se construían hace años y que quizá algunas personas se han preguntado para que servían.
En primer lugar, por si alguno lo pensaba, decir que estos agujeros no han sido producidos por ningún tipo de insecto o roedor, sino que han sido hechos por el hombre.
El motivo de la práctica de estos agujeros reside en el medio de transporte que se usaba para transportar la madera desde el bosque hasta la casa en construcción. En Aragón y en otros lugares, la madera que se cortaba en las montañas se transportaba a las zonas del valle aprovechando los cursos de agua. Debido a que los troncos de madera flotan, la madera era arrojada al río o torrente más cercano y los troncos descendían rio abajo hasta un lugar llano y de más fácil acceso donde se construían las nabatas que llamamos aquí o almadías que se denominan en otros lugares.
En este lugar más accesible, para poder conducir la madera de forma más precisa y efectiva, se procedía de una curiosa manera con los troncos. Los troncos eran atados entre sí formando la nabata o almadía. Para ello, se hacían unos agujeros en la punta de los maderos con una barrena. Por estos agujeros se pasaban unas ramas de sauce (salguera) o avellano que retorcidas hacían las veces de cuerdas y que unían los troncos entre sí.
Estas puntas con los agujeros, podían no ser eliminadas en las obras debido a que la madera no quedaba a la vista, o por que la construcción no era demasiado exigente y es por eso que en algunos casos aparecen estas marcas en las puntas de los troncos.
Uno de los troncos, era cortado dejándolo en forma de remo y es el que servía de timón para dirigir la nabata en su descenso por el río, y en ocasiones (lamento no tener foto) se podía apreciar esta pieza colocada igualmente como viga.
Yo he podido observar estas marcas incluso en las vigas de una paridera (que es una construcción donde se guarda el ganado) en un pinar como La Retuerta, en Pina de Ebro. El hecho de que en medio de un bosque la madera necesaria para la construcción sea traída desde tan lejos, y de forma tan costosa, ya que desde el río al lugar de la construcción hubo que llevar la madera en carros a lo largo de más de 15 kilómetros, me hace pensar en la necesidad tan acuciante de madera que existía en la antigüedad. Hemos de pensar que era usada como combustible, como material de construcción de casas, palacios, barcos o carros y que no había energía alternativa. Imagino que este material no estaría al alcance de cualquiera.
Lamentablemente, la paridera ya ha desaparecido y no podemos saber si el pino pertenecía a una especie de media montaña como el pino laricio ( Pinus nigra) o si era una especie de montaña más alta como el pino silvestre (Pinus sylvestris), y de éste modo establecer cual fue la ruta seguida por esta madera.
Para aquellos que tengan curiosidad sobre el proceso que llevaba la corta y transporte de la madera de esta forma, os dejo un enlace a una página de personas que todavía rememoran estos viajes de maderas por nuestros ríos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

El rastro del hombre.


            Alguna vez, hablando con mi amigo Sylvain, le digo que en España hay demasiada basura. Él, profundo amante del Prepirineo Oscense, me dice que en Francia también hay mucha suciedad. Tiene razón, pues en algunos lugares también se ve basura en Francia. Pero lo que no es discutible es la profesionalidad de los españoles tirando basura en cualquier lugar. Las cunetas de las carreteras son auténticos estercoleros, y la botella de agua mineral con el líquido amarillento típico de meada de camionero es omnipresente.
            En algunas calles de Francia podemos contemplar las cagadas de perro típicas, pero en España, andar por el césped de los parques es un deporte de riesgo. Sólo por respeto al jardinero que ha de pasar la desbrozadora por estos sitios, ya debería de desaparecer esta costumbre de dejar parte del perrito en el parque. No digamos ya el dejar que el perro haga lo suyo en la arena donde juegan los niños, que también los hay.
            Yo digo muchas veces que tirar basura es algo cultural en España. No hay lugar al que accedan los españoles donde no haya papeles, latas o botellas. Hay que alejarse algunos kilómetros andando por lugares a los que no pueden acceder los coches para dejar de ver estos restos. ¿Por qué somos así?. Yo digo que es algo educativo. Los españoles tiran cosas y dejan basura porque lo aprendieron así.
            Recuerdo aquellos bares en los que al pie del mostrador había un canalillo de tejas puestas con el hueco hacia arriba y que era donde se tiraban las peladuras de gambas, colas de anchoa, papeles de azucarillos, servilletas etc. Si dejabas la cola de la anchoa en el bode del plato, no faltaba quien te dijera que eso se tiraba al suelo. Aún hoy en día, en bares sin este equipamiento se sigue haciendo, basta con mirar al suelo.
            No todos los españoles somos así. Es cierto que hay un porcentaje de gente que podría pasar por ciudadano europeo. Pero también es cierto que la cantidad de gente más bien cerda es un porcentaje mayor en España que en otros países europeos. Esta actitud se cambia con educación. La educación se imparte en casa de cada cual, pero lo cierto es que en la escuela es donde los niños han de socializarse. La mayoría de colegios están rodeados de calles en las que un barrendero recoge lo que los niños aprenden a tirar ya de pequeños, pero en aquellos en los que la limpieza sólo depende de la educación de los niños es donde se manifiesta esta faceta cultural española. En presencia de los padres, son estos los responsables de corregir estas conductas, pero en el colegio, en el lugar donde se imparte la asignatura de conocimiento del medio, o ciencias naturales y sociales, es donde más escandaloso es este comportamiento.
            En las fotos, os muestro la senda rural que discurre paralela al colegio del lugar donde yo vivo, el CEIP HH. Argensola de Zaragoza. En la foto no se aprecia bien la ingente cantidad de basura como papeles, botellitas, tetrabriks, plásticos, papel de aluminio y otros restos, pero podéis haceos una idea..