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viernes, 24 de noviembre de 2023

Por fin tenemos suelo.


 

Por fin tenemos suelo. Hace ya ocho años que comenzamos con este proyecto de nueva residencia para nosotros, los bichos que nos acompañaban y la habilitación de un refugio para otros muchos, tantos, que nunca sabremos quienes son. En mitad del mes de julio de 2015, llegamos aquí. Una casa vieja, que luego supimos que era antigua, y rodeándola, un campo de alfalfa muerta por la aplicación de un herbicida con el fin de que la planta se agostase y poder cosechar la semilla. Las primeras especies vegetales no vendrían hasta la semana santa de 2016. Planta en contenedor forestal. Lentiscos (Pistacia lentiscus), chopos negros (Populus nigra), chopos blancos (Populus alba), fresnos (Fraxinus angustifolia), almeces (Celtis australis), olivos (Olea sp.), moreras (Morus sp), tamarices (Tamarix gallica) y un rosario de pequeños arbustos fue el comienzo. Los chopos tenían alrededor de un metro de altura y un centímetro de diámetro, pero los lentiscos no llegaban a los 30 cm. Hoy, la situación ha cambiado mucho. Los lentiscos, alcanzan en algunos lugares más de dos metros y su envergadura llega ya a los tres metros de diámetro en algunos puntos. Algunos de los espinos albares superan los tres metros de altura y ya hay chopos con mas de 40cm de diámetro de tronco con una altura tan considerable que sostienen nuestro primer y maravilloso nido del pájaro moscón (Remiz pendulinus) hacia la mitad de su altura y cuya foto ilustra esta entrada.

Este año hemos sufrido el peor de los escenarios de sequía de los ocho años. El riego, siempre se realizó como es tradicional, a manta. Con la misma frecuencia que las alfalfas de los alrededores, con turnos de riego de diez días aproximadamente. Siempre se ha regado lo mismo. Hacia el tercer año, recuerdo que se espació el riego algo más, unos quince días en una ocasión y fue terrible. Defoliación, y apoyo con manguera desde el pozo para evitar la muerte por sequía. La hierba, se cortaba en turno también de unos diez días, dejando el corte en el sitio (mulching), pues en suelos que no han visto la materia orgánica en años, no se puede prescindir de nada. Fue necesario al principio el apoyo de árboles y arbustos con abono mineral, pues la tierra era estéril. También eso ha cambiado. En 2018 o 2019, dejado el suelo descansar, pusimos el huerto con la ayuda de la “mula mecánica” que nos dió la compañera Palmira. Es necesario aportar abono aquí, para lo que usamos el estiércol de nuestro pony “Pirata” mezclado con paja. Tengo un conflicto interior con el discurso de que los ríos llevan menos agua porque los árboles la evapotranspiran, ya que en mi bosque-jardin, lejos de ver que se consume más agua, lo que veo es que hay más agua disponible que antes. Es bien cierto que necesariamente una superficie foliar tan brutalmente grande como la que hay ahora en comparación con la que hubo en 2016, 2017 o 2018 debe evapotranspirar cantidades ingentes a la atmósfera. Eso se debería de traducir en un suelo más seco, pero regando lo mismo que siempre, es más, en estos dos últimos años menos que anteriormente por la menor disponibilidad de agua, el suelo está en general más húmedo. Entraré en este tema con otra entrada. De momento, me ciño al suelo.

Es el segundo año que en el huerto no movemos la tierra donde están los tomates y el primero que no lo hacemos con carácter general. La ahuecamos un poco con una horca recta, aportamos el estiércol por encima, realizamos los caballones con la tierra que aún es demasiado grumosa, tapamos con malla antihierbas y a plantar agujereándola. El resultado fue bueno el año pasado, y mejor en este. El año pasado, aún movimos la tierra en algunas partes. Se ha ganado mucho en la calidad del suelo del huerto, pero el resultado es espectacular en toda la finca. Ahora aportamos estiércol con paja en algunos puntos en los que el suelo se veía desnudo o con alguna hierba dispersa y ya se ha notado. Además de en esos lugares, ponemos estiércol en el pie de los frutales, para compensar la fruta que nos llevamos y en una banda donde los lentiscos van más lentos. Hemos notado, que los árboles plantados están un tiempo como en latencia. Cuando las especies herbáceas cambian aumentando la cantidad de dicotiledóneas y se cubre mejor el suelo, dan un estirón repentino y salen adelante. Ahora, cuando los chopos ya están grandes pasamos a poner especies más lentas y resilientes a la sequía debajo de ellos… sin prisa, de semillas. Así pues, vamos a probar con arce de Montpellier (Acer monspessulanus) cuya semilla me envió mi colega naturalista Eduardo, Edu Canfranc en las redes. Las bellotas de roble quejigo son de nuestros robles (Quercus faginea) y de carrasca (Quercus ilex) que hemos traído de Zuera. Aunque es tierra de pino carrasco (Pinus halepensis), no ponemos por el tema de la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) y los perricos. A los arces,  robles y encinas, aunque van justos de precipitaciones, en esta tierra siempre se les podrá apoyar con algún riego si hiciese falta aunque el escenario de la disponibilidad de agua cambie, como parece que va a suceder con la política agraria industrial que llevamos desde hace unas décadas, basada en la exportación del agua mediante la producción de productos agrícolas y ganaderos de forma intensiva.

Ahora, hemos puesto la verdura de invierno que se reduce a coles (Brassica oleracea) y borrajas (Borago officinalis), ya que las acelgas siguen de excursión y las dejamos pues, a su bola. Cuanto menos mantenimiento requiera la verdura, mejor. Tan sólo hay que poner defensas contra algunas especies de caracoles, la caracola degollada (Rumina decollata), la babosa gris (Deroceras reticulatum) y la caracola de peonza (Cochlicella barbara) que de tan abundantes no dejarían crecer a las coles al comerlas cuando aún son pequeñas. Para los caracoles, usamos trampas de cerveza, por la que sienten mayor pasión que los alemanes. Las hago como ví en la casa de Syvain Vanderesse, pero modificadas. Abajo, una foto de la caracola degollada.  Las babosas grandes comunes (Arion ater) no son tan abundantes como en casa de mi amigo Sylvain con lo que si vemos alguna la reubicamos y no necesitamos hacer el acceso a la trampa más grande.
La trampa, es como hemos dicho, una botella, como vemos en la foto de arriba, con una ranura que ronda el centímetro de anchura. Esto permite entrar a la caracola degollada y a las babosas, pero impide el paso a los caracoles adultos de las dos especies de caracoles de huerta que se encuentran de forma mayoritaria, el caracol de huerta (Helix aspersa) y el “caracol hembra" (Otala punctata)” que es como se llama aquí, aunque los caracoles, son todos machos y hembras a la vez. Los ejemplares muy jóvenes de estos caracoles pueden acceder, pero al ser la caracola degollada una especie depredadora, la verdad es que no hay otras variedades donde se dan tantos individuos de esa especie de caracola. Los días húmedos y cálidos que permiten la salida de los caracoles durante el día, se puede ver en directo como una caracola degollada mata y se come a un caracol pequeño de cualquiera de las otras especies.

También hemos de proteger el huerto contra los topillos (Microtus duodecimcostatus). Contra las actividades de los topillos, utilizamos “repelentes mecánicos”. Creo que leí en algún lugar que se usaba contra los topos, así que decidí probarlo con los topillos. Las varillas metálicas clavadas en el suelo con una lata de cerveza o refresco colocada en el extremo libre, son un buen remedio contra lso topillos, pues las evitan. Como tienen espacio de sobra, con que se vayan a otro lugar, tenemos suficiente lucha. La labor que hacen removiendo el suelo y abonando en profundidad con sus excrementos no resulta perjudicial en la pradera, y a mí se me antoja incluso beneficiosa. Son como “megalombrices”. Cuando amenazan un árbol joven o alguna planta que queremos proteger, ponemos una varilla con una lata y toman otra dirección, dejándolas en paz. Así pues, la lucha contra el topillo requiere tan sólo del esfuerzo de tomarse una cerveza de ver en cuando, y puede hacerse en compañía, con lo que la lucha contra el topillo se convierte en una actividad más lúdica que trabajosa. No sólo los caracoles van a poder beber cerveza... En la imagen, vemos como evitamos que los topillos entren en la zona donde está la verdura. En cinco o seis años que tenemos huerto aquí, los topillos no han osado rebasar las líneas defensivas de las varillas metálicas con las latas, y han sido desviados cuando veíamos que los montículos se dirigían hacia un árbol joven poniendo una varilla con su lata. Cuantos menos elementos del ecosistema deban ser retirados, mejor se darán todas las relaciones necesarias entre especies.

domingo, 20 de septiembre de 2020

TIEMPO DE SAPOS

 


 


                Por fin se acaba la “estación seca”. En el Valle del Ebro. Llevamos muchos días, meses pudieran ser sin que caiga una sola gota de agua. Con el otoño y los días que se acortan, también aparecen las “aguadas”, que es como llamamos en Aragón al rocío. Estas precipitaciones diarias y difíciles de cuantificar posibilitan que los anfibios como los sapos, que viven en entornos secos puedan estar activos durante la noche sin riesgo a desecarse y morir.

                En nuestra casa, junto al incipiente bosque y pradera van aumentando las especies silvestres que convivirán con nosotros. Murciélagos, pequeños pájaros como los gorriones molineros y comunes viven con nosotros. Otras aves mayores como las urracas, los cernícalos, mochuelos y lechuzas e incluso aves grandes como las garzas, o garcillas vienen a aprovechar el recurso alimenticio que son los topillos. Este año, hemos rescatado cientos de sapos corredores recién metamorfoseados de las piscinas y los hemos liberado en el terreno. Hemos visto como van conquistando el territorio saliendo de la finca libremente, aunque no sabemos que éxito tendrán en los alrededores

                Poco a poco van creciendo. No los observamos directamente, pero sí que vemos los indicios de su actividad. Principalmente sus excrementos. Su tamaño se ha duplicado e incluso triplicado en esta temporada, desde su suelta en primavera hasta hoy.

Los excrementos de los sapos, cuya foto encabeza esta entrada, son muy característicos. Algunas personas los confunden con excrementos de erizo. Aunque las dimensiones son muy parecidas en caso de sapos grandes, existen unos indicativos que nos permiten distinguirlos fácilmente. En primer lugar, aunque los dos contienen “caparazones” de insectos, si bien en el caso del erizo estos aparecen rotos por los puntiagudos molares típicos de un insectívoro, en el caso de tratarse de un excremento de sapo, que no posee dientes, las partes de los insectos aparecen sin romper.

Tanto en el caso del excremento de sapo como en el de erizo puede aparecer uno de los extremos puntiagudo, aunque en el caso del sapo esto es menos frecuente. Por último y como prueba definitiva, la consistencia del excremento de sapo es extremadamente frágil de modo que se desmenuza muy fácilmente, casi sin tocarlos o con una muy leve presión. Las hormigas suponen una muy importante proporción de la dieta del sapo, lo que permite diferenciarlos fácilmente de las egagrópilas de un autillo. En la foto se puede contemplar un excremento y debajo de él el contenido de otro desmenuzado.

El aspecto exterior del excremento de sapo puede variar siendo posible encontrarlos limpios y brillantes al ser su composición 100% insectos o puede aparecer una más o menos fina capa de tierra que los cubre por haber consumido también lombrices el sapo que lo expulsó.

           


         Pronto vendrán los fríos y los sapos se esconderán enterrados en el suelo. El seco verano pudieron pasarlo en refugios más superficiales, pero el invierno es más duro y hay que protegerse del frío. Practicarán un agujero que irán tapando al mismo tiempo que va aumentando de profundidad quedando sólo sin tapar la cámara donde invernarán. Esto hace que en los lugares donde se entierran no parezcan montículos como los que hacen los topillo o los mismos topos, ya que estos expulsan mucha más tierra al conservar libre la totalidad de la galería. El lugar donde se ha enterrado un sapo es perceptible tan sólo en un corto espacio de tiempo, pues pronto el suelo quedará sepultado por hojas o el aspecto del sitio quedará uniforme sin que pueda percibirse ningún indicio de su presencia. en la foto de la derecha, aspecto del túnel practicado y tapiado que ha dado paso a la cámara de hibernación bastantes centímetros más adentro. En la foto, es ese espacio de tierra removida del centro, justo bajo la fecha. El sapo, se entierra excavando con las patas traseras. De este modo, va girando, excavando y empujando la tierra hacia adelante y tapando el túnel ayudándose con las patas delanteras al mismo tiempo que va excavando con las patas traseras... 

        En la oscuridad de la tierra, en un lugar secreto como la tumba de un faraón, pasará el invierno y renacerá con las lluvias de primavera. Cuando perciba que son lo suficientemente abundantes y lleguen a su escondite, cavará para salir al exterior y comenzar un nuevo ciclo.

miércoles, 3 de junio de 2020

La vida y la muerte,

   
 Hoy he regado los árboles y arbustos. El campo que tenemos se recupera lentamente del uso agroindustrial al que se ha sometido durante muchos años. La materia orgánica era inexistente, convirtiéndose el suelo tan sólo en un lugar que sujeta a las plantas. Durante ya casi cinco años, la hierba se corta quedando el residuo en el suelo, como aporte orgánico. El suelo ya ha cambiado en gran parte de la superficie, siendo las lombrices quienes nos informan del progreso, puesto que de ser prácticamente inexistentes hemos pasado a tener muchísimas en las zonas "buenas". Todavía hay sitios donde no hay ni una, y eso se nota incluso en la hierba en esas zonas, que es escasa.


El riego trae la vida a la hierba, los arbustos y los árboles. Brotan sus flores y sus frutos proporcionarán las semillas que perpetuarán a las diferentes especies. El riego es el tradicional, a manta. Es así desde que lo hicieran los musulmanes cuando el paraje se denominaba Al-Mamblas, hace mil años. El agua también atrae a visitantes que quieren alimentarse de los insectos que se mueven con el agua y las lombrices que suben a la superficie. El agua inunda los túneles de los topillos (Microtus duodecimcostatus) que salen nadando a refugiarse en los ribazos de la periferia para volver al campo cuando el agua recupera su nivel.
   



 Algunos de estos topillos no tienen suerte y no se ponen a salvo a tiempo. Para aprovechar el aporte energético que suponen como alimento, acuden a porbar si pueden coger alguno cigüeñas (Ciconia ciconia), garzas reales (Ardea cinerea), garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), cernícalos (Falco tinnunculus), cornejas (Corvus corone)... incluso las urracas (Pica pica) que ya han instalado su nido en uno de nuestros chopos negros (Populus nigra), hacen uso de los topillos para alimentar a sus polluelos. Hoy he tenido suerte y he podido fotografiar a una urraca o picaraza, como la llamamos donde vivo con un topillo capturado.
 


 
Pero no sólo trae muerte para los topillos el agua del riego. Es cierto que algunos son capturados, pero la población se mantiene desde hace cinco años. El agua hará crecer la hierba fuerte y proporcionará el alimento necesario para que los demás topillos sobrevivan y tengan alimento suficiente. Si los depredadores no vinieran a comerse a algunos de los topillos la población crecería tanto que sería un problema y comprometería la subsistencia de la hierba. Así, los topillos no son perjudiciales, ya que remueven la tierra como hacen las lombrices, mezclando las capas inferiores del suelo con las superiores, además de que fertilizan la tierra con sus excrementos y orina, devolviendo a la tierra lo que extraen de ella al alimentarse con las hierbas y raíces.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Verano con zorritos....

Este verano ha sido un verano de lujo. La casa avanza poco a poco, pero nos hemos permitido dos escapadas a Ordesa. La última a principios de noviembre con el objeto de mostrarle a Torjus, un chico noruego que nos vino a visitar, el valle de Ordesa. Le llevamos desde la pradera de Ordesa hasta las Gradas de Soaso. Un paseo que marcaba mi límite por el dolor de la rodilla. Pero bien. hacía 27 años que no las veía.
Pero la historia de esta entrada era otra. Hace muchos días que no voy al monte a ver animalicos. las obras me atrapan todo el tiempo libre. Pero este verano no ha hecho falta. A poco más de 300 metros de casa, en un ribazo (que es una zona elevada con hierbas que separa dos campos) entre panizos (campos de maíz), se acercó una zorra que haciendo un hueco poco profundo trajo al mundo dos cachorrillos de zorro o zorreznos.
Un día, Belén que había llevado a pasear a Lía, nuestra perrica, vino diciendo que había visto dos zorros en un campo al lado de casa. Y que al menos uno de ellos parecía joven y desgarbado. Al transcurrir los días los veíamos con más frecuencia, y tras unas semanas, siempre. Eran dos. No se alejaban mucho de su zorrera, pero estaban siempre en las inmediaciones, en el ribazo, que lindaba con un campo de alfalfa y que estaba orientado al sur. Desde bien temprano se les veía holgazanear y calentarse al sol, y los últimos días que los vimos podíamos quedarnos viéndolos con todo descaro sin que se ocultaran. Tanta curiosidad tenían ellos como nosotros.
No faltaron gallinas por los alrededores y se alimentarían, supongo, sobre todo de topillos, que son ahora muy abundantes en la zona, pese a ser unos animales que antes no existían aquí.
Cunado fuí ha hacer la foto al lugar que ocuparon, días después de que se hubiesen ido a hacer su vida, la zona ya había sido destruída por los tractores. En la foto adjunta, os muestro un ribazo semejante al que vio nacer a nuestros zorrillos, y encabezando la entrada, un zorro que no es el de esta historia, pero sí unos que nos dejaron perplejos. Se trata de los zorros que habitan el zoo de Gramat en Francia y que tienen por costumbre dormitar sobre los árboles. Las afiladas uñas y la agilidad de los zorros les permiten subir a las ramas de algunos árboles donde descansan a salvo de sus depredadores.
Espero que este año que viene la zorrita venga de nuevo a traer al mundo a sus zorreznos aquí donde estaremos encantados de recibirlos, aunque estemos más pendientes de cerrar el gallinero por la noche... De momento, sabemos que más o menos a las 7:30 de la tarde es posible verla todavía algunos días campeando al abrigo de la noche, aunque no sabemos donde se refugia durante el día...

domingo, 29 de octubre de 2017

La generación espontánea...

               
Hace muchos años ya que se sabe que los seres vivos no aparecen por generación espontánea, aunque algunas veces de esta impresión. Tras las últimas lluvias, de nuevo en los charcos aparecen estas criaturas. Se cuentan por miles y llegan a formar manchas flotantes de color negro de dimensiones variables. Al ser tan pequeños, el resto del año no se repara en ellos, y cuando pueblan los charcos en cantidades ingentes parece que surgen de la nada. La bibliografía dice que viven en las orillas de charcos y estanques, pero en el caso que nos ocupa es diferente. Lleva varios meses sin llover y no hay agua cerca en la que puedan desarrollarse, por lo que deben de habitar en conductos oscuros de las acequias donde hay humedad constante entre riego y riego, pues no baja siempre agua y llegan a secarse. Sí que es cierto que este otoño han sido mucho menos abundantes que otros, pero si pensamos que viven ligados a ambientes húmedos no es de extrañar. Se tarta de Podura aquatica, un colémbolo. También se los conoce como saltarines o saltones, debido a una formación especial que tienen bajo su cuerpo, que se llama furca y que puede catapultarlos en un salto considerable.

             

   He leído de otras personas que los han encontrado también en charcos tras las lluvias en bosques húmedos y en primavera, pero yo siempre que los he visto ha sido en otoño, quizá porque en Zaragoza es en otoño cuando se dan estas condiciones de mayor humedad.







Imagen con más detalle de un juvenil de Podura aquatica procedente de wikipedia Commons

domingo, 1 de octubre de 2017

Adios maíz... o lo que seas!

Por fin llega el tiempo de la cosecha y se lo llevan. En Aragón miles de seres extraños nos acechan en los cultivos. Son iguales que el maíz. Se elevan desde el suelo como el maíz, producen semillas como el maíz, su planta se seca como el maíz, y finalmente se cosecha como el maíz. Se trata del maíz transgénico. Un ser vivo producido por ingeniería genética que está compuesto de la mezcla del ADN del maíz y del ADN de una bacteria Bacillus thuringiensis. En este caso concretamente de una variedad tóxica para las orugas de los lepidópteros. Las mariposas.
Los defensores y productores de este ser vivo, aseguran que no es peligroso, y que tan sólo se trata de maíz. Pero es un ser vivo nuevo, como ellos aseguran, ya que puede ser objeto de patente. Es un ser creado por ellos. Aseguran que en la naturaleza se dan casos parecidos, pero el hecho es que este no se da.
Por precaución, está autorizado este cultivo con el único objeto de servir de alimento al ganado. Pero soltar un ser vivo en la naturaleza tiene sus riesgos, puesto que una vez afuera nosotros ya no lo podemos controlar. En 2000, la empresa Kraft, que produce tortillas de maíz para comida mejicana, tuvo que retirar del mercado miles de estas tortillas al presentar en su composición maíz transgénico no apto para consumo humano.
En España, y concretamente en Aragón se han documentado contaminaciones en maíz convencional en Villa nueva de Gállego y ecológico en Sariñena, donde el cultivo ha sido declarado no apto como ecológico y el agricultor no ha sido compensado. En muchos casos los agricultores optan por no sembrar ecológico, y aquellos que insisten retrasan la plantación para que no coincida la época de polinización y evitar la contaminación.(V. Gonzálbez et A.Bello 2004)
En los campos que rodean mi casa, convive el maíz convencional y el transgénico, que ocupa mayor extensión. El maíz convencional se separa por la linde del campo, y los productores de maíz transgénico se supone que siembran en los linderos maíz convencional para aumentar la distancia. (datos de los agricultores).
Si bien el departamento de agricultura y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria sostienen que el polen de maíz es relativamente pesado y aunque es transportado por el aire no alcanza grandes distancias, los resultados de los estudios sobre distancias recorridas por el polen de maíz impulsado por el viento (Hofmann et al. Environmental Sciences Europe 2014.) han registrado dispersiones de más de 4 km. La frecuencia de vientos en el entorno de Zaragoza (según datos de AEMET,   prácticamente no hay un sólo día en el que no sople al menos una leve brisa) hacen que sea difícil de creer que el maíz destinado a consumo humano no contenga trazas o esté contaminado por maíz transgénico. Existen ya estudios que hablan de la imposible coexistencia de ambos cultivos. (Altieri M. A. The myth of coexistence: why transgenics crops are not compatible with agroecologically based system of production. Buletin Sciencie Technology & Society, vol 25.)
El objeto del maíz convencional es fabricar productos para alimentación humana, y el del transgénico piensos. Pensar que el maíz trangénico no va a entrar en la cadena de consumo humana, es como mínimo un acto de irresponsabilidad. Aún en el supuesto de que los productos no fuesen perjudiciales para la salud, el hecho de que no figure en el etiquetado "puede contener trazas de maíz transgénico" hace que el etiquetado sea defectuoso, pues el cliente no puede decidir.
El maíz se procesa para obtener almidones, glucosas, harinas, fructosa... el hecho de usar maíz procedente de España, concretamente de Aragón o Cataluña, máximos productores de maíz transgénico, hace que hoy por hoy en mi familia no consumamos productos que contengan estos ingredientes, porque queremos elegir como consumidores, lo que equivale a renunciar a margarinas, mahonesas, embutidos...
Además si añadimos el caso de la soja producida en el extranjero, y los tratados de libre comercio firmados o por firmar en Europa, tampoco el consumo soja asegura que no sea un cultivo contaminado. Hoy por hoy,  en cuanto a derivados del maiz y la soja, mientras no cambien las posturas agrícolas,  solo se tiene garantías consumiendo ecológico. 




viernes, 16 de septiembre de 2016

El rastro del aguililla calzada

Sabéis que me quejo a menudo de que no voy al monte desde hace tiempo. No obstante, cerca de casa se puede tener la ocasión de contemplar algún que otro episodio que se sale de la rutina y que vale tanto como una visita al medio natural.
Tras una mañana de transportar material de construcción, volvíamos a casa sobre las 13:00 horas. A nuestra derecha, en un campo que había tenido trigo y ahora estaba en barbecho, un aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) acababa de capturar una paloma bravía o doméstica (Columba livia). Reducimos la velocidad. El águila (detesto ese nuevo nombre de aguililla), paró de comer. Nos miró y cuando superamos el lugar donde se encontraba volvió a alimentarse.
Llegué a casa, cogí la cámara fotográfica, los prismáticos y me fui a las proximidades del lugar donde se encontraba el águila sin que ella advirtiera mi presencia. El ave seguía comiendo a su ritmo. Paraba de comer de vez en cuando. Miraba a los lados, hacia el cielo... en el suelo es vulnerable y no puede abstraerse totalmente de lo que ocurre a su alrededor. Comer es una actividad de riesgo. Veía como sujetaba la comida con sus garras, y como tiraba con fuerza para despedazar la presa... el tiempo pasaba y parecía que no iba a acabar nunca. Tras desplumar a su presa, agitaba su cabeza para quitarse las plumas del pico. Cuando acababa con un pedazo, caminaba por los alrededores en busca de lo que quedaba. Incluso las patas, tan correosas que le costaba un gran esfuerzo tirar de ellas para despedazarlas. Finalmente no quedó nada salvo un hueso grande, el húmero y los intestinos rodeados por las plumas. Todo ello durante unos interminables 40 minutos cuyo desenlace el aspecto de un desplumadero de águila calzada. Tan sólo un manto de plumas, arrancadas una a una y una pequeña zona ensangrentada donde ha despedazado a su presa queda tras la comida del águila calzada.


Por fin, cuando ya dejó de comer salí y ella comenzó a volar. Se advertía el buche completamente lleno con la paloma. Lamentablemente mi cámara no me permitió sacar fotos decentes del águila pese a estar muy cerca, de modo que en el encabezamiento he puesto un dibujo a lápiz que hice hace un montón de años...




Aquí abajo pongo una foto del águila... como podéis comprobar sale muy pequeña. Pero no puedo ofrecer imágenes mejores.


viernes, 29 de mayo de 2015

El críalo... quien a hierro mata, a hierro muere.

           

             Hace poco he tenido una experiencia de esas que recuerdas el resto de tu vida. He salido a recoger un material que llevaba en el coche tras dar una charla en el Instituto de Formación Profesional de Movera, cuando a poco más o menos un metro de mi pie ha salido volando un pollo de críalo (Clamator glandarius). Justo había hablado de él con un alumno del instituto esa misma mañana en un descanso de la charla.
            Ya me había dicho Alicia, la madre de Belén, que es la mujer que sufre mi aficción, que había visto como una picaraza (Pica pica) le daba de comer a un pájaro que no era otra picaraza y que había buscado en la enciclopedia una foto de cuco (Cuculus canorus), pero que no era igual.
            Hace años que vi el primer críalo por los alrededores de mi casa, y llamó mi atención debido a lo estridente de su canto. Algunos años más tarde, vi como lo que sería segurtamente un macho de críalo llamaba la atención de una pareja de picarazas o urracas de forma grosera y deliberada con el fin de provocar su persecución. La hembra aprovecha este momento para ir al nido, y poner uno o varios huevos.


           Es paradójico que esa misma técnica sea usada por la pareja de picarazas para robar los huevos de palomas y tórtolas. Varias veces he podido contemplar a las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto) persiguiendo de forma desesperada a una urraca mientras la otra se acerca con sigilo al nido desatendido. Hay un dicho en España que dice: “quien a hierro mata, a hierro muere”. Quiere decir que el destino castiga de igual modo los comportamientos de cada uno. La urraca, experta en robar los huevos de otras aves mediante el engaño, es víctima de ese mismo juego pero el resultado es más cruel incluso. Los huevos que saquean las urracas serán repuestos por sus padres, pero la urraca, pierde los huevos puesto que sus polluelos morirán y además hace un gasto energético considerable no en reponer sus huevos, sino en sacar adelante los polluelos de otras aves.  
     
             Los hijos legítimos de las urracas, mueren de hambre, ya que la pesadez extrema del críalo exige tanta atención de los padres adoptivos que estos se ven obligados a dejar morir de inanición a los hijos propios en un reflejo producido por el inevitable instinto de sacar adelante a los pollos que piden comida con un lastimero grito y una boca de provocativo color rojo contra la que no puede rebelarse el instinto de cria.

jueves, 29 de mayo de 2014

Cáscaras de nuez en el campo.

           
 Ocurre no pocas veces, que en nuestros paseos por la naturaleza o los parques encontramos restos de frutos secos. Todos recordaréis aquella vez en la que visteis una nuez abierta en el suelo. Aparecen las dos mitades aproximadamente juntas. Abiertas con una gran limpieza, no percibiremos ni una sóla marca. Estas dos mitades de cáscaras de nuez aparecen en caminos, parques, sendas… en cualquier lugar ya sea este destacado o no. En principio, pensamos que alguien se ha comido una nuez en un lugar raro y nos parece extraño que sólo se hubiese comido una y que no hubiese buscado una piedra para abrirla.
            Los autores de estos rastros son las urracas y otros córvidos. El procedimiento de apertura es sencillo y muy efectivo, pero difícil de creer si no se ha visto en directo. La urraca, llega de algún lugar con una nuez en el pico. En un lugar que parece elegido al azar, se posa en el suelo y sujeta la nuez entre sus patas. De un certero picotazo (sólo de uno en los casos que lo he visto), abre la nuez en dos mitades perfectas. Con el pico hurga en el interior y consume el contenido. Por mucho que tras que se haya ido la urraca revisemos la nuez, no podremos advertir el lugar en el que ha dado el picotazo. Es sorprendente. Y lo he hecho en varias ocasiones.

           



No siempre las urracas consumen las nueces. Algunas veces las esconden en agujeros, nidos u otros lugares inverosímiles para ir a buscarlas cuando tengan hambre y no encuentren nada mejor. En una ocasión mis compañeros de trabajo trajeron una nuez que había germinado dentro de un aspersor de riego del césped. Les dije que una urraca la había escondido allí y fuimos al sitio, colocamos la nuez de nuevo e hicieron fotos con el móvil (foto derecha). Cuando veáis un nogal que nace en un lugar aislado o raro, o incluso en una maceta de vuestro jardín a decenas o cientos de metros de un nogal, tenéis que pensar que una urraca ocultó allí una nuez que posteriormente olvidó y que llegó a germinar.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Un desayuno de documental. (La paloma, el halcón y el milano real).

Ayer, sábado tuve un desayuno de lo más interesante. Me levanté algo tarde, sobre las 10:00 y mi hijo Quique vino pronto a decirme que un gavilán (Accipiter nisus) había cazado una paloma doméstica (Colomba livia) en el campo de maíz que hay enfrente de mi casa, que ahora está cosechado. El gavilán estaba sobre una torre del tendido eléctrico y la paloma yacía en el otro extremo del campo. Las urracas, desde la higuera que tenemos en casa, no paraban de hacer ese ruido parecido a una carcajada que emiten cuando un depredador ronda por los alrededores y que suelen frustrar cualquier posibilidad de caza, ya que avisan a todo el vecindario.
Me parecía algo grande el ave para ser un gavilán, y por eso he ido a por los prismáticos. Enseguida he visto que no se trataba de un gavilán, sino de un halcón peregrino o común (Falco peregrinus). Sus bigoteras negras, familiares a cualquiera por la fidelidad con que los egipcios las reflejaron en sus dibujos y esculturas del dios Horus eran inconfundibles.
Al cabo de un rato, el halcón  ha recuperado su presa y se la ha llevado al extremo opuesto del campo, lejos de las impertinentes urracas que no se atreven a salir de la seguridad del árbol para importunar la comida del halcón. Durante un buen rato, hemos contemplado como el halcón desplumaba y se alimentaba con la paloma. Pensaba yo, acercarme al lugar del desplume para hacer una foto y con las imágenes de los restos hacer una entrada al blog, pero un milano real (Milvus milvus) ha decidido que el espectáculo se iba a terminar.
Yo sabía que si el halcón abandonaba la presa, la distancia que me separaba del lugar del desplume, aunque no era mucha, no serviría para que el milano abandonase la presa al verme salir. En una ocasión he visto a un milano real recoger un cadáver de la carretera a escasos metros de los coches que circulaban.
El milano ha acosado al halcón, que ha levantado el vuelo con la paloma entre sus garras. Esperaba que se la hubiese llevado a lo alto de la torre de alta tensión, pero ha preferido emprender el vuelo en otra dirección, y acosado de cerca por el milano se ha perdido en el horizonte. Y así ha terminado el desayuno. A pesar de todo, he ido a fotografiar los restos para compararlos con los de otras aves rapaces, y sólo os puedo relatar lo que ha quedado, pero claro, al desaparecer la presa no puedo mostraos imágenes más claramente identificativas.
En las fotos, podemos advertir primero, que ha desechado los intestinos. En el caso del ataque de un gavilán, el paquete intestinal seguía dentro del ave, ( ver entrada la presa del gavilán) y en el caso del aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), éste había desaparecido junto con todo el resto del cuerpo, quedando sólo las plumas (ver entrada rapaces distribuyendo semillas). En ambos casos tenéis una entrada en este blog de un ataque a palomas.
También podemos advertir que ha desplumado la cola al completo, pues se ven en el desplume todas las rectrices, y que ha desplumado en parte las alas, pues las plumas rémiges secundarias aparecen más o menos cerca del desplumadero. Al hacer viento y ser las plumas grandes, son arrastradas con facilidad. La cabeza no ha sido separada del cuerpo todavía, lo que diferencia este escenario del que queda tras un ataque de gavilán.
En otras ocasiones, lo que he encontrado es el esqueleto del tórax completo con los huesos de las alas en conexión (articulados) y sólo las rémiges primarias presentes. La cabeza no estaba. He visto como la cabeza era desechada incluso en el caso de presas del tamaño de un gorrión común.

Quiero destacar la presencia del contenido del buche, que al igual que hizo el aguilucho lagunero, aparece desgarrado. En este caso se trata de trigo que a buen seguro ha obtenido del molino de Montañana. Me permito recordar una cita de Charles Darwin, de su libro “El origen de las especies”. Concretamente del capítulo 12, Distribución geográfica y del punto que habla de los Medios de dispersión (de las plantas). “… el buche de las aves no segrega jugo gástrico y no perjudica en lo más mínimo la germinación de las semillas, según he averiguado experimentalmente. Ahora bien; cuando un ave ha encontrado y ha ingerido una gran cantidad de comida, se ha afirmado positivamente que todas las semillas no pasan a la molleja antes de doce o diez y ocho horas. En este intervalo, un ave puede fácilmente ser arrastrada por el viento a una distancia de 500 millas, y es sabido que los halcones buscan las aves cansadas, y el contenido de su buche desgarrado puede de este modo esparcirse pronto.” No es esta la primera vez que veo en el monte hechos que figuran en este magnífico libro, y aunque sé que ocurren, siento una especial satisfacción cuando puedo fotografiarlos.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Las termitas.

La actividad de las termitas pasa inadvertida para nosotros. Ellas, viven en un mundo de oscuridad y humedad bajo nuestros pies y es difícil encontrarlas allí. Se alimentan de madera. Tanto de árboles muertos, como de restos de maderas, como de árboles que permanecen vivos.
Nunca podremos observar una termita a la luz del día si no rompemos parte de su termitero. Generalmente, un golpe de viento que parte una rama, la tala de un árbol o la retirada de un trozo de madera que descansa sobre el suelo nos mostrará su actividad y a unas obreras que inmediatamente procederán a esconderse. La madera aparece roída en su parte interior formando complicadas galerías, pero no habrá ni un sólo agujero al exterior. La actividad se da tan en la oscuridad que en el caso de árboles que permanezcan en pie nada hace pensar que su interior está hueco y que ha sido comido por las termitas. En el caso de tratarse de árboles que viven en los parques esto es grave, puesto que las grandes ramas pueden ser partidas por el viento y caer sobre las personas que transitan por debajo de los mismos.

Cuando retiramos la madera o la rompemos para ver su interior, aparecen una especie de hormigas (no son hormigas ni están emparentadas con ellas) de color blanco. Son las obreras. Al poco tiempo, aparecerán los soldados, que tienen la particularidad de poseer una cabeza desproporcionadamente grande, roja y armada con poderosas mandíbulas. Ellos saldrán al exterior para defender el termitero entregando su propia vida.

Generalmente, en las casas son los marcos de las puertas, que están en contacto con el suelo y los marcos de las ventanas los que se verán atacados por las termitas, pero no hay que olvidar que la madera del tejado descansa sobre las paredes de la casa, y las termitas pueden construir galerías por el interior de las paredes para acceder a ella.
A pesar de que la madera no esté en contacto con el suelo, las termitas son capaces de encontrarla. Cuando la madera está a una cierta distancia del suelo, construyen túneles de barro durante la noche para acceder a la madera desde el interior de la tierra evitando el contacto con la luz. Una vez establecido el contacto, la madera será troceada y enviada al corazón del termitero subterráneo.
La madera, sin embargo, no puede ser digerida directamente por las termitas. Unos protozoos que viven en el interior de sus aparatos digestivos les permiten hacerlo. La madera, debe ser digerida por los protozoos para que pueda alimentar a las termitas, y por ello las obreras alimentan al resto de la colonia boca a boca. Es una forma de alimentación conocida como trofalaxia.


En el interior del termitero es donde se encuentra la reina, que se ha convertido en una máquina de poner huevos y que no puede desplazarse debido a que su abdomen adopta un tamaño gigantesco. En el caso de esta foto, que corresponde a una caja que utilizo en mis exposiciones, el abdomen está fabricado en arcilla y pegado a medio adulto alado, ya que no es posible ni razonable recolectar una hembra. Las manchitas negras del abdomen corresponden a la parte dura de los segmentos abdominales y la parte blanca sería el tejido que existe entre los segmentos que es tremendamente flexible.

Las obreras limpian, y retiran los huevos que pone esta reina, y posteriormente alimentarán a las larvas.
Las obreras pues, son las que realizan todas las tareas de la colonia y son las termitas que veremos al romper una parte del termitero. Como ya hemos dicho, su color es blanco y su caparazón quitinoso no es demasiado duro. Es por ello que han de vivir en un entorno húmedo, pues se desecan fácilmente. Es por eso que los ejemplares disecados se deforman enseguida, pero estos sólo son utilizados con fines divulgativos en mis exposiciones.
En la foto de la derecha vemos como el Anthrenus sp. o escarabajo de las colecciones se ha "merendado" tres de mis obreras que habré de reponer antes de realizar una nueva exposición... os tendréis que conformar con observar a la que queda.




Además, como ya os he contado, existe la casta que denominamos de soldados, con fuertes mandíbulas y cabeza de enormes proporciones donde se alojan los músculos necesarios para moverlas. Son ciegos al igual que las obreras.






 Por último unos individuos alados que son machos y hembras funcionales y cuya misión es realizar el vuelo nupcial para formar una nueva colonia. Cuando encuentran un lugar apropiado, se desprenden de sus alas y copulan, de modo que la hembra pronto comenzará a poner los huevos de los que saldrán las primeras hembras con las que formar una nueva colonia.






En las fotos adjuntas, hemos podido observar la labor de las termitas en la madera de algunos árboles. En este último caso se trata de un platanero que vive en la piscina municipal donde trabajo. Hace tres años, apareció una descortezadura pequeña, de un diámetro de unos cuatro centímetros. Las termitas, que ya han comido gran parte de la madera del tronco se pueden ver si retiramos la corteza que se desprende fácilmente. Las termitas, que se pueden ver a simple vista tras la retirada, se esconden prontamente huyendo de la luz, por lo que es difícil fotografiarlas. 

martes, 30 de abril de 2013

El tejón sorprendido.


           
 El sábado pasado, cuando regresaba a casa por la noche, tuve la suerte de ver un tejón. Estaba en una acequia de barro, de las pocas que ya no están recubiertas de hormigón, y seguramente estaba comiendo cangrejos de río. Al ver las luces del coche, el animal salió de la acequia y se puso a correr delante del coche. En ese momento, yo no sabía lo que estaba viendo, debido a que es el primer tejón que veo a 300 metros escasos de mi casa. Fue Belén la primera que dijo: ¡un tejón!. Entonces el animal tomaba la última curva antes de llegar a casa, y es allí donde se vió claramente el típico antifaz que cubre su cara.
Al día siguiente, me fui al lugar donde habíamos visto al tejón con la idea de sacar unas fotos del lugar, de cómo había sacado a los cangrejos de sus guaridas y de cómo había dejado los restos. Había agua en la acequia y no pude hacer esas fotos, por lo que como premio de consolación pondré la foto de la huella de una mano.
             En ella se aprecian las almohadillas de sus cinco dedos y la marca de cuatro de sus largas uñas. Estas potentes garras le permiten cavar con gran facilidad. Esta capacidad de cavar, le permite alimentarse de larvas de avispa como podéis ver en la entrada "El azote de las avispas". En esta huella también se aprecia la marca de su “talón”, que corresponde a la almohadilla carpiana o de la muñeca. El pie del tejón deja una huella similar, sin marcar nunca talón porque no tiene, ni uñas tan largas, puesto que las uñas traseras son de una longitud más acorde con la del resto de animales.

martes, 5 de marzo de 2013

El secreto de la mantis


            En la mayoría de las obras editadas sobre huellas y señales de animales, se hace referencia mayoritaria a las señales producidas por los mamíferos. Las aves, al ser más fácilmente visibles e identificables en el campo, son menos atendidas en estos libros, si bien las señales que aparecen en el suelo del bosque o sobre los árboles son muchas veces producidas por las aves. Hay no obstante buenas y completas guías de señales producidas por aves. Pero es en cuanto a las señales que muestran la presencia de los más pequeños animales como los insectos las que menos aparecen en la bibliografía. En los casos mejor ilustrados, se trata de guías de identificación de “daños en vegetales”, y por ello las especies que aparecen en estas completas guías son aquellas que afectan a plantas de “interés para el hombre”, es decir aquellas que tienen un valor económico. Tal es el espectro desde el que el hombre  contempla hoy la naturaleza que nos rodea. Un aspecto meramente económico.
            Los naturalistas, disfrutamos tanto con la degustación de un fruto como con la contemplación del maravilloso comportamiento de la mosca de la fruta  Ceratitis capitata, (tratada brevemente en la entrada "Los maestros del teatro", en El naturalista en casa) a pesar de estar declarada en busca y captura por los desperfectos económicos ocasionados en los frutos. Cada cosa que “no está en su lugar” llama la atención y curiosidad del naturalista, que pervive con la misma intensidad que en la época infantil. Un naturalista, al fin y al cabo, es un individuo “neoténico”. Entendemos como neotenia al proceso que provoca que algunos animales lleguen a la edad adulta con características propias de su vida larvaria-juvenil. Un naturalista pues, llega a la edad adulta con la curiosidad de un niño intacta si no es acrecentada.
            Todo esto viene a razón de los indicios que hoy trae El Grumete en esta nueva entrada. Todos aquellos que por cualquier circunstancia habéis movido piedras en el monte o en el huerto recordaréis la estructura que aparece en esta foto. La respuesta a la pregunta ¿qué es? que algunos os podéis haber hecho es la siguiente: una ooteca de Mantis religiosa.
            La mantis religiosa es el insecto que encabeza esta entrada, y que muchos habéis tenido la fortuna de contemplar en la naturaleza, si no esta especie en concreto sí que alguna otra. La ooteca, es una estructura especial que alberga todos los huevos de una misma puesta del insecto. Cada una de las especies suelen elaborar ootecas que si bién pueden ser más o menos grandes según la cantidad de huevos de cada puesta, en su aspecto externo identifica a cada especie en concreto. El fundamento de la elaboración de este tipo de puesta es la protección de los huevos. La ooteca está elaborada con una secreción producida por la hembra que es agitada mediante los cercos (par de apéndices cortos del abdomen) de modo que presenta la consistencia de una espuma con numerosas burbujas de aire englobadas (como una clara de huevo batida a “punto de nieve”). Cuando esta espuma solidifica queda como véis en la foto, y se parece a la espuma de poliuretano que se utiliza para aislamiento térmico en construcción. Dentro de la ooteca están todos los huevos protegidos de las inclemencias del tiempo, del exceso de humedad y de algunos depredadores hasta la primavera siguiente, de modo que la nueva generación de mantis pasa el invierno en estado latente, como si de semillas vegetales se tratase.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Las otras señales del pito real


            Como estamos viendo a lo largo de las entradas de este blog, algunas huellas o algunos excrementos son tan típicos de algunos animales que fácilmente podemos identificar al autor de cada uno de esos rastros.
            Esta característica de tener un excremento de forma característica no es sólo patrimonio de los mamíferos, sino que algunas aves también poseen esta cualidad. Una de estas aves es el pito real (Picus viridis).
            Gran parte de la alimentación del pito real en nuestros bosques de ribera o en nuestros campos se basa en el consumo de hormigas. Al pie de los árboles que frecuenta o incluso bajo los postes de madera del tendido eléctrico o telefónico podremos descubrir sus característicos excrementos de dos colores. El color blanco se debe al alto contenido en urea, pues se trata de la orina pastosa típica de reptiles y aves, y que es la parte del excremento que se expulsa en primer lugar. Poco a poco torna al negro en el otro extremo, el último en salir y que está compuesto por caparazones de hormigas. Entre el blanco y el negro, se produce un degradado gris que se debe a que cada vez, hay menos cantidad de urea en el excremento hasta que esta desparece en el punto final donde sólo quedan los caparazones de las hormigas. Tan característico como su color es su forma de bastón con el extremo blanco girado. Son estos excrementos fácilmente deleznables y están compuestos de forma casi exclusiva por quitina de insectos, en su mayoría hormigas como ya he dicho anteriormente.

sábado, 27 de octubre de 2012

El azote de las avispas


            A pesar de la fama que los osos tienen como expoliadores de panales, los tejones no lo son mucho menos. No es raro que en el campo nos topemos con los restos no ya de una colmena sino de un avispero roto por el tejón para alimentarse de las larvas y ninfas de las avispas. Su tupido y característico pelaje lo mantiene a salvo del aguijón de estas, y las tremendas garras de sus manos, similares a las que los osos presentan salvando la distancia de su menor tamaño, convierten a este animal en un especialista. El aspecto del avispero saqueado es el de la foto anterior, y el del agujero de acceso la siguiente fotografía.
            Estos avisperos que el tejón desentierra, no son los pequeños avisperos típicos que todos conocemos, sino que son los grandes avisperos de la avispa común y que cuentan en ocasiones con 9000 individuos. El avispero es construido en el suelo, donde las avispas vacían una gran caverna donde construyes el panal. El conducto que conduce a su interior es del mismo diámetro que el que realizaría un topillo. Del interior emana el zumbido de la actividad de miles de avispas. El número de estas avispas es considerable, por lo que si por error provocamos su ira las consecuencias pueden ser malas.
    

        El avispero que os muestro en esta última fotografía había sido ya abandonado. Fue excavado durante el invierno, pero ese mismo año, durante la primavera hizo que la senda en la que estaba fuese intransitable. Ver a un ratón entrando por el mismo agujero que meses antes era un continuo entrar y salir de avispas me animó a abrir el interior y echar un vistazo. Aquí tenéis lo que reveló el interior. El tamaño de la cavidad podría haber albergado un balón de baloncesto sin problemas, para que os hagáis idea de su tamaño. El avispero, en su origen está suspendido de las paredes, o del techo mejor dicho, y no tocando el fondo como se ve en la foto.