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sábado, 15 de agosto de 2026

Tras el incendio, el bosque sigue siendo un bosque.

 


A la pregunta de ¿que es lo que se ve ahí? en la foto que encabeza esta entrada, las personas contestan diferentes cosas. Unas dicen “un bosque quemado, o un incendio”. Otras, dicen “un bosque quemado y unas patatas”. Otros “un desastre”. Otras, ven un "aporte de comida para la fauna". En este caso, no sabemos si con el fin de "cuidar" a los animales como se hace en la colonias felinas, o para sacudirles un tiro un poco más tarde en la temporada de caza. Una vez cometida esta atrocidad, poco importa que se les pegue un tiro después o no, ya que es un disparate igualmente. Lo que ahí estamos viendo literalmente es un bosque con basura.  

¿Que necesidad tenemos de tirar patatas u otras cosas en un quemado?. Si vemos esto en medio de la calle, llamamos al servicio de limpieza. Porqué nos parece bien tirarlo en el monte y pensar que hacemos algo bueno?. Ninguna. Pero es que quien lo hace cree que está haciendo otra cosa. En un incendio hay mucha comida. Muchísima. Pero no es comida para los animales que vivían en el bosque antes del incendio. Del mismo modo que el bosque en verano no tiene la misma comida que en invierno, el bosque tras un incendio no tiene comida para los animales que había antes del incendio.  Intentar mantener en el quemado especies del bosque cuando no se había quemado, es una barbaridad. Primero, porque se atraen animales a un lugar que al no serles propicio, no van a tener comida en un tiempo con lo que ejercerán una presión excesiva en la tierna vegetación que brota tras el incendio en su periodo de recuperación.  Y segundo, porque patean el suelo cuando más frágil está y lo que brote en primer lugar se lo pueden comer, comprometiendo la regeneración. Guste o no, es una medida animalista, más del ámbito de una religión que de la ciencia, y eliminar o no parte de ellos después mediante la caza, no cambia el hecho de que se sea una insensatez. Destruye una parte muy sensible del bosque en el peor momento.  Aunque es bien cierto que el bosque no parece ser un ecosistema popular y que no gusta a mucha gente, no haya necesidad de destruirlo tan pronto. La mayor parte de la gente que habla ahora sobre los incendios, piensa que es necesario eliminar los bosques de algún modo, ya sea con  desbroce, ya sea con ganado. Incluso sugieren el ejemplo de explotaciones madereras que no han ardido (porque no les han prendido fuego como al resto) como si eso fuesen bosques. 

El bosque xeromediterráneo, ese en el que la carrasca (Quercus rotundifolia) encuentra dificultades para habitar por las duras condiciones de aridez que sufre, o el bosque mediterráneo mixto con pino carrasco (Pinus halepensis) cuando la humedad lo permite, es un bosque de fuego. Como el ave fénix, pero en bosque. El incendio en estos tipos de bosque, es una estación más, pero menos frecuente. En este tipo de bosque, a las cuatro estaciones anuales, primavera, verano, otoño e invierno, se une una quinta, el incendio. Y del mismo modo que la quitameriendas (Colchicum montanum) de la izquierda sale en otoño y no en primavera, porque es de esa estación, el bosque de incendio es diferente al de otras estaciones y está compuesto de plantas en otros estados y diferentes animales

El bosque tras un incendio, es una situación ecológica esperada por plantas y animales. Ya no caben el ciervo (Cervus elaphus) o el corzo (Capreolus capreolus), que no tienen comida y deben abandonar el bosque para permitir su regeneración. Es más, es necesario e imprescindible que se vayan y lo harán si no tratamos de evitarlo poniendo en riesgo a los animales y al bosque. Hay que dejar marchar a los grandes herbívoros para que los primeros retoños, tengan la oportunidad de nacer y comenzar desde el instante en el que el último rescoldo se apague, a formar el nuevo bosque. Es por ello, que cuando vemos el bosque todo negro, lo que seguimos viendo es un bosque. Es como contemplar las meninas de  Velázquez y las meninas de Dalí. Son meninas, pero en un estado diferente. Es más complicado de entender el bosque quemado que el no quemado, pero también es más complicado contemplar un cuadro de Dalí que uno de Velázquez. 



El bosque, ahora tiene diferente disponibilidad de alimento para diferentes tipos de herbívoros. Las plantas que han ardido, pueden estar muertas del todo, medio muertos o vivas con aspecto de muertas. Aquellos que han muerto y ofrecen poco más que madera, son el alimento de las termitas y las bacterias que viven en su interior. Las termitas, en cualquiera de sus especies, viven en el interior del suelo, y ahora disponen de gran cantidad de alimento en la madera que queda todavía en condiciones de ser aprovechada por ellas, y de este modo, los nutrientes que un día salieron del suelo y se trasformaron mediante el agua y la luz del sol en azúcares y otros compuestos, volverán al suelo para ser aprovechados por el nuevo bosque que crecerá. Poco a poco. Sin prisa. Con el tiempo de la naturaleza, que no se mide en horas o días sino en años, lustros o décadas. Un ejército de hongos y otros seres diminutos contribuirá a esta importantísima tarea.

Además de aquello que quedó reducido a madera, hay otras especies que mantienen algo de alimento bajo la corteza, el suficiente para que diversos insectos que se alimentan de esta parte de debajo de la corteza que se llama floema, lo aprovechen. En los primeros estadios de desarrollo, usarán el floema, pero después se alimentarán de xilema, de madera propiamente dicha. Vendrán de los límites exteriores del bosque a realizar sus primeras puestas y comenzar su ciclo biológico mientras tengan disponibilidad de alimento. Algunos de los ejemplos de estos insectos son los longicornios o cerambícidos como los de la foto de la izquierda. Como la disponibilidad de alimento es variada, en cuanto a humedad y tamaño de la misma, estos animales están disponibles en diferentes tamaños, para que nada se quede sin aprovechar, como vemos en el ejemplo de la foto, que muestra ejemplares sólo de pinos. Viendo la foto, es fácil de deducir que la práctica del picado de la madera es una atrocidad y que impide todo este ciclo diverso que explicamos. Los insectos son esos herbívoros silenciosos del bosque que llevan haciendo el trabajo mucho antes de que un ciervo o el mismo ser humano pisaran un bosque.


También quedan como digo, ejemplares vivos en diferentes estados de salud. Varios son también los insectos que hacen uso de este tipo de alimento. Son los escarabajos escolítidos como los de la foto de la derecha. Éstos, necesitan que la madera esté verde, ya sea porque el ejemplar esté vivo o que esté recién muerto. Ellos se dedican a seleccionar los más débiles de los árboles y arbustos que han sobrevivido. Es una acción importante, si pensamos que son las semillas de éstos las que generarán los retoños nuevos que formarán los árboles del nuevo bosque y que se unirán a los supervivientes. Estos insectos, también “se reparten” el recurso, habiendo insectos de diferentes tamaños especializados en alimentarse en ramas y troncos con diámetros y espesores de corteza diversos. En la imagen se ven algunas especies, también típicas de pinos, pero las hay de otras especies también.

Como he dicho que el incendio es una “estación diferente del bosque”, me voy a explicar algo más. Muchas de las especies que vemos en nuestros montes, mantienen la raíz viva. Eso les permite rebrotar de aquellas ramas que hayan podido mantener lo suficientemente verdes, o sino, hacerlo desde la raíz. Carrascas (Quercus rotundifolia) y coscojas (Quercus coccifera) son auténticas especialistas. También se regenerarán de este modo el lentisco (Pistacia lentiscus), el enebro (Juniperus oxycedrus) o la retama (Lygos sphaerocarpa), así como otros tipos de robles. Además plantas como las jaras o estepas (Cistus sp), aprovecharán que las semillas salen del letargo con el incendio.

A la izquierda, regeneración de coscoja tras el incendio de Castejón de Valdejasa.


Entre las especies que se regeneraran a partir de semillas, destacamos el pino carrasco por su especialidad. La semillas de las que una planta se puede regenerar, sólo podrán estar activas si no se queman en el incendio en primer lugar. La posibilidad de liberar semillas desde las piñas, existe sólo en la época en la que los piñones estén maduros, y eso supondría un riesgo para la especie. Por ello, el pino carrasco posee dos tipos de piñas, las de maduración normal y las serótinas, que permanecen cerradas a la espera de un incendio varios años, con piñones maduros en su interior. De este modo, siempre hay piñones maduros que podrán generar un nuevo pino sea cual sea la época en la que suceda el incendio. En la fotografía vemos diferentes tipos de piñas.



Además de todas estas especies y estrategias diferentes, hay algunas otras que tienen que venir transportadas por animales. En el caso de serlo por las aves, hay que permitir que se puedan posar en lugares donde al defecar, expulsen estas semillas, que tendrán un entorno más húmedo en torno a un tronco que puede captar la humedad adicional de la condensación y la niebla. Es un hecho comprobado la emergencia de arbustos bajo los árboles o postes en el campo, y en concreto la distribución de la sabina por este método.



Así pues, tras los incendios, nos encontramos frente a un bosque diferente y muy sensible, por lo que se debe de extremar el cuidado. Evitar el pateo, dejar que los herbívoros se vayan a lugares donde tengan alimento y no comprometan la regeneración, e intervenir lo mínimo posible. Ha costado muchos años extraer los nutrientes del suelo que ahora deben de volver a él. Todo lo que nos llevemos, supondrá un déficit para la regeneración del  bosque. No debe de haber prisa por actuar. E el caso de los bosques autóctonos, existirá una regeneración natural. En el caso de las repoblaciones, habrá que esperar para introducir los elementos que le den la diversidad para que en el futuro, los incendios no supongan la eliminación de una masa arbolada con valor ecológico simplificado y con poder de regeneración limitado. En ocasiones el monótono pinar repoblado, albergaba bajo su dosel árboles y arbustos autóctonos esperando su momento , que por fin llega con el incendio. En muchos casos, lo que salga tras el incendio será mejor y más diverso que lo que ardió, aunque desde lejos no lo parezca, Aunque estemos frente a un bosque "tipo Dalí" y no frente a uno "tipo Velázquez", ambos, el quemado y el no quemado, siguen siendo un bosque. 

sábado, 18 de julio de 2026

Y llegaron los incendios

 


El tema de los incendios es un tema bastante espinoso. Tanto como el de las inundaciones. Surge una especie de odio cruzado ante la impotencia que supone enfrentarse ante la vulnerabilidad cuando la naturaleza desata su fuerza. Se dice que los incendios se previenen en invierno. Realmente, los fuegos se previenen evitando que se inicien. Y existe un problema, porque siempre se habla del proceso posterior y no por el inicio.

Aproximadamente el 4% de los incendios se producen por rayos. Esos, son inevitables. Los rayos, caen sobre los árboles y pueden llegar hasta el suelo. Allí pueden iniciar un fuego, pero no necesariamente de forma inmediata. Un fuego puede prosperar quemando humus o una raíz, por el mismo mecanismo que se usaba para producir carbón vegetal. Pasado un tiempo, que puede ser de horas o incluso días, encuentra un lugar por el que le entra oxígeno y brota la llama. Así se produjo el incendio de Riglos hace bastantes años, y parece que también el que ahora mismo arde en el entorno de Plan o la Peña montañesa. Arriba, imagen de un pino que muestra la herida provocada por la caída de un rayo en el entorno de Riglos. 
 
La mayor parte de los incendios, tienen origen en las actividades humanas. En este tipo de incendios, es donde se puede hacer la prevención. Recuerdo en una ocasión ir al monte, y aparcar el coche. Al salir, vimos arder la hierba tan sólo por el contacto de la hierba seca con el tubo de escape caliente. No hizo falta chispa. Apagamos el fuego, y volvimos a casa. Lo primero pues, es prescindir de todas aquellas actividades que no son necesarias y que son totalmente prescindibles. Al monte, habrá que ir a pie. Responsabilidad.
 
 


Se producen incendios intencionados por actividades ganaderas en toda la cornisa cantábrica.
Primero, porque si prolifera el arbusto, pierden la subvención de la PAC y quieren mantener los pastos y las subvenciones. Y segundo, porque es más cómodo esperar el período propicio, meterle fuego al monte, huir y esperar a que después salga la hierba. Con salir a la tele a decir idioteces sobre lo sucio del bosque y que la ganadería "limpia el monte" es suficiente. La pregunta: si la ganadería limpia el monte ¿para qué necesitas pegarle fuego al monte?. Porque la ganadería cambia el monte. Y selecciona las plantas que no son apetentes para el ganado que proliferan más. Más que leer, basta con ver con la impunidad que salen en la tele a decirlo. Se puede acceder al fragmento aludido en el enlace Tito Rojo en la tele. Estos incendios son evitables. Además los produce la persona interesada, porque nadie va a meterle fuego al monte si no tiene un beneficio. Con sacar lo quemado de la superficie pastoreable y recuperarla como forestal, es más que suficiente para evitarlos. Si hace falta quemar como modo de gestión, lo deben hacer los técnicos y contando con medios necesarios para hacerlo. No irresponsables que arriman mechero y se piran. Si le fuego se extiende a algún bosque aledaño, cosa de haberlo, podrán pastorearlo después. todo son beneficios. Los fuegos intencionados, deben de llevar detrás la investigación y sanción oportuna, además la inhabilitación para el oficio. Esta actividad se mantiene por intereses políticos.  

Después se producen incendios no intencionados por inconsciencia o por la imposibilidad de actuar cuando se produce, porque en según que circunstancias, apagar un fuego, aún pequeño, es materialmente imposible sin medios adecuados. Y aquí es donde se puede actuar de modo preventivo. 

Trabajos que producen chispa, como desbroces con cuchilla en cunetas y zonas de hierba alta, no se deben de realizar cuando existe un determinado riesgo de incendio. Y en el caso de las cunetas, nunca sin una cuadrilla con una cuba detrás. Estos requisitos, que corresponden al ámbito de lo público, no tienen excusa posible.  

Otro aspecto, es el de las actividades agrícolas. Existe una necesidad que no se puede evitar. Comer. El sector agrícola es un sector estratégico como la gestión de la naturaleza y el agua. No se puede abandonar a su suerte. Y la cosecha del cereal, coincide con la época más sensible a los incendios. Es en este aspecto en el que se debe de realizar la prevención de incendios. Como evitar que un incendio fortuito de maquinaria se traslade a otros cultivos y al monte en general. Y la administración no se puede escudar en prohibir la cosecha en un momento determinado. Más que nada porque es una solución puntual y chapucera. Nuevos tiempos, requieren nuevas estrategias. 

Existe la creencia y se dice mucho, que los incendios surgen porque ya no hay ganado en el monte. Para entender las situación cambiante, habrá que echar mano de los datos de los que se disponen. El número de hectáreas quemadas ha disminuido considerablemente desde hace 50 años. Aportamos un gráfico que habla por sí mismo. El año 2025, un año que consideramos especialmente negro con los incendios en el oeste peninsular, sería uno más en la serie si se consideraran las décadas de 1980-1990.

Igualmente, si miramos la evolución de la ganadería, no encontramos  una correlación sobre abandono de la ganadería y los incendios, como se asegura. El siguiente gráfico nos muestra que si bien hay un alza brutal del ganado porcino. el resto de la ganadería se encuentra en una situación más o menos estable al menos hasta hace 20 años.

También es cierto que la ganadería no necesita patear kilómetros y kilómetros para encontrar comida, pudiendo ser suplementado el alimento con piensos y forraje deshidratado en paca o en cartucho. 

 

 

Sí que encontramos en cambio una diferencia considerable en la superficie forestal de España. Como vemos, la zona arbolada ha crecido mucho en los últimos 50 años, más de 1/3. Si vemos la relación, se comprueba fácilmente que si aumentan los bosques, debe de aumentar también por fuerza la superficie afectada por incendio forestal, cosa que no ha ocurrido. 

Aquí hemos de tener en cuenta la aparición de los bomberos forestales. Luego una medida adecuada y comprobada, es la necesidad de aumentar el número de efectivos y medios para combatir los incendios.

Entre 1950 en 1980, sólo en cuatro años se sobrepasaron los diez días con 20ºC de temperatura mínima  por la noche en Zaragoza. Actualmente el promedio se encuentra en 30 días anuales y hay récord de 54 días. Actualmente se producen incluso noches tórridas, en las que la temperatura supera los 25ºC. Este es un factor nuevo. Y antes sucesos nuevos, se requieren mecanismos nuevos. Así pues, contamos con más bosques, de mayor calidad y con unas condiciones climáticas nuevas. La mayor calidad de los bosques, nos ha de tranquilizar en el aspecto de la perpetuidad de los mismos. En un bosque estructurado, un incendio no es una catástrofe sino un episodio más de la vida de un bosque. Los ojos expertos, cuando visitan un bosque determinado, pueden ver las cicatrices de incendios ocurridos varias décadas antes. En 1995, en Zuera se produjo un tremendo incendio que se llevó 4000 hectáreas de bosque. Hoy, todo cubierto de nuevo por la vegetación forestal, muestra las cicatrices de la lamentable actuación de aclarado en fajas sobre monte natural, una actuación peor que el propio incendio y la diferencia de edades de los pinos, los que sobrevivieron y que ahora tienen 30 años más y los que surgieron, todos en un rango muy cercano de edades.

 Así pues, hay que trabajar para que la cosecha no sea una actividad prohibida, porque es un sinsentido, sino cautelosa, para evitar los incendios. Vemos a los agricultores salir a labrar cuando se produce el fuego. La realidad es que se podía haber labrado justo después de cosechar. No todo el campo, pero sí una ancha franja en torno a las zonas aledañas que conectan con otros cultivos y el bosque. Aunque un cortafuegos, no suele servir en un incendio grande sí que puede hacer ganar un tiempo precioso antes de que pase a tener grandes dimensiones. Al ser esta actividad una actividad de interés general, debe estar costeada por la administración dentro del programa de prevención de incendios. Al fin y al cabo, una vez cosechado, el agricultor no tiene necesidad de labrar el campo hasta cuando toque, y el incendio, una vez cosechado, no afecta a la productividad del terreno agrícola. Así pues, es necesario hablar y decidir como se va a retribuir esta actividad.

El incremento de bosques, requiere el aumento de quienes lo vigilan. Y esto no tiene medias tintas. Quien no defiende esta medida, que es precisamente la salvaguarda del interés general, no busca el interés general sino el suyo propio a través de beneficios particulares. Su programa electoral no es digno de tenerse en cuenta.  

La limpieza del bosque es un despropósito. La intervención en un bosque sólo tiene sentido si se produce un aprovechamiento planificado del mismo. Se pastoreará si hay pastor que lo haga, y en la forma que se estipule, pero para prevenir el incendio, no es el bosque donde hay  que actuar, sino en los motivos que lo inician. El bosque no necesita que lo apaguemos, somos nosotros quienes queremos apagarlo. Si queremos que tras un incendio, que es seguro que se producirá se regenere por sí mismo desde el mismo momento en el que ardió, hay que facilitar su biodiversidad y que los diferentes estratos y elementos están presentes. Una repoblación necesita que se quiten árboles, sí. Pero para introducir otros y arbustos que le den la resiliencia necesaria. Se hablan maravillas de los "bosques" de algunos lugares, que tan sólo son lugares de producción intensiva de madera de pino.

Es necesario, seguro que sí, evitar vegetación que provoque que un incendio llegue al pueblo, pero también para que un incendio salga del pueblo por alguna actividad humana descuidada. Los incendios, no se producen en los despachos, que dice alguna persona sin criterio ninguno. Los incendios se  producen en el monte. Y es allí donde hay que evitarlos. Lo que se produce en un despacho, es la falta de contratación de medios de extinción y de dotación presupuestaria de medidas preventivas. Y lo que se vota de forma masiva, es a quien precisamente actúa en este sentido. Sí que hay responsables. Y no sólo es el dueño de una empacadora.    

 


miércoles, 24 de agosto de 2022

Los incendios que vendrán...

 


Los incendios, en principio, son procesos naturales más o menos habituales en la naturaleza. Como estos procesos forman parte del escenario natural desde hace millones de años, las diferentes especies han tenido que adaptarse a su presencia o sucumbir. Es la ley marcada por la selección natural que ya describiese Darwin. El planeta y la supervivencia en él, distan de ser un cuento de Disney. Constantemente, hay que buscar alimento, vigilar a los posibles depredadores y sobrevivir para dejar descendencia. Y eso, no sólo han de hacerlo los animales, sino también los vegetales y el resto de los seres vivos. Para aquellos seres vivos que pueden desplazarse, siempre existe la huída para zafarse del peligro, pero aquellos que como los vegetales, han de permanecer en el sitio, las adaptaciones a catástrofes naturales como los incendios, ya sean provocados por los rayos o por las erupciones volcánicas, pasan por dos únicos caminos. O resistir a la acción devastadora del incendio, o dejar una descendencia adaptada al nuevo paisaje generado tras el mismo. Al fin y al cabo, perpetuar la descendencia es, en cierto modo, perpetuarse a sí mismo. Encabezando esta entrada, vemos una fotografía tomada esta misma semana en la regeneración natural del incendio que sufrieron los montes xeromediterráneos de Valmadrid, en Zaragoza. El incendio fue estabilizado el 31/7/2009 tras quemar 1700 hectáreas de tres municipios. Toda la superficie ocupada inicialmente por el bosque se está regenerando. El monte del fondo no se regenera, pero ya no era bosque en 2009 y muchos años antes. La sobreexplotación ganadera del entorno de Zaragoza en épocas pasadas, dejó mucha superficie con este aspecto, aumentando considerablemente aquella que por razones de salinidad,  suelos o fauna herbívora antigua tuviese condición de zona esteparia. La fauna salvaje fue sustituida por el ganado, censándose en Zaragoza, a finales del siglo XVIII 100.000 cabezas de ganado lanar en la ciudad de Zaragoza. A este se unirían presumiblemente ganado bajado de la montaña en invierno.


Siguiendo estos dos caminos, se han desarrollado pues los mecanismos de gran parte de nuestra vegetación autóctona, sometida al cabo del tiempo a recurrentes agresiones, ya sea el diente del herbívoro o los incendios forestales provocados por las tormentas eléctricas. El camino del rebrote, que se basa en mantener a salvo las raíces y conservar la capacidad de surgir de nuevo a partir de ellas, es el más frecuentemente adoptado. Todas las plantas de la familia del roble, las coscojas (Quercus coccifera), los alcornoques (Quercus suber), las carrascas o encinas (Quercus ilex), y los quejigos (Quercus faginea), han adoptado esta capacidad, y por ello, las dos últimas han sido tradicionalmente usadas como proveedoras de leña, ya que tras la tala vuelven a rebrotar de nuevo. La misma estrategia siguen los madroños (Arbutus unedo) o los bojes (Buxus sempervirens). (En la foto de arriba a la derecha, coscoja regenerándose en noviembre de 2001,  después del incendio de Riglos, Huesca, en agosto de 2001).

Tan bueno es el método del rebrote que el pino canario (Pinus canariensis),  ha desarrollado la capacidad de rebrotar.  No obstante, la capacidad de adaptación al incendio más brutal, es la desarrollada por el pino carrasco (Pinus halepensis), cuya estrategia es sucumbir al incendio y distribuir sus semillas para colonizar el suelo quemado en el futuro. A la derecha, vemos como ya aparecen plantones de pino carrasco tras el incendio. En este caso, también se trata del incendio de Riglos, en Huesca, que se originó en la primera semana de agosto de 2001. La foto es de la última semana de octubre del mismo año. La regeneración estaba en marcha tan sólo dos meses después.



Es el pino carrasco, como ya he dicho, un auténtico especialista en sembrar retoños al mismo tiempo que surge el incendio. Posee, además de las piñas convencionales, unas piñas especiales denominadas serótinas, (foto de la abajo a la derecha) que no liberan las semillas al madurar, como ocurre con las piñas convencionales. Estas piñas, se secan y constituyen un arca donde se encuentran atrapadas las semillas viables durante meses o años. Sólo el tremendo calor producido por un incendio provoca la apertura de la piña, que  liberará los piñones y las corrientes de aire provocadas por el propio incendio las distribuirá gracias a un ala que les permite ser impulsadas por el viento. A la izquierda, piñón típico con su ala.
 
Se une al mecanismo de dispersión constituido por las alas de los piñones y las piñas serótinas, la disposición de dichas piñas, sustentadas en un pedúnculo que además, está retorcido, haciendo que las piñas giren apuntando sus ápices hacia el tronco. Cuando el calor producido por el incendio sobreviene, estas piñas serótinas y lignificadas se abren. Si el pedúnculo no está ya verde, cosa que no ocurre en todas las piñas serótinas, al abrirse las escamas producen un efecto de palanca sobre la rama de la que penden, haciendo saltar a las piñas a grandes distancias, hecho que puede ocurrir con la propia piña en llamas, ayudando a la dispersión del incendio. La existencia de algunas de estas “piñas saltarinas o incendiarias” es algo que suelen comentar a menudo quienes extinguen los incendios. No explotan como suele creerse, sino que son catapultadas. Así pues, nuestros bosques mediterráneos de pino carrasco, no sólo están adaptados a sobrevivir y regenerarse tras los incendios, sino que incluso "participan activamente" en su propagación. Tras un incendio, al rebrote masivo de las especies adaptadas a ello, se une una germinación masiva de semillas que sustituyen en unas décadas al bosque primigenio con nuevas plantas, hecho que hemos visto en detalle más arriba con fotografías del incendio de Riglos en 2001 o el de Valmadrid en 2022.


En el dibujo adjunto de la derecha (pinchar sobre él para ver más grande), vemos cual es el proceso de regeneración de un bosque mediterráneo. En un bosque, árboles y arbustos conviven llenando todo el espacio, lo que además de un aprovechamiento máximo de dicho espacio, facilita que el suelo esté debidamente estructurado y que los procesos vitales se lleven a cabo en su totalidad. Especies determinadas de aves y mamíferos contribuyen de forma activa en la distribución de las semillas. Ilustrar esto con un zorro y una urraca, no es casual. Estas especies entre otras, contribuyen de forma decisiva en la distribución de las semillas. Elegirlas a ellas tiene la única finalidad de mostrar un aspecto de la ecología de los bosques, que quizá no es bien conocida y que  ilustra el desconocimiento sobre la ecología forestal que ostentan algunos medios ultradefensores de eliminar córvidos y zorros a quienes denominan directamente "anticaza". La diversidad del bosque facilita que aun tras el más brutal de los incendios, el bosque siga latente, iniciando su regeneración tan sólo unas semanas después de haberse apagado. Una gestión inadecuada pastoreando los bosques, si provocan la desaparición excesiva de sotobosque y de plantones jóvenes, compromete la regeneración del bosque tras un incendio, que tenemos la absoluta seguridad que se producirá tarde o temprano, porque a los rayos y fenómenos naturales se suma la gran cantidad de incendios que se provocan por diferentes intereses o por descuidos. La extracción de la madera quemada, puede ser perjudicial. Por ello, hay que valorar como se hace. La madera no es mala para el bosque, si bien es un recurso que obtenemos del mismo. La construcción de fajinas con troncos para evitar la erosión tienen el valor añadido de que la materia orgánica retorne de algún modo al bosque, hecho que no ocurre si se extrae la totalidad de la madera. Cuando se decide realizar la extracción de la madera, si sólo prima el criterio técnico, podría ser una práctica perjudicial. Los árboles calcinados son los soportes sobre los que se detendrán las aves a expulsar las semillas de las plantas que no rebrotan contenidas en sus excrementos.  Es igualmente poco apropiado llevar alimento a las especies silvestres, siendo más conveniente que abandonen la zona para buscar alimento en las proximidades. Si permanecen en el lugar, se alimentarán de la vegetación que se regenera sin darle tregua. Los primeros meses es mejor que se recuperen los vegetales, los herbívoros pronto podrán volver. Esta práctica, que hemos visto emprenden algunas asociaciones de cazadores,  tiene como objeto la fijación en el territorio de las piezas que más tarde cazarán. No es bueno forzar la presencia de estas en los primeros meses tras el incendio, pues eliminarían los rebrotes y plantones tiernos. Ya retornará el bosque con la caza en un futuro próximo. Es curioso que contribuyan a esta práctica algunas personas amantes de los animales que en su visión sesgada de lo que es un bosque no aceptan los ritmos que establece la naturaleza. Unos meses después de aportar comida a los animales silvestres, serán enemigos irreconciliables de los cazadores. Sí que en cambio sería de gran ayuda aportar comida al ganado para que no estropease la regeneración. Como vemos, ganado, caza, recuperar parte de la productividad del bosque o incluso la quienes pretenden la protección de los animales y que no mantienen una imagen global del ecosistema, tienden, sin maldad, a orientar la futura gestión de forma inadecuada para la perpetuación del ecosistema. Deben por ello las actividades descritas estar sujetas a criterios científicos. No deben ser prohibidas, pero sí han de ser supervisadas y orientadas por criterios globales, que contemplen el ecosistema y su reconstrucción. De este modo, el bosque siempre estará ahí cuando nos haga falta. Cuando el bosque arde, si está cerca de núcleos de población suele afectar muy negativamente en la vida de las personas del entorno. Cuanto menos dinero se dedica a la reconstrucción del bosque, más se puede dedicar a reconstruir la economía  de las personas del entorno quebrantada de forma abrupta e irreversible si no se aportan ayudas.

 Como vemos, el bosque mediterráneo, no corre peligro de desaparecer mientras siga siendo bosque,  mantenga las suficientes piezas para su autoreconstrucción y no sufra un incendio recurrente. Cuantas más piezas pierde el bosque, más se compromete su futuro. Las dehesas sobreexplotadas y sin diversidad pierden una gran cantidad de la esencia que las caracteriza cuando muere una sóla encina, debido a que no hay otras jóvenes que la sustituyan desde hace décadas.

Un problema que surge debido a la tremenda adaptación al fuego que presenta el pino carrasco, es que esta especie se ha usado masivamente para las repoblaciones o cultivos forestales. Este es un aspecto muchas veces criticado. Hay que comprender, que las repoblaciones forestales se hicieron con criterios técnicos, no ecológicos. Desde el punto de vista técnico, no hay mejor especie que el pino carrasco para generar un arbolado en suelos degradados. Soporta pluviometrías subdesérticas, siendo capaz de vivir en lugares donde ningún otro árbol lo hace. Como resultado de estas repoblaciones, tenemos cultivos forestales altamente inflamables en lugares cuya vegetación potencial sería otra, compuesta por planifolios de quercíneas de varias especies. Frente a quien habla de meter ganado en los bosques para que no ardan, que no deja de ser una proposición descabellada, debe de primar la del objetivo de tener bosques, que ardan o no, se perpetúen por sí mismos.

El escenario climático actual indica un repunte de las temperaturas y una distribución irregular de las precipitaciones, aunque en ocasiones, no más escasa. No es necesario ni conveniente entrar en un debate sobre si la elevación de las temperaturas medias se corresponde o no con la emisión de CO2 a la atmósfera. En primer lugar porque sea ésta o no la razón, no se va ha hacer ningún cambio al respecto. Las restricciones de los combustibles fósiles, viene motivada por su escasez y la necesidad de reservar el petróleo que queda para poder continuar con la actividad comercial e industrial globalizada, habida cuenta de la imposibilidad de su sustitución por otras fuentes en el escenario económico actual. Sea pues este calentamiento motivado por las emisiones de CO2, o sea la continuación de un ciclo repetitivo similar al de los períodos cálidos del Imperio Romano o el de la Edad Media, ese nuevo escenario está por ver que permita que las áreas que conocemos como propias de encinares, sean capaces de soportarlos en el futuro. Las altas temperaturas más recurrentes y ausencia de lluvia en períodos más dilatados, puede impedir que los bosques potenciales sean los mismos que hace décadas. Por ello, podemos adoptar estrategias que doten a los bosques de la plasticidad necesaria para adaptarse a los cambios. Un ejemplo de dotación de plasticidad al bosque es el que vemos en la foto de arriba a la izquierda. El encajamiento del río Gállego a su paso por Zaragoza motivado por los antiguos dragados para extracción de grava, amenaza la viabilidad del bosque de ribera, que queda "colgado" demasiado arriba y que en algunos puntos queda fuera de las avenidas extraordinarias y de la influencia de la capa freática. El Ayuntamiento de Zaragoza, que ya repobló en su día el bosque de ribera, ha colocado en la proximidad los elementos típicos que componen el bosque xeromediterráneo, tanto árboles como arbustos. De este modo, si el bosque de ribera comienza a desaparecer, el bosque xeromediterráneo que ya producirá frutos y plantones avanzará hasta el cauce si procede y se mantendrá el deseado efecto de bosque galería por el que la fauna podrá desplazarse de unos lugares a otros, ejerciendo a la vez de "paso de fauna" a salvo de las infraestructuras como vías de tren, autopistas o autovías. Mientras se mantengan las condiciones propicias para que el soto se desarrolle, el bosque xeromediterráneo no ocupará el lugar del soto. Igualmente, si en el futuro se restaurase el río aportando el sedimento extraído de modo que volviese a poder desplazarse como le es propio, la típica colonización agresiva de los árboles típicos del soto podría llegar incluso a desplazar al bosque xeromediterráneo al exterior.

Durante milenios, los bosques se han desplazado a lo largo y ancho de los continentes o las alturas cambiantes de las montañas libremente. Los cambios en el clima no han sido por lo tanto catastróficos. Un aumento de las condiciones de aridez, provocaba que quienes eran más resistentes a estas condiciones pudieran invadir las zonas de lo que antaño fueran zonas más húmedas e ir sustituyendo a los bosques propios de ellas, que aumentarían en latitud o altitud buscando áreas mejores. No es algo que se haga de forma consciente y premeditada, sino que las semillas son capaces de germinar y dar lugar a ejemplares adultos de las plantas que sean, más allá de los límites antiguos. En algunas décadas, el bosque era capaz de “moverse de sitio”. Esto se ve en el monte cuando se observa como la transición de una vegetación típica a otra no es una “raya”, sino que existe una zona de contacto con especies dispersas de los componentes de ambos tipos de bosque, más húmedo y más seco. Ante un cambio, en esta zona unas especies predominarán sobre las otras y las que avancen se internarán más en la zona de la otra produciéndose esta zona de contacto más adelante, produciéndose el "movimiento".

El escenario actual dista mucho de permitir este movimiento. Muchos de los bosques actuales son reductos-isla atrapados entre áreas de cultivos que no permiten su lento desplazamiento, y no existe en muchos casos esta zona de contacto que es “tierra de nadie”. Estos desplazamientos, vividos como recolonizaciones, los hemos visto en las últimas décadas sobre tierras abandonadas del entorno rural donde la maquinaria moderna ya no las hace rentables. Es imposible en muchos casos este desplazamiento, (que a mí me recuerda a las estrellas de mar sobre las rocas y los cangrejos huyendo a su paso) en el contexto paisajístico actual. Pero podemos dotar de esa movilidad a los bosques dentro de sus propias islas, creando en dichas islas "tierras de nadie". 

En el caso de las plantaciones forestales, mi idea sobre como intervenir, que es la que creo más razonable ecológicamente, y que va encaminada a la preservación del bosque por sí mismo, es aprovechar que las especies adaptadas a las nuevas condiciones de mayor tolerancia a la sequía y carencia de lluvia ya están presentes. Ellas, han dotado a los suelos de una capa de materia orgánica que los mejora para la recolonización por parte de otras especies. A su vez, hacen posible la implantación de ejemplares jóvenes de otras especies que por sí solas sufrirían unas mayores condiciones de exposición al sol, los vientos y la desecación, que quizá no les permitiesen subsistir o que harían su recolonización, de ser posible, más lenta. No olvidemos que si no hay aporte de semillas que generan plantones, no es posible la evolución de un cultivo forestal hacia un bosque jamás. No es lo mismo vivir que regenerarse. Las semillas germinan mejor en ambientes húmedos y con poca exposición al sol. Los ejemplares jóvenes pasan a formar parte del sotobosque, pero sólo llegan a adultas si los árboles mueren haciendo un hueco en el dosel que permite la entrada de luz suficiente. Si la muerte no se produce contemplamos ejemplares ailados y carentes de vigor que se estiran en busca de la luz. Las visitas a los bosques y la mirada atenta al pie de los árboles, donde las aves dejan caer las semillas contenidas en sus excrementos nos hablan de este proceso. Vemos como el sotobosque en cambio, alcanza su plenitud cuando llega luz suficiente.

El proceso, que se debería de implementar en primer lugar y debido al riesgo de incendios en los cultivos forestales, pasa por el aclarado de la masa en rodales más o menos extensos y la introducción de plantones o semillas propias del sotobosque típico o cohorte que acompaña a la especie cultivada, (en el caso de que se trate de una especie autóctona) además de especies arbóreas planifolias típicas del lugar, que creen diversidad en el dosel arbóreo en un futuro (dibujo de arriba a la izquierda. Pinchar sobre él para hacerlo más grande).

En las zonas aclaradas, próximas a los árboles del cultivo forestal, los plantones nuevos tienen más ventaja por existir una disminución de las condiciones de insolación al disfrutar de sombra durante algunas horas del día y al mismo tiempo luz suficiente para poder desarrollarse. Esto, en unos pocos años, dota al bosque monoespecífico de un aporte de arbustos y árboles con capacidad de rebrote que permitan una autoregeneración del monocultivo hacia un bosque más diverso, de mayor calidad cuanto más tiempo transcurra hasta el incendio. En la medida que los árboles y arbustos vayan creciendo, se deben eliminar ejemplares del cultivo, que por otra parte, era el objetivo final del mismo. Los cultivos forestales no son autoregeneradores de bosques, ya que no lo son. La introducción de biodiversidad los, dota de esa capacidad. 

En algunas de las masas de plantaciones de pino carrasco, debido a lo rústico del árbol, pudiera ser que la viabilidad de las encinas no fuese posible por el aumento de la rigurosidad del clima, pero los arbustos introducidos, dotarían a la regeneración tras un incendio, de la entidad propia de un bosque natural y capacidad de autoregeneración. Aún así, incluso en los bosques de pino carrasco más secos encuentran las encinas lugar para poder subsistir en el fondo de las vales o en lugares más húmedos. La introducción de estas especies se facilita buscando los emplazamientos más favorables a las mismas.

En los bosques naturales aislados en los que no existe contacto entre diferentes “pisos” de vegetación, que implica por otra parte el aislamiento de los mismos e incapacidad de movimiento frente a cambios del clima, lo que procede es la introducción dispersa de plantas forestales de especies menos exigentes en humedad y precipitaciones para obtener el efecto de “tierra de nadie” que existe en los bosques de forma natural. Esto implica actuar incluso en masas naturales añadiendo especies que aún siendo autóctonas, no sean propias de la latitud en este momento. Por supuesto, la introducción se ha de realizar con los árboles y arbustos propios de cada comunidad vegetal.

Los tiempos perdidos no regresan. El tiempo perdido en la no introducción de sotobosque en los cultivos forestales o la eliminación del mismo para "limpiarlos" ahora nos pasa factura, pues tras los incendios, o bien la regeneración nos conduce de nuevo a masas monoespecíficas, o nos deja en la misma situación que la que hubo antes de la repoblación. En algunos casos, el incendio llega a ser incluso positivo desde el punto de la biodiversidad, al dar posibilidad de rebrote a aquel bosque que fue arrasado para repoblar y que sigue latente bajo unos pinos que pueden proceder incluso de otro continente. Importante reto el que enfrentamos, es el de devolver al monte la capacidad de regenerarse en una encrucijada de crisis civilizatoria que abarca tanto al mundo agrícola, como al ganadero, energético, biológico e incluso social. Es el momento de actuar... pero con criterios científicos. Si como respuesta a los incendios terminamos con la resiliencia de los bosques y su capacidad de perpetuarse, habremos cometido un error más. 

sábado, 1 de julio de 2017

El ciervo volante.

          
             El pasado mes de junio, a mediados, pude hacer una escapada al sur de Francia. Las terribles temperaturas que vivíamos en España se hacen más llevaderas allí, que aunque hace calor, este es menos intenso.
             Tras visitar varios pueblecillos en busca de mercadillos donde poder adquirir curiosidades, hicimos un alto para comer. Estaba sentado tranquilamente, cuando al dirigir mi mirada hacia el tronco de un roble (Quercus robur) de los que nos propporcioanban la agradable sombra quedé maravillado. Un ejemplar de ciervo volante (Lucanus cervus), un gran macho, estaba descansando tranquilamente. 
Dije "mirad que pasada de bicho en ese tronco". Cuando los demás acertaron a verlo quedaron sorprendidos. No suele ser común que las personas conozcan  la existencia de estas joyas biológicas en los bosques europeos. 

           
No pude resistirme a la tentación de recogerlo y sostenerlo un poco sobre mi mano donde mi hija Lucía le sacó algunas fotos.
Es curioso el modo de vivir de estos magníficos escarabajos. Tienen una dilatada vida larvaria alimentándose de madera en el interior de troncos de árboles de hoja caduca. Principalmente de robles. Su vida de adultos es breve. Un mes quizá. 

            Cuando salen de su pupa, se encaraman sobre los árboles donde esperan a detectar los aromas que desprenden las hembras (feromonas), que detectan con sus antenas. Bajo sus élitros, que son las alas duras que cubren su cuerpo, poseen unas alas membranosas que les permiten volar en su busca. Al acudir varios machos a la "llamada", se establecen combates entre los mismos en los que las mandíbulas enormes (no son cuernos), tienen como función sujetar a su contrincante, despegarlo del tronco donde se encuentran y arrojarlo fuera. El vencedor podrá aparearse con la hembra. Cualquiera que haya tenido que separar uno de estos animales del tronco en el que se encuentra sujeto mediante las uñas de sus extremidades, se podrá hacer idea de la fuerza que pueden llegar a desarrollar.
                El enorme tamaño de las mandíbulas las convierte en un aparato inoperativo para la alimentación, de modo que tan sólo pueden lamer savias y restos de frutas ricas en azúcar. 
             Tras la sesión fotográfica dejamos al magnífico animal en su tronco. Imediatamente, trepó por él hasta perderse entre el follaje y las ramas a gran altura del suelo.

              Estos grandes escarabajos, como otros conocidos como longicornios, por la enorme longitud de sus antenas sufren una importante regresión en sus poblaciones por la costumbre de retirar los árboles viejos, ramas rotas y demás restos de madera del bosque. Es imprescindible que en nuestros  bosques sigan existiendo árboles viejos con tocones, ramas rotas, pudriciones y huecos donde animales como este puedan subsistir y seguir dotando de tan valiosa presencia nuestro medio natural. Vamos, en resumen, que es importante que nuestros bosques sigan siendo o vuelvan a ser bosques y no tan sólo factorías de producción de madera. La escasez de estos magníficos caballeros medievales, que es lo que a mí me parecen cuando observo sus armaduras, ha hecho que se deba de proteger a estos animales igual que se ha tenido que hacer con tan emblemáticos seres como el águila real (Aquila chrysaetos), el lince (Lynx pardinus) o el oso (Ursus arctos).

               Disfrutad de las fotos que sacó mi hija Lucía y observad el gran tamaño del ejemplar. Espero que estos escarabajos sigan adornando nuestros bosques por muchos años...

viernes, 26 de mayo de 2017

Un muérdago misterioso...

               
 El muérdago, (Viscum album) es una plante hemiparásita muy conocida. Hemiparásita quiere decir que es parásita sólo a medias.  Decimos ésto por que ésta planta, que vive sobre otras, sí que desarrolla algo de "trabajo" para vivir, es decir, que roba a su huésped la "savia bruta" que ha de ser transformada por el propio muérdago para poder alimentarse con ella, y es por ello, que el muérdago presenta un color verde que procede de la clorofila que necesita para llevar a cabo ésta transformación mediante la fotosíntesis. Se puede completar ésta información con otras entradas relativas al muérdago en este mismo blog "las plantas también tienen parásitos" y "agujeros en las ramas".
               Una característica curiosa del muérdago, es que se encuentran varias subespecies del mismo, y que se especializan en unas plantas diferentes cada una de ellas, no viviendo una sobre los huéspedes de la otra. Se han reconocido varias subespecies de muérdago.  Viscum album album, que parasita árboles planifolios como robles (Quercus sp.), chopos (Populus sp.), algunos frutales (Prunus sp.) y otros,  la subespecie Viscum album austriacum, que parasita pinos (Pinus sp), alerces (Larix sp) y píceas (Picea sp.) y por último Viscum albun abietis que sólo vive sobre abetos (Abies sp).

                 El motivo de esta entrada, es que hace unos días, antes de ir a la exposición de Illueca que ya comenté en la entrada "Zarpamos para Illueca", en un camino jalonado por acacias de tres espinas (Gleditsia triacanthos), vi una planta de muérdago. Y lo más curioso, es que en muchos kilómetros a la redonda, el muérdago que podemos contemplar es Viscum album austriacum que vive sobre pino carrasco (Pinus halepensis).
                 Quedan muy lejos de este lugar las poblaciones de Viscum album album que viven sobre planifolios. Me surge una duda terrible. ¿Es este un primer pionero de la especie Viscum album album procedente de las poblaciones de Pirineo que ha viajado por casualidad hasta esta planta a la que puede parasitar o se trata de un ejemplar de Viscum album austriacum capaz de vivir sobre planifolios también?

Perdón por las fotos, son de móvil de muy baja calidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Bosques y arboledas

           
Árboles, bosques y arboledas. A mí me queda claro cada uno de los conceptos que acabo de escribir. Creo que a los naturalistas, salvo raras excepciones también.
            Todos tenemos claro el concepto de árbol; especie vegetal de tronco leñoso de más de unos cinco metros de altura. La arboleda es pues un conjunto de árboles. Pero una arboleda no es bajo ningún concepto un bosque. Puede haber arboledas donde encontremos diferentes especies de árboles y arboledas donde las especies arbóreas se limitan a una única especie. Estas arboledas pueden ser el resultado de la destrucción de un bosque o de la repoblación forestal, aunque en este caso a mí me gusta más el término de cultivo forestal. Como un campo de maíz pero con plantas de mayor porte.
            El bosque es una agrupación de plantas de origen natural y que en ocasiones albergan otras ajenas al bosque primitivo que aparecen a partir de poblaciones más o menos cercanas introducidas por el hombre. (Foto de encabezamiento). A grosso modo. Porque junto a las plantas de forma inseparable aparecen hongos que en forma de micorrizas viven junto a las plantas, otros que provocan la muerte de las mismas o que contribuyen a su descomposición una vez muertas. Pero también aparecen animales de diversos tamaños que interrelacionan con los demás seres vivos de modo que también viven junto a las plantas polinizándolas o alimentándose de ellas o descomponiendo sus cadáveres. Incluso se dan relaciones a tres bandas donde animales que se alimentan de plantas transportan esporas de hongos que inoculan en las plantas a su vez. No es que no existan estos seres en una arboleda, pero en esos casos la diversidad es menor y si se deja de actuar para conservar la arboleda ésta desaparece como tal.
            En resumen, lo que quiero decir es que un bosque es un medio natural. Un ecosistema complejo donde se percibe un aparente equilibrio. Se puede aprovechar el bosque en una relación como la que tenían los cazadores-recolectores actuando como un elemento más del mismo. Se obtiene leña, frutos etc., sin agotar el bosque y sin comprometer su continuidad o se puede optar por favorecer de forma descarada a una planta en concreto destruyendo el bosque para formar una arboleda. Pero ya no hay bosque. Una vez comprometido y perdido este equilibrio, aparecerán toda una serie de conceptos nuevos.
            Uno de esos conceptos es el de plaga, que aparece cuando un determinado tipo de organismo considerado por el hombre como no deseado aparece en un lugar donde no es bien recibido. Y digo no deseado por el hombre porque si consideramos el significado de plaga, como “colonia de organismos que ataca o destruye los cultivos y las plantas”, la primera plaga que ataca un bosque es el hombre. Él es quien destruye las plantas y el bosque seleccionando a una sóla especie sobre todas las demás a la que favorece. No usamos este concepto como plaga evidentemente, ya que somos nosotros quienes elaboramos el concepto y quienes de modo interesado lo aplicamos donde queremos. La aparición de una sóla especie en un lugar donde existía un antiguo bosque, provoca un desequilibrio entre las relaciones de los seres vivos. De repente, algunas especies se avocan a la extinción en ese lugar debido a la ausencia de un sitio donde reproducirse o alimentarse. Otras en cambio, se ven beneficiadas. Se encuentran en un lugar donde todo lo que sale del suelo es alimento y lugar donde reproducirse, y sus depredadores se ven mermados al no tener lugar donde refugiarse o existir..
            Será a estas especies a las que hemos favorecido de forma inconsciente a las que denominaremos plagas. Pero no debemos olvidar el origen de las mismas. Nosotros.
Lo que denominamos “lucha contra las plagas”, es una forma de hablar. Una incorrección. Realmente lo que entablamos es una lucha contra la propia naturaleza. Miles o millones de organismos se ven favorecidos al cambiar el entorno y se multiplican en ese nuevo espacio creado a su medida, donde todo lo que se encuentra a su alrededor es alimento. No tienen que buscarlo disperso entre cientos de especies, y nadie acecha en los alrededores amenazando sus vidas. Incluso las propias leyes de la selección natural cambian. Ya no compiten contra depredadores y plantas, sino con el ser humano. En su desesperación, éste opta por el uso de biocidas cuya forma de matar es distinta. La población de “seres plaga”, crece al margen del crecimiento de sus depredadores naturales, que se ven reducidos a aquellos que son capaces de habitar en el cultivo. Los biocidas que matan a “las plagas”, acaban también con esos pocos depredadores. El problema generado es grave. Aquellos organismos que resisten la acción de los biocidas o que toleran concentraciones superiores de los mismos son los que se seleccionan para dejar descendencia, entablando una carrera contra la tecnología capaz de generar resistencias, apareciendo súperbichos y súperhierbas que son cada vez más difíciles de combatir.

           
Las arboledas pues, son unas formaciones necesitadas de “cuidados” para defenderlas de la naturaleza que insiste en formar un bosque u otro ecosistema ahí. A la utilidad de las arboledas como lugares de producción intensiva de madera, hemos podido encontrar otra utilidad que a nuestro juicio justifica la multiplicación de su superficie. Ahora son además “sumideros de CO2”. Un remedio para rebajar las concentraciones de CO2 de la atmósfera que se han liberado al quemar los restos de los antiguos bosques que yacen en forma de carbón o petróleo bajo la corteza terrestre.

            He leído un resumen que Matt McGrath ha realizado en BBC.com sobre un artículo de la doctora Kim Naudts publicado en Science, que asegura que las arboledas no son tan eficaces como los bosques en capturar CO2, y que contribuyen al calentamiento global. Los aspectos negativos de una arboleda frente a un bosque se han visto incrementados. No sólo se cuantifica su menor efectividad de acumulación si atendemos al mayor volumen de biomasa que contiene un bosque con respecto a una arboleda. En los bosques, tanto las ramas y restos de especímenes muertos que no son retirados, como el sotobosque, también son lugares en los que se almacena CO2. Obviamente, esto no ocurre en una arboleda ya que se retiran tanto las ramas como los árboles muertos como el sotobosque.


            En este estudio, se asegura además que el color más oscuro de las coníferas plantadas en las arboledas que sustituyeron a los bosques de hoja caduca, provoca que se capture más calor, es decir, se refleje menos a la atmósfera y esto incrementa la temperatura. En 0,12ºC se ha cuantificado este aumento. Es por lo tanto (según dice el estudio) necesario apostar por la sustitución paulatina de las especies de crecimiento rápido como el pino silvestre (Pinus sylvestris) o el abeto rojo (Picea abies) repobladas masivamente por toda Europa en los últimos 150 años. Se entiende que las arboledas donde se retiran ramas y arbustos del sotobosque las hacen menos efectivas como sumideros de CO2. Esto marca pues un nuevo rumbo a tener en cuenta en aquellos casos en los que se pretende aumentar las superficies de arbolado para utilizarlos como sumideros de CO2, siendo preferible el retorno a los bosques y disminuyendo las arboledas.
             
        Un buen método de reconducir pues las arboledas cuyo objetivo no es el productivo, es introducir las especies que faltan, como arbustos y otros árboles para facilitar el retorno a la naturaleza, por que nos ahorramos dinero luchando contra las plagas y por que el bosque tiene sus propios mecanismos de regeneración que nos ahorra cuidados. 
No obstante, se da el caso el caso que la regeneración del bosque puede pasar en algunos casos por un proceso de arboleda, al ser una especie la que coloniza de forma preferente un lugar. Sufrirán la competencia entre cada una de las plantas por el agua, la luz, y el espacio, así como la acción de los demás seres vivos, que en este caso dejan de ser plagas para convertirse en agentes constructores del bosque. Todo ello provocarán la muerte de miles de plantas favoreciendo el asentamiento de otras hasta llegar a constituirse en un bosque. Y eso es lo que intenta  hacer la naturaleza con nuestras arboledas y cultivos, llevarlos al estándard de la naturaleza, que es la diversidad biológica. A la derecha, una regeneración masiva de álamo o chopo blanco (Populus alba). 
           Es por este mecanismo de avanzar hacia una diversidad superior de la propia naturaleza que nuestros cultivos son tan vulnerables, por que son sistemas que la naturaleza modifica siempre hacia un estado de complejidad mayor. El aislamiento de nuestras arboledas y la no existencia de semillas que permitan que éstas se vayan convirtiendo en un bosque es un riesgo que las amenaza más que las propias plagas.

martes, 22 de octubre de 2013

Preparados para el invierno

Hace unos días hicimos una corta excursión. En un campo cubierto de helechos, encontramos el nido que fabrica la araña tigre (Argiope bruennichii) colgado entre los tallos y frondes. En este nido, los huevos pasarán el invierno resguardados del frío esperando las temperaturas suaves de la primavera siguiente cuando nacerán las pequeñas arañitas.

Esta cesta es tan característica que el aspecto de la misma sirve como identificativo claro de la presencia de esta especie. El sobrecogedor aspecto de esta araña es algo intimidatorio, si bien la literatura consultada nos dice que su mordedura es inofensiva. Para los que no sepan de que araña estoy hablando, a continuación os pongo una foto.

miércoles, 5 de junio de 2013

Curiosidades de los barrenillos. (Barrenillos IV)


           

Esta es la cuarta entrada que dedico a los barrenillos, esos escarabajos pequeños que viven bajo las cortezas de nuestros árboles y arbustos. En las dos anteriores hemos visto como viven y que indicios nos muestran su presencia en el bosque. En la primera os relataba mi visión sobre estos animales que cumplen un importante papel en la ecología del bosque, igual que el resto de herbívoros en sus medios adecuados, cada uno en el suyo.
            Como ocurre con todos los seres vivos, la evolución en el transcurso de los tiempos ha tallado los cuerpos de los mismos para que sean lo más efectivos posible en el medio en que se desarrollan. Los  que mejor adaptados están tienen más posibilidades de dejar descendencia, o ésta es más numerosa que la de los otros. En ocasiones, las pequeñas diferencias que tiene cada individuo sólo son ventajosas en algún caso concreto, como puede ser una gran sequía o un invierno más duro por ejemplo, y el resto del tiempo estas diferencian no presentan ventajas ni se traducen en mayor éxito reproductivo. Quien sabe cuántas “mejoras” no se habrán podido transmitir a la descendencia al no haber podido jugar sus cartas en la partida de la selección natural.
            Sea como sea, el hecho es que aún a pesar de las dificultades de una selección tan sujeta al azar, podemos contemplar admirables y curiosas adaptaciones. A mí personalmente, una que me llama especialmente la atención en el caso de los barrenillos es la forma de la parte posterior o caudal de los élitros (las alas duras que cubren el cuerpo de los escarabajos) y que conocemos como declive elitral.  
          
  En los barrenillos, podríamos hacer dos grandes divisiones, los que son monógamos o aquellos que son polígamos. Estas divisiones están basadas en un carácter morfológico del declive elitral.
            En el caso de los monógamos, el declive elitral no tiene ninguna forma particular, (foto derecha) sino que es redondeado y está orlado de quetas (pelos) de mayor o menor longitud. Estas quetas son válidas como indicadores específicos propios en algunas especies. Estos élitros, que no presentan ningún tipo de modificación drástica, cumplen con la función de limpieza de la galería materna perfectamente, ya que esta es corta y su disposición generalmente favorece la eliminación del serrín y los excrementos propios y de la pareja sin necesidad de trabajos muy costosos (foto arriba izquierda).
           
En el caso de los barrenillos polígamos, los machos que tengan que acometer la limpieza de las galerías maternas, se ven cometidos a trabajos “extra”, ya que han de atender varias galerías a la vez, y además, aunque en algunas galerías la fuerza de la gravedad es un aliado a la hora de eliminar residuos, en otras es todo lo contrario, y los serrines han de ser “subidos” hasta el agujero por donde se expulsan al exterior (galería foto derecha abajo). En estos casos, los escarabajos tienen los élitros adaptados especialmente a este trabajo, siendo sus declives elitrales auténticas palas empujadoras que facilitan el trabajo de desalojo de detritus (foto izquierda). Estos declives, presentan un reborde especial que les confieren una mayor capacidad de empuje ya que conforman una concavidad que ayuda en la tarea. Estas espinas, son diferentes en cada especie, y generalmente son más robustas y mayores en los machos que en las hembras, lógico si se tiene en cuenta que este trabajo es desempeñado mayoritariamente por ellos. Al final el resultado es que los élitros forman un auténtico bulldozer adaptado al empuje de detritus como la compactadora-empujadora de basura que encabeza esta entrada.
         En el caso concreto de Scolytus scolytus, y puede que en otros, se da la circunstancia de que el escarabajo es polígamo y sin embargo tiene forma de escarabajo monógamo. Es un claro ejemplo de escarabajo cuya forma no se adapta a su trabajo.
            Esto lo vamos a entender mejor si hacemos un paralelismo con las sociedades humanas. Tenemos algunas sociedades que son polígamas o donde culturalmente se acepta la poligamia y otras monógamas, en las que la poligamia incluso es punible. En el caso de sociedades polígamas, uno tiene tantas parejas como pueda "atender correctamente". En las sociedades monógamas, también hay ejemplares que practican activamente la poligamia. En estas sociedades esto, además de ser un delito, representa una falta de responsabilidad paternal-maternal .
             Este es el caso de Scolytus scolytus, que abandona a una hembra y las labores de mantenimiento de la galería para buscar otras hembras a las que luego dejará con la carga de la puesta y el mantenimiento del hogar. Vemos pues que en el caso de las excepciones, por lo menos de esta, el macho no presenta la morfología típica de un polígamo porque realmente su comportamiento en cuanto a las labores de mantenimiento de las galerías maternas es más de “escarabajo con paternidad no responsable” que de escarabajo polígamo.