jueves, 23 de julio de 2026

La migración, un factor en la evolución.

 


Como ya prometí, voy a hablar de la evolución mediante la migración. El lugar elegido, Las Islas Canarias y el animal, los caracoles. Chuchangas, los llaman allí.

Las islas volcánicas surgen de la nada. En una superficie de agua separa del continente, un volcán submarino entra en erupción y si llega a la superficie, genera una isla. En esta isla, no hay vida. En su origen son rocas incandescentes. Estériles en toda la acepción de la palabra. La vida ha de llegar desde el continente o saltando desde otra isla a la que haya llegado antes. Pero siempre es una población inmigrante. Ocurre algo parecido con las islas continentales, pero el nivel de especies no exclusivas es mayor, ya que en algún momento tuvieron contacto con el continente.

En las islas Canarias, la vida existente procede a veces de unos pocos ancestros fundadores comunes que se han diversificado, todos vienen de uno u otro lugar, surgen como un jardín con habitantes de distintas procedencias. En las Baleares, los seres vivos estuvieron en contacto con la península o tan cerca como para que muchas especies componentes de un mismo ecosistema pudieron colonizar la tierra. Es por ello, que los bosques son réplicas de los que más próximos se encuentran en la península y el litoral Mediterráneo.

Todo el mundo ha oído hablar de los pinzones de Darwin. Pero pocos de las chuchangas de Canarias, Tenerife en este caso. Que son las únicas que he visto. Vamos a hablar de ellas. De todas las especies que viven en Tenerife, el 70% no se encuentran fuera del archipélago y alguna, sólo habita en Tenerife, y no en toda la isla.

De las especies animales y vegetales de las islas Canarias, 4.200 son exclusivas, frente a las 400 de las islas Baleares. En las baleares, la “caracoleta” de Zaragoza se llama “caragolí, y es la misma especie que la de la península, en las Canarias, se llama “chuchanga”, pero sólo vive allí. Hay un riesgo común a ambos tipos de islas por la llegada de especies invasoras ya sea de forma voluntaria o involuntaria. Es el caso de la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) en las baleares o el de el caracol gigante africano (Lissachatina fulica) en el caso de las Canarias, aunque este último ha sido cogido y erradicado a tiempo. Esta concha procede de un restaurante de Zaragoza que los tuvo un tiempo como plato exótico o tapa. Mi hermano me la proporcionó.

Dos géneros de lo que reconocemos como caracoles, de concha globosa, no alargada, son los mas diversificados. Uno de los géneros es Hemicycla spp, con al menos 12 especies diferentes en Tenerife, y más de 70 en todo el archipiélago. El otro, es Canariella spp., con cinco especies diferentes en Tenerife y unas veinte en todo el archipiélago. Hemicycla spp. parece ser que procede de individuos de géneros de caracoles de la península Ibérica y Marruecos. Canariella spp. parece ser que procede de ancestros comunes al género Montserratina, presente en Francia y Cataluña. Quizá el más popular por amenazado y por su reducida distribución es la chuchanga Samarines (Hemicycla plicaria), cuya foto encabeza esta entrada.


Y tampoco cuesta mucho hacerse a la idea de como pudo ocurrir. Unos caracoles ancestrales que llegaron de forma accidental a una isla, se extienden en un área determinadas. Al estar la vegetación condicionada a la altura, la distribución de estos moluscos tendería a formar un anillo alrededor de la isla, limitado por el mar abajo y el piso climatico/forestal por arriba. Una colada de lava, separa a la población en dos núcleos diferentes. Dada su velocidad en el desplazamiento y que las dos poblaciones quedan separadas por un lugar inhóspito y sin vegetación, ambas poblaciones crecen y se desplazan en sentido contrario, separando cada vez más su población, que trasncurrido el tiempo deja de ser fértil entre sí. Hay que añadir que los ejemplares de las partes más alejadas de ambas poblaciones, pueden ser realmente muy diferentes entre sí, incluso en el aspecto externo, y estar alimentándose de plantas completamente diferentes que la población originaria. No es de extrañar pues que caracoles comunes en la península que lleguen de forma accidental, incluso como este caracol común (Cornu aspersa), de la foto de la derecha, sean catalogados como fauna invasora

Es fácil imaginar la capacidad de que se produzcan especiaciones de este tipo en animales o plantas con una capacidad de desplazamiento limitada y en una isla, si en animales como las aves es capaz de producir el mismo efecto. Es el ejemplo clásico de la gaviota sombría y la gaviota argéntea, y el origen de ambas por “especiación en anillo” de una única forma ancestral. Hemos de interpretar el paralelismo. El a´rtico, ejerce el límite que para lso caracoles ejerce la altura. La costa donde nidifican, el límite que para los caracoles supone el mar.

Entre el 1, Larus argenteus arriba y el 7, Larus fuscus abajo, una serie de subespecies fértiles entre las próximas e infértiles entre las más alejadas, llevan a que finalmente, ambos extremos sean diferentes significativamente. 

Así pues, el 6 de enero de 1832, El Beagle, a bordo del cual se encontraba Charles Darwin llegó a Tenerife. Darwin estaba encantado y ansioso por ver Tenerife, dado que había leído lo que Alexander von Humboldt, escultura de la derecha, había escrito sobre la historia natural de Tenerife y del Teide. Al serles impuesta una cuarentena de 12 días por un brote de cólera en Inglaterra, se impidió el desembarco. Fitz Roy, el capitán del Beagle, decidió continuar el viaje hasta Cabo Verde, lo que hizo que Darwin quedase sin poder visitar la isla que en principio, consideró su más ansiado objetivo. 

De haber visitado Darwin Tenerife,  quizá hablaríamos ahora de “Las chuchangas de Darwin” en vez de “Los pinzones de Darwin”. De su autobiografía extraemos: “Del libro de Humbolt copié largos pasajes sobre Tenerife, y los leí en alta voz a (eso creo) Henslow, Ramsay y Dawes, durante una de las excursiones a las que hice mención anteriormente, porque en una ocasión anterior yo había hablado de las glorias de Tenerife y algunos integrantes del grupo habían manifestado su interés de ir allí; pero creo que no lo decían de verás. No obstante, yo sí estaba decidido y logré que me presentaran a un comerciante, en Londres, para informarme acerca de los barcos; pero el plan fue, por supuesto abortado con el viaje del Beagle”. Al no poder acceder en este momento a mi ejemplar de la autobiografía de Darwin, transcribo lo publicado en “Lainakai.com, La decepción del joven Darwin en Tenerife. Una aventura frustrada”, que sea literal o no, me recuerda a lo que percibí personalmente cuando tuve ocasión de leerla. Yo mismo, recordé las palabras de Humboldt y Darwin al llegar a la isla, aunque el ir en avión, quita la impresión de la mole del Teide al acercarse desde el mar.

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