jueves, 5 de julio de 2012

Repuestos originales para seres vivos


La regeneración de miembros amputados es algo atribuible únicamente a supuestas sanaciones milagrosas. Miles de personas peregrinan a determinados lugares donde se asegura que ha aparecido alguna divinidad esperando sanaciones de este tipo. No obstante, en la naturaleza no es necesaria la fé ciega ni los milagros para que esto se lleve a cabo. En el caso de los artrópodos, pongamos por caso, la regeneración de un miembro es algo natural. En los avatares de la azarosa vida de un insecto o crustáceo, hay ocasiones en las que la pérdida de una pata es un mal menor. Al fin y al cabo, todavía le quedan suficientes patas para poder desplazarse. Como quiera que previamente a la muda de una piel se reestrucutura de nuevo parte del tejido del animal, una nueva pata, rudimentaria, puede surgir en la muda siguiente a la pérdida. Si la pata se ha perdido en la juventud, la pata regenerada puede llegar a ser muy parecida a las restantes al final de la vida, ya que crece algo con cada muda, pero si esto ocurre en las últimas mudas, la pata quedará definitivamente de menor tamaño. Esto es lo que podemos apreciar en la foto de esta araña.
Otro tipo de regeneraciones son las que se dan en algunos lagartos. La que vamos a contemplar en esta foto es la regeneración de la cola de una salamanquesa. A la izquierda, fotografía de una salamanquesa común (Tarentola mauritanica) con la cola "original". Estos animales, al igual que las lagartijas, cuando se sienten acosados pueden desprenderse con cierta facilidad de su cola. Una fisura especial en algunas vértebras y la existencia de músculos especiales permiten tal desprendimiento. La arteria que riega la cola se queda pinzada de modo que se evita la pérdida de demasiada sangre.

En pocos días la nueva cola empieza a crecer hasta que alcanza finalmente un tamaño ligeramente menor  que la cola original. La ornamentación de esta cola, también es diferente como podemos advertir en la fotografía de la derecha.
En algunos casos, la rotura y desprendimiento de la cola no se produce completamente y esto puede conllevar que la regeneración se produzca de forma defectuosa, apareciendo una cola o dos a los lados de la cola original. Durante algún tiempo rondó por la fachada de mi casa una salamanquesa con dos colas, pero no os puedo ofrecer ninguna fotografía. Os tendréis que conformar con la de la salamanquesa con una sóla cola regenerada

sábado, 23 de junio de 2012

Un rastro de gineta


Las costumbres de algunos animales son tan características que cuando han estado en algún lugar o cuando viven en un determinado sitio se les puede detectar por alguna marca característica que dejan en el suelo, los árboles o la vegetación. En este caso, se trata de la gineta (Genetta genetta).
Una tarde fuimos de excursión a unas trincheras de la guerra civil en la Sierra de Alcubierre. Son unas trincheras que fueron ocupadas por milicianos del POUM o de La Columna Durruti (CNT). Como es habitual, cada cierto tramo de trincheras hay cuevas excavadas en el monte. En una de ellas tuvimos la oportunidad de encontrarnos con el cagarrutero de la gineta. La gineta acumula sus excrementos en unos lugares característicos durante muchos días, lo que provoca la acumulación que podemos comprobar en la fotografía. El color negruzco, y las dimensiones, aproximadamente 1,5 cm de diámetro y generalmente más de 10cm de longitud ayudan con la identificación. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Hormigas y gusanos león.


La naturaleza es una gran cantidad de veces sorprendente. Una de las cosas más llamativas es lo que conocemos como convergencia evolutiva, hecho este que ya ha merecido la atención de varias entradas de este blog. En esta ocasión os hablaré de dos insectos, una mosca y un neuróptero que han “decidido” ambas por separado, (ya que su parentesco es muy lejano) coincidir en su método de caza. Y lo curioso de esto es que para poder cazar, ambos han de fabricar una trampa similar. Quiero aclarar, que aunque al ser insectos nosotros podemos pensar que están ambos animales estrechamente emparentados, lo que los une, ser insectos, es lo mismo que nos une a nosotros y al topo, que ambos somos mamíferos. No acierto a comprender como ambos han llegado a utilizar la misma técnica, ya que es bastante elaborada, máxime cuando ambas ramas evolutivas dejaron de estar emparentadas hace más de 300 millones de años.





 
La trampa de que os hablo recuerda a aquella parte de Star Wars donde se ve un pozo con una criatura en el fondo llamada Sarlacc que se alimenta de lo que cae y cuya foto encabeza esta entrada. Estos insectos hacen exactamente lo mismo, pero antes de que se le ocurriera a los guionistas de la película. Posiblemente los guionistas se inspiraron en ellos.
 Ambos insectos emprenden la construcción de los embudos de captura del mismo modo.
Comienzan a apartar la arena fina de una zona en la que describen círculos concéntricos cada vez de un diámetro menor. De este modo, el pozo va ganando profundidad, y la arena va quedando con forma de embudo. Las paredes de este embudo están al límite del ángulo de rozamiento, de modo que se desmoronan hacia el fondo con gran facilidad. Es el mismo caso que los montones de piedras o arena que quedan en las plantas de extracción de áridos, o el de las dunas por las que no se puede subir sin descender a cada paso. Arriba a  la izquierda podéis ver los embudos construídos por la hormiga león. Estas de la foto las alimenta mi hijo Quique, y las tiene en una olla de barro que contiene arena de sílice muy fina. Generalmente se encuentran en grupos numerosos en zonas arenosas despejadas.
A la derecha, podéis observar otros dos embudos, estos construídos por el gusano león. Este insecto, que también ocupa zonas de suelo con arena o tierra muy fina, no construye sus embudos en zonas abiertas, sino que selecciona los lugares al abrigo de la lluvia con cierto extraplomo como podéis observar.
Cuando una hormiga u otro insecto de tamaño similar pasa por el borde del embudo, la arena se desmorona bajo sus patas, cayendo al fondo del embudo. Si la víctima no cae hasta el mismo fondo, el insecto oculto en el fondo, ya sea hormiga león o gusano león, le arroja arena para hacerla caer. Apenas ha tocado el fondo la infortunada víctima, es atrapada por la larva del gusano león o por la de la hormiga león, que tiran de ella debajo de la arena. Allí son sorbidos sus jugos, y posteriormente, la carcasa vacía es arrojada fuera del embudo que es preparado para una nueva captura.


 Arriba, Gusano león extraído de su embudo. La forma de cogerlo es recoger el embudo completo con la hoja de un cuchillo y después tamizar la arena. Tras observarla y fotografiarla podemos devolverla a su lugar de procedencia. A la derecha imagen del insecto adulto.

 Sobre estas líneas vemos la imagen de una hormiga león adulta posada en el visillo de la ventana de mi cocina. Sobre mi mano a la izquierda, una larva de hormiga león. Es notable el tremendo tamaño de las mandíbulas con las que sujeta a sus presas. El método para capturarla es el mismo que el utilizado para el gusano león. En ambos casos podemos mantener ejemplares en cautividad que darán lugar al adulto que puede ser puesto en libertad posteriormente.


jueves, 14 de junio de 2012

Escena de un crimen


Hoy os traigo una foto que he tomado y que me parece muy curiosa. Es la foto de una piel de culebra de escalera adulta, (Elaphe scalaris) cosa que podemos advertir al ver las líneas más oscuras de la zona del lomo. Lo llamativo del caso, no es la piel en sí sino la historia que cuenta. Es la escena de un crimen escrita en una pared arenosa a un lado del camino.
Primero decir que la parte exterior de la muda de una culebra, es la parte que estaba en contacto con la carne, es decir que era la parte interior. Esto se debe a que las culebras, cuando mudan la piel lo hacen como cuando se quita un calcetín, quedando la parte que estaba en contacto con la piel en el interior y la parte exterior por dentro. Vamos lo que llamamos “del revés”.
Ahora sólo queda imaginar la escena. La culebra va en busca de alimento, y decide explorar los nidos de abejaruco, algo que ocurre con no poca frecuencia. La culebra, que está mudando su piel se está desplazando desde la derecha de la foto hacia la izquierda. La piel ya está retirada unos veinte centímetros por detrás de la cabeza cuando pasa a través de un hueco que dejan los rizomas de caña (Arundo donax) del centro de la foto. La piel queda enganchada aquí y la culebra avanza hacia el nido, entrando en el mismo. La piel, sujeta en los rizomas, va despegándose de la serpiente al tiempo que esta avanza y se introduce en el nido. La serpiente avanza hasta el fondo del mismo y devora a los polluelos. Los polluelos están en una cámara al final del túnel que puede alcanzar casi los tres metros de longitud. La piel queda en la posición que véis, pues cuando llega a desprenderse del todo, la parte de la cola queda un trozo lo suficientemente largo dentro del nido y los veinte centímetros que ya llevaba mudados quedan en la parte anterior del hueco del rizoma colgando hacia el suelo.
Los días previos había hecho viento. La zona, expuesta al viento me hace pensar que la culebra propietaria de la piel seguía todavía en el interior, y hacía muy poco tiempo del crimen, ya que la piel estaba completa y no había sido arrastrada por el viento. Además no había rastro de reptación a la salida ni la piel vacía había sido arrastrada al exterior al salir el reptil.

martes, 5 de junio de 2012

Ellas los prefieren coloridos


Charles Darwin, en su libro El Origen de las Especies, expuso su teoría de que los seres vivos, sometidos a la selección natural de los mejor adaptados cambian poco a poco originando nuevas especies. Siempre fue muy obsesivo con las “pegas” que presentaba su teoría. Posteriormente, en su libro “El Origen del Hombre”, consciente de que la existencia de algunas especies es difícil de explicar por la vía de la supervivencia de los mejor adaptados, habla de otros mecanismos que como la selección natural también desembocan en un cambio a través del tiempo y a la aparición de nuevas especies. Uno de estos mecanismos, tan importante como la selección de los mejor adaptados es la selección sexual.
El colorido de algunas aves, que las hace fácilmente visibles a los depredadores, o estructuras como la "cola" de un pavo real, son características que difícilmente se explican con una adaptación para escapar de los depredadores. Este tipo de selección no es esa que todos conocemos como la de los “mejor adaptados” y que modela a la gacela y el guepardo para una veloz carrera.
Tanto el colorido como las dimensiones de la "cola" de un pavo real, su más destacable adaptación especial, la hacen útil sólo para el cortejo. Realmente no es la cola lo que hace la "rueda" del pavo real, sino las plumas coberteras, es decir la plumas que cubren la cola, que se han desarrollado de forma sorprendente incluso más que la propia cola. La selección que las hembras hacen de aquellos ejemplares con coloridos más vistosos para emparejarse, favorece a aquellos que los depredadores ven mejor y que son más torpes en la huída. Los hijos de éstos serán vistosos como el padre debido a la herencia genética.
Los jóvenes, tanto los machos como las hembras tienen colores que se disimulan bien con el entorno, de modo que los machos sólo adquieren su característico plumaje cuando llegan a la edad adulta. El hecho de que habiten zonas boscosas o de matorral facilitan que puedan desarrollar estas estructuras sin que sean eliminados por los depredadores, cosa que ocurriría sin duda en caso de vivir en campo abierto. La posesión de estas plumas tan largas no les impide volar hasta los árboles donde son menos vulnerables y de este modo descansar o dormir.
Vemos pues como en la naturaleza, no sólo se trata de huir rápidamente, de no dejarse ver o de ser un cazador efectivo. También hay sitio para  el carnaval al estilo canario. 

sábado, 26 de mayo de 2012

Los bolsos de las sirenas


Hoy toca que os hable de unas cosas extrañas que seguro habéis podido ver en alguna playa. Se trata de unas formas coriáceas y de aspecto plástico que aparecen con cierta regularidad en e límite de la línea de la marea y que son de un color oscuro o negro. Tienen forma más o menos rectangular y están provistas de unos alargamientos en las esquinas rematados en ganchitos si el hallazgo está en buenas condiciones. Son lo que conocemos como bolsos de sirena.
Es evidente que las sirenas no existen, luego tampoco existen ni sus bolsos ni sus paraguas. Estos  objetos son relamente las envolturas coriáceas de los huevos de unos tipos determinados de tiburones. Concretamente, pertenecen a la rayas en sus más diversas especies, a los tiburones conocidos como pintarrojas y otros afines.
El motivo de que los huevos posean estas patitas, no es otro que los huevos queden agarrados a las rocas, corales o algas del fondo y que no anden dándose golpes con el oleaje. En la foto, vemos un huevo de pintarroja agarrado a una cuerda del fondo. La foto es de la mano de mi hija Lucía en el estanque táctil del acuario de Saint Mâlo. En el interior se aprecia el huevo perfectamente, y podemos comprobar como todavía no existe embrión.

En esta otra foto, tomada en el acuario de París podemos observar a los tiburoncitos ya formados en el interior de sus translúcidos huevos. El saco vitelino que es el alimento del embrión, no se aprecia bien en la foto. Este saco vitelino, quedará como una "bola" abultada bajo el vientre del tiburón y una vez salga del huevo le servirá para sobrevivir un período breve de tiempo sin alimentarse, de modo que los tiburones recién nacidos podrán vivir unos días sin necesidad de capturar alimentos vivos.
La diferentes formas de los bolsos de sirena corresponden a otras tantas especies diferentes de rayas o tiburones.

sábado, 19 de mayo de 2012

Bigfoot y Yeti: los abominables osos de las nieves


Uno de los seres míticos de la criptozoología es un “hombre” de tamaño gigante, con el cuerpo cubierto de pelo y que habita en lugares remotos. En distintos lugares del planeta la tradición habla de este ser y en cada lugar recibe una denominación diferente. Bigfoot en EEUU, Sasquatch en Canadá, Yeti en el Himalaya, Yeren en China…
No hay más que testimonios verbales del encuentro con la especie y algunas huellas fotografiadas. El video más famoso no es de certificada autenticidad, y hay incluso una persona que asegura ser quien se disfrazó para hacer el vídeo. En el caso de huellas que están perfectamente diagnosticadas como auténticas huellas, nos encontramos claramente con huellas de oso. Es el caso de las fotos tomadas por el montañero español J.R. Bacelar, que tuvo la suerte de toparse con un rastro de oso perfecto (foto  a la derecha) aunque hay quien asegura que son de yeti. El rastro fue hallado, según sus palabras a 7000m. Otro montañero, algo más conocido es Jesús Calleja, que mantiene un programa de televisión. En el programa Cuarto Milenio, exhibió una pata de Yeti que recogió de un cadáver. O por lo menos, cuando encontró el cadáver congelado a más de 7000m. y enterrado en la nieve eso es lo que dijo el sherpa; ¡¡“Yeti, Yeti!!”. La pata en cuestión era de oso, y así se apreciaba desde el sofá de mi casa. No osbtante, el naturalista Luis Miguel Domínguez que estaba en el programa la identificó como pata de oso. El rastro hallado por J.R. Bacelar y el cadáver hallado por  J. Calleja, confirman el hecho de que estos animales pueden subir hasta los 7000 metros de altura. Es más que probable que todas las referencias al Yeti sean de hecho referencias a osos.
En otros casos, he encontrado fotografías de huellas que no son tales. En el caso concreto de la fotografía de la izquierda, podemos comprobar cómo la escorrentía de la lluvia ha modelado la caprichosa silueta que recuerda a un pie, pero claramente no es así, o por lo menos yo, que estoy muy acostumbrado a ver huellas veo claramente que no se trata de una.
Otra gran familia de huellas,  las más abundan, son las de la foto siguiente. Esta huella, de momento produce una extraña sensación. Si observamos las huellas de oso anteriores o las huellas que nosotros hacemos en la playa al caminar, comprobamos que no son perfectamente planas. La zona anterior, la de los dedos, al ser la última que se apoya en el suelo y donde se hace la fuerza para impulsar el movimiento aparece más hundida. Las fotos más abundantes que podemos ver de Bigfoot, no tienen ese patrón.
Si nosotros andamos en la nieve, la punta de las botas se hunden más que el talón. Para evitar hundirnos tanto podemos usar las raquetas. Al apoyar nuestros pies sobre las raquetas, aún en el caso de avanzar, la punta de la bota presiona sobre la raqueta, no sobre el suelo, lo que hace que esta se hunda de forma uniforme. Este patrón de huella plana y uniformemente hundida en toda su superficie, es el de una huella de raqueta de nieve y es el de las huellas que se atribuyen al Bigfoot. Mi conclusión es que las fotos de huellas que podemos contemplar en la red, o son de oso, o no son huellas. Las más abundantes son estas que digo que son falsas, y creo que se fabrican con una especie de raquetas similares a las chancletas de la última foto. No obstante, hay documentales que confirman que algunas personas hacían estos rastros como diversión para los turistas.
De todos los modos, la más famosa huella de Yeti fotografiada, es la fotografiada por Eric Shiptonn junto a su piolet. Una huella aislada en la nieve sólo dice una cosa… no es una huella. Cualquier movimiento que un animal realiza en la nieve deja un registro, por lo que el hallazgo de una sola huella es algo imposible. Siempre encontraremos el rastro completo durante largos trechos, más aún si consideramos el tamaño del supuesto Yeti.
Personalmente, yo pienso que la existencia del Yeti, Bigfoot etc., es un hecho bastante poco probable. A pesar del enorme beneficio económico que supondría cobrar una pieza como esa para un cazador, no se ha documentado ninguna captura ni se ha conservado un sólo resto. No hay ni un solo pelo. Cualquiera que haya rastreado animales habrá encontrado pelo de animales diversos en cortezas, espinos, barro, encames…
El ser humano, por propio gusto personal ha sido capaz de estar trabajando noches enteras haciendo círculos y formas en las cosechas para después escuchar en la televisión las explicaciones que se dan a semejantes hechos. En 1726, el decano de la facultad de medicina de Würzburg Johannes Bartholomäus Adam Beringer, llegó a hacer una publicación con unos fósiles falsos que le proporcionaron unos profesores jóvenes de esa misma universidad como venganza a su despótico trato. Hubo de reconocer su error. A pesar de ser médico no disponía de formación geológica o paleontológica, y tomó por fósiles cosas que no lo eran. No todas las actuaciones de un científico se pueden considerar ciencia, y esto es algo frecuente en algunos campos del denominado "mundo del misterio". El hecho de ser farmacéutico, no convierte en ciencia sus interpretaciones sobre "fantasmas" o "espíritus".
Las personas no tienen por qué mentir, aunque algunas lo hacen incluso a sabiendas. Algunas personas, cuando ven algo que no saben explicar, deciden tomar el camino menos probable e interpretar su experiencia con cosas inverosímiles. No olvidemos que hay gente que asegura haber visto incluso a la Virgen sobre un árbol. Del mismo modo,  otras personas afirman que han visto un bigfoot o un yeti.
Los naturalistas, cuando vemos algo que es extraño, como la presencia de animales en lugares donde no se conoce su presencia, ponemos en cuarentena esta cita y sólo si es realmente fiable la presencia de dicho animal es cuando lo damos a conocer. 
En el caso del montañero J.R. Bacelar, su trayectoria como montañero puede ser extensa, pero como naturalista no posee una formación demasiado buena. Es el mismo caso que el del médico con los fósiles falsos, su indiscutible buena formación médica no era tan buena como la paleontológica. He visto casos iguales de supuestas huellas o martillos de época de los dinosaurios. Jamás un paleontólogo se ha pronunciado sobre ellos. Son fraudes.
Las personas que hacen huellas falsas para luego darlas a conocer son simplemente mentirosos, no merecen más atención. Otras personas en cambio, han podido encontrar huellas hechas por un gracioso, y al no haberlas hecho ellos, aseguran que son auténticas. Si alguien insinúa que son falsas, pueden sentirse tildadas de mentirosas y esto provoca que sea difícil convencerlas de que han sido engañadas. En ningún caso que yo conozca se ofrecen mediciones de tipo de marcha ni nada por el estilo en una serie de huellas de bigfoot o similar. Mientras no se demuestre de una forma científica clara que los restos o huellas se han recogido con rigor, cualquier afirmación queda como la de la existencia del chupacabras u otros seres imaginarios.
Recientemente, los criptozoólogos mantienen la creencia de que este ser es un Gigantopithecus sp., homínido de gran tamaño extinguido y cuyos fósiles se han encontrado en China. De vez en cuando, incluyen en la criptozoología animales que para nada lo son, tratándose sólo de especies que se dan por extintas, como el lobo marsupial. El hallazgo de estas especies de nuevo, no es criptozoología, es el descubrimiento de poblaciones aisladas que no se conocían,
La posibilidad de que bigfoot se corresponda con Gigantopithecus sp. carece de fundamento, puesto que sólo un homínido ha colonizado el Continente Americano y ha sido el hombre en fechas recientes, unos15.000 años aproximadamente.
 Quedaría la duda en el caso de China y Vietnam. Los primeros fósiles de Gigantopithecus sp. fueron hallados en tiendas de productos de medicina china. Siendo tan grande la demanda para este tipo de medicina, que hubiese sido de esperar que de existir todavía Gigantopithecus sp. con vida, habrían sido capturados algunos ejemplares para darles este uso, y no es el caso. La existencia de osos tanto en estos países como en el resto de lugares donde se asegura la presencia de Yetis o Bigfoots, me hace pensar en que la confusión y la mala interpretación de los rastros es lo que da lugar a la leyenda, a la que se ha añadido algún mentiroso con ganas de hacer dinero y algún gracioso con ganas de reírse de los demás....