miércoles, 1 de septiembre de 2021

Cuento de cernícalos I. Frente a nuestra antigua casa.




 Tenía pendiente la elaboración de un relato sobre el cernícalo (Falco tinnunculus) que viene a la casa que tenemos actualmente en construcción para "recolectar" los topillos, pero los acontecimientos de estos últimos días me hacen reparar primero en los cernícalos que han criado desde hace muchos años en unos cipreses próximos a lo que ahora es nuestra vivienda provisional y que hemos perdido en un acto de piratería del Ayuntamiento de Zaragoza.

    En estas dos semanas he visto como un adulto, creo que el macho, pues estaba a cierta distancia y no llevaba prismáticos, se jugaba el tipo de forma temeraria. Es frecuente verlo acosando a las aves rapaces que suelen acercarse a prospectar la zona en busca de roedores o palomas domésticas. Ratoneros (Buteo buteo), aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus), águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), milano negro (Milvus migrans),     Milano real (Milvus milvus)... todas sufren el molesto acoso de este pequeño cuando recorren la zona. Observamos como giran el cuello hacia arriba, observando al incordiante halconcillo que finalmente siempre consigue que se tengan que ir. 

La semana pasada, esta costumbre estuvo a punto de costarle la vida. Una incursión de un halcón peregrino (Falco peregrinus) desencadenó esa costumbre suya de ir a desalojar al intruso. El halcón, en el mismo instante casi en el que el cernícalo se instalaba sobre él, se dejó caer alcanzando gran velocidad, para dar un quiebro y volver sobre el lugar donde se encontraba el cernícalo en escasos segundos. El cernícalo,  se salvó sólo gracias a que la escasa altura en la que se desarrolló la acción evitó que el halcón peregrino contase con la mayor velocidad que le habría proporcionado un poco más espacio hasta el suelo. Esquivado in extremis este primer ataque gracias a un quiebro del cernícalo, pudo alcanzar la seguridad de un poste eléctrico que evitó la insistencia de ese proyectil que es el halcón peregrino y que otras veces me ha dejado atónito al poder observar sus ataques a las palomas, cogujadas o a un simple gorrión en otras ocasiones.

El otro relato está protagonizado por lo que yo interpreté como uno de los pollos del cernícalo. Andan ya los pollos volando a bastante distancia del nido. Son realmente impertinentes con sus piídos reclamando comida de los padres. llegué a casa del trabajo y Alicia, la madre de Belén me dijo que el críalo (Clamator glandarius) estaba en un poste pidiendo comida a sus padres adoptivos, las urracas (Pica pica). Le dije que era un cernícalo y que lo que ocurría es que las urracas estaban acosándolo y que los piídos eran porque se trataba de un polluelo. Entré en casa a por los prismáticos. Me puse a observar al cernícalo, que no paraba de piar cuando alzó el vuelo y se dirigió hacia donde yo estaba. Oía su llamada incesante cuando sobrevolaba los árboles. justo pasaba el cernícalo sobre mi cabeza y se refugiaba en la higuera (Ficus carica) que estaba a escasos tres metros de mí, cuando no sé muy bien de donde salió ni de donde vino, pasó tras él un macho de azor (Accipiter gentilis) que no pudo hacer presa sobre él y que casi se golpea con la higuera (gracias a esta maniobra de "frenado" pude ver su larga cola desplegada mostrando el barreado ancho característico), y que una vez realizado el quiebro de evitar la higuera, se posó a unos diez metros, en un pino piñonero (Pinus pinea) que tiene Alicia en la puerta de su casa. Alicia salió de casa y el azor huyó, como es característico de la especie, volando a escasos centímetros del suelo, a gran velocidad y ajustándose a cada accidente del terreno o arbusto...

Como véis, los relatos de episodios propios de documentales de naturaleza se dan a escasos metros de nuestras casas, tanto en el campo como en la ciudad. Este cuento sobre los cernícalos no es único, de modo que como os he contado, escribiré otro sobre los cernícalos que vienen a nuestra nueva casa.

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