viernes, 2 de diciembre de 2016

El río reclama su espacio.

            
Tenemos una nueva contratación para el departamento de Medio Ambiente de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Este otoño-invierno parece que se ha hecho cargo de su puesto y ha comenzado las obras. Se trata del río Gállego. De momento está retirando las defensas que se construyeron de forma inexplicable hará un año, como vemos en la foto superior. Y digo de forma inexplicable por que se construyeron después de que se optara por una forma diferente de trabajar, haciéndolo con el río en vez de contra él. La última actuación ahora destruída, que ya dio lugar a una entrada en este blog no tuvo explicación. Bueno sí. El tirar el dinero público a favor de una empresa que no tendría nada mejor que hacer. Como en los viejos tiempos. No sé cuál fue la cantidad dilapidada en esta obra, pero ahora se debería exigir alguna responsabilidad. Habrá que volver a gastar dinero público. Y eso da miedo. Porque no sabemos si será para retirar lo que nunca debió construirse y quitar el gavión, o si se volverá a rehacer con alguna obra más de acompañamiento con lo que todo podría ser peor. Porque seguro que no se acometerá la colocación de defensas enterradas en el caso de que se considere necesaria una defensa, puesto que no se hizo en su día. Aún recuerdo la alegría con la que recibí la retirada de los espigones previa a la Expo. Quien iba a imaginarse que volverían a hacerse.

           




  La realidad es que lo más peligroso para el medio ambiente en muchas ocasiones es la existencia de presupuesto. Cuando hay poco dinero se hace poco. Si se hace bien, la verdad es que es un trabajo lento. Pero si se hace mal, es mejor que no haya grandes cantidades para que se eviten este tipo de cosas.

viernes, 28 de octubre de 2016

Fin del viaje...

Atropellado. Este ejemplar de Aguilucho Cenizo fue encontrado por un compañero que se llama José Enrique Lobera en una carretera de Las Cinco Villas, una comarca de Aragón. El plumaje que luce es el de un individuo joven, que es claramente distinto del de los ejemplares machos adultos, predominantemente grises o el de las hembras, que es moteado en el pecho. Es una zona en la que se pueden observar con cierta facilidad las tres especies de aguilucho, El aguilucho lagunero, (Circus aeruginosius), el Cenizo, (Circus pygargus) y el pálido (Circus cyaneus). De hecho ya  sé de ejemplares de aguilucho lagunero atropellados en esas mismas carreteras, e incluso de nutrias (Lutra lutra).
Así acaban muchas de nuestras aves y demás animales silvestres. Las carreteras son un sumidero de vida impresionante. Cualquier animal que vive actualmente en un país Europeo, a no ser que viva en zonas remotas de montaña, corre riesgo de morir atropellado. He visto atropellados todo tipo de animales, desde el pequeño reyezuelo sencillo, (Regulus regulus) hasta el buitre común o leonado (Gyps fulvus), todo tipo de reptiles, anfibios y mamíferos desde el tamaño de un ratón (Mus spretus) al ciervo común (Cervus elaphus).

La época de la migración, cuando millones de aves cruzan la Península Ibérica hacia el sur es una época de gran mortandad. No obstante, pese a la gran cantidad de aves muertas por atropello, el mayor impacto que el hombre causa en las aves es el provocado por los gatos domésticos según han publicado en un estudio de Canadá cuyo resumen enlazo en la página de la Sociedad Española de Ornitología. http://www.seo.org/2013/11/13/los-gatos-primera-causa-de-mortandad-de-aves-en-canada-segun-un-estudio/.

El caso, es que el agilucho atropellado, portaba una anilla. Es una anilla del Museo de Ciencias Naturales de Paris. El número EA7 14896. Me he puesto en contacto con el museo https://www.mnhn.fr/ mediante la sección de contactos de su página, donde ya hay una opción para la comunicación de estos hallazgos. A finales de año, cuando se remiten todos los datos de anillamiento, podremos saber alguna cosa más como el sexo (aunque creo que es un macho) y el lugar donde se anilló...

martes, 11 de octubre de 2016

Los sapos salen de paseo

En la primavera de 2015, nos hicimos con unos raenacuajos de sapo que había en una balsa que se quería desecar para proceder a su limpieza. Los soltamos en uno de nuestros estanques. Pretendíamos por un lado salvar a los renacuajos de una muerte segura y por otra, recuperar la presencia de estos anfibios en la zona, ya que yo sólo he visto sapo una vez en toda mi vida en el lugar donde vivo, pese a que en el pasado sí que existían, al igual que la extinta ranita de San Antonio (Hyla arborea). Aquella vez que vi un sapo, fue a 600 metros de mi casa actual, y a 600 de lo que será la nueva. Era un sapo corredor (Bufo calamita) y estaba atropellado en el camino.



En estos últimos días de Agosto, he tenido ocasión de alegrarme con dos descubrimientos. Uno  el de un sapo corredor (Bufo calamita) cuya foto encabeza el blog, en la nueva casa que estamos reformando. Concretamente en la bodega o "caño" ( foto de la derecha) que es como se denomina en este lugar, aunque no sé muy bien como ha aparecido allí.  Fue tras regar la hierba y los árboles. Quizá accedio por un agujero que se adentra hasta el interior del caño, a 6 metros de profundidad, pero no hemos encontrado la entrada al mismo. Al verlo recordé que en su día soltamos aquellos renacuajos. Y que me gustaría que fuesen esos sapos.







A los pocos días, mi hijo Quique mandó una foto a nuestros móviles. Otro pequeño sapo corredor encontrado por los alrededores de la casa, a unos 150 metros del estanque donde depositamos los renacuajos. Del mismo tamaño que el que yo ví en nuestra casa, pero más delgado. Aquel estaba a unos 850 metros del estanque. Creo que estos pequeños sapos son los mismos que aquellos que trajimos al estanque en forma de renacuajos.

Hace 25 años trajimos renacuajos de rana común (Rana perezi) ya que habían desaparecido de todas las acequias y eran ya raras en el río. Hoy se oye el canto de las ranas incluso en la nueva casa, a 900 metros de la actual. Sólo tienen un problema, reproducirse fuera de nuestros estanques, ya que no hay lugares con agua y sin cangrejos americanos. Un reto a afrontar en la nueva casa será  proporcionar un lugar donde se puedan reproducir los anfibios como hace décadas y que se extiendan de nuevo por la zona...

viernes, 16 de septiembre de 2016

El rastro del aguililla calzada

Sabéis que me quejo a menudo de que no voy al monte desde hace tiempo. No obstante, cerca de casa se puede tener la ocasión de contemplar algún que otro episodio que se sale de la rutina y que vale tanto como una visita al medio natural.
Tras una mañana de transportar material de construcción, volvíamos a casa sobre las 13:00 horas. A nuestra derecha, en un campo que había tenido trigo y ahora estaba en barbecho, un aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) acababa de capturar una paloma bravía o doméstica (Columba livia). Reducimos la velocidad. El águila (detesto ese nuevo nombre de aguililla), paró de comer. Nos miró y cuando superamos el lugar donde se encontraba volvió a alimentarse.
Llegué a casa, cogí la cámara fotográfica, los prismáticos y me fui a las proximidades del lugar donde se encontraba el águila sin que ella advirtiera mi presencia. El ave seguía comiendo a su ritmo. Paraba de comer de vez en cuando. Miraba a los lados, hacia el cielo... en el suelo es vulnerable y no puede abstraerse totalmente de lo que ocurre a su alrededor. Comer es una actividad de riesgo. Veía como sujetaba la comida con sus garras, y como tiraba con fuerza para despedazar la presa... el tiempo pasaba y parecía que no iba a acabar nunca. Tras desplumar a su presa, agitaba su cabeza para quitarse las plumas del pico. Cuando acababa con un pedazo, caminaba por los alrededores en busca de lo que quedaba. Incluso las patas, tan correosas que le costaba un gran esfuerzo tirar de ellas para despedazarlas. Finalmente no quedó nada salvo un hueso grande, el húmero y los intestinos rodeados por las plumas. Todo ello durante unos interminables 40 minutos cuyo desenlace el aspecto de un desplumadero de águila calzada. Tan sólo un manto de plumas, arrancadas una a una y una pequeña zona ensangrentada donde ha despedazado a su presa queda tras la comida del águila calzada.


Por fin, cuando ya dejó de comer salí y ella comenzó a volar. Se advertía el buche completamente lleno con la paloma. Lamentablemente mi cámara no me permitió sacar fotos decentes del águila pese a estar muy cerca, de modo que en el encabezamiento he puesto un dibujo a lápiz que hice hace un montón de años...




Aquí abajo pongo una foto del águila... como podéis comprobar sale muy pequeña. Pero no puedo ofrecer imágenes mejores.


jueves, 8 de septiembre de 2016

Están locos estos moluscos...

Creo que son conocidos por todos los caracoles.  Aquellos que no han podido verlos se podrán contar con los dedos de una mano, pues en cualquier salida al campo o al parque, si se levanta alguna piedra, plástico o madera, es fácil encontrar algún ejemplar. En algunos países incluso son consumidos como alimento, que yo sepa en España y Francia.
Los caracoles y las babosas o limacos, son seres de actividad nocturna o de días lluviosos, ya que si se arriesgan a salir en las horas centrales del día corren el riesgo de morir por desecación. Con el fin de evitar esto, cuando comienza a amanecer, se refugian en lugares húmedos y oscuros en los que poder estar a salvo. Si volteamos un tronco podremos observar varias especies de moluscos apelotonadas buscando el resguardo de la humedad. Pegan su concha a algún sitio duro y cierran la junta con mucus. En la foto, (Helix aspersa, 1; Otala punctata, 2; y Cochlicella barbara, 3 ). En tiempos muy secos incluso segregan un "tapón" completo que ocupa toda la abertura de la concha y que se solidifica impidiendo
la pérdida de humedad y que permite el paso del aire. Las babosas, que no poseen conchas, o mejor dicho, que la tienen bajo la piel han de permanecer en los huecos más húmedos. Duranye el invierno se refugian en profundos agujeros y sellan sus conchas por completo.




Y esto es lo que hacen gran cantidad de especies de moluscos, aunque algunos de ellos hagan justo lo contrario, como estos  Theba pisana. Lejos de esconderse y refugiarse, se suben a un lugar bien alto totalmente expuestos al viento y el sol. Les llamamos "caracoletas" en Zaragoza, y son tan abundantes que no reparamos en su comportamiento, totalmente contrario al de muchos otros caracoles. A pesar del calor tan intenso de este verano y de que no ha llovido ni una gota ahí han permanecido todo el tiempo. Han servico de estandartes en cada uno de los tutores que hemos puesto para que la fuerza del viento no maltratase en exceso los nuevos árboles y arbustos que hemos plantado.



Pero no sólo las caracoletas están locas, Recuerdo que un fin de semana de Diciembre de hace varios años, realicé una exposición de naturaleza en un pueblo del Pirineo Aragonés que se llama Piedrafita de Jaca. A la hora de la comida salí a dar una  vuelta porlos alrededores del pueblo contemplando la nevada cuando pude ver a otro caracol loco. En este caso es un caracol amarillo, (Cepaea nemoralis.) que daba un paseo por la nieve. El resto de los caracoles, dormían en profundos agujeros con sus puertas de mucus cerrando las conchas y esperando las lluvias y temperaturas de la primavera. Y este loco andaba por encima de la nieve... le hice una foto por que me pareció curioso, y hoy la comparto con vosotros.

jueves, 14 de julio de 2016

Construyendo un hogar 2. Los murciélagos.

                
Una de las cosas que no poseo en la casa actual es un refugio para murciélagos. El rescate de dos pequeños murciélagos por Belén en el invierno de 2015, (que José Manuel Sánchez identificó como murciélagos de cabrera), y su vuelo exitoso, me hizo pensar en la necesidad de proporcionar un refugio a estos simpáticos animales. En la parte superior, una foto de los murciélagos cuando colgamos su refugio provisional con el fin fe que lo abandonaran cuando ellos considerasen oportuno




El proceso de suelta de los murciélagos lo relato en la entrada denominada operación murciélago.  En la foto de la derecha podemos comprobar como se colocó la caja, con abertura hacia la pared ya que les gustan las rendijas. La caja estaba abierta de modo que, cuando la temperatura lo permitió abandonaron este refugio.   Ha vuelto al menos en una ocasión uno de ellos a la caja que pusimos para liberarlos, por lo que decidí construir un refugio especial  y me puse manos a la obra.



 El resultado es un gran refugio en el que espero poder albergar unos cuantos. Barnizado sólo por fuera espero que sea de su agrado. La idea es ponerlo colgado en una pared bajo un alero del tejado y sobre un suelo donde poder localizar fácilmente los excrementos. Retirando diariamente los excrementos podré hacer estimaciones del nivel de ocupación (pocos, muchos) tan sólo echando un vistazo. No lo he hecho practicable de modo que no podré identificar la especie ni nada, pero ese no es el objetivo, sino tan sólo poder disfrutar de sus vuelos al atardecer. A la izquierda podéis ver el refugio. El acceso es por la parte inferior. Los murciélagos trepan hacia arriba por las paredes de madera y se acurrucan en su interior donde hay unos tabiques de madera que están separados entre ellos sobre unos 2 cm. Es grande, por lo que espero que pueda albergar unos cuantos. Estoy impaciente por que lo usen...

miércoles, 29 de junio de 2016

Construyendo un hogar. Los pequeños pájaros...




                 Paralelamente a la lenta, lentísima rehabilitación de nuestra casa nueva, estamos intentando crear un sitio en el que poder vivir como nos gusta, rodeados de todos esos seres con los que compartimos aventura diaria. Nosotros nos mudaremos, pero habrá algunos vecinos que no se mudarán con nosotros. . Bajo los aleros de nuestra casa actual colocamos unas tablas para que no cayeran al suelo las crías de gorrión común (Passer domesticus), cuya foto encabeza esta portada. Los polluelos, que en los días más calurosos no podían soportar bajo las tejas, se tiraban del nido yéndose al traste siempre una pollada.. La idea que llevamos es que el día que nos mudemos contemos con una vecindad como la que ahora tenemos. Parece ser que en este caso los gorriones que anidan bajo las tejas no necesitan ayuda, de modo que no considero necesario más apoyo, si bien las tejas, que están pegadas con espuma, eviten la competencia por el sitio con el estornino negro (Sturnus unicolor) que tendrá más difícil el acceso.



              Durante más de una década, cerca de una docena de cajas-nido facilitan un lugar de cría a los gorriones molineros (Passer montanus) que viven en nuestra casa actual. Es así que esta temporada ya hemos colocado cuatro cajas-nido en los árboles que rodean lo que será nuestra casa futura. Oigo ya la llamada de los polluelos de la segunda nidada de los gorriones molineros, de modo que parece ser que contaremos con gran número de ellos dentro de unas temporadas. Están ocupadas las cuatro, y colocaré una quinta para la temporada próxima. Quedarán pendientes otras muchas, pero para eso todavía tengo que esperar a que los árboles tengan un tamaño razonable, que creo que tardaremos más de 5 años en conseguir.



 

He decidido que les voy a aportar algo de alimento suplementario y por ello he construido un comedero con parte de las maderas que me han sobrado de los tejados. Al principio hubo algo de reticencia a usarlo pero esta semana, compruebo que ya hacen uso regular de él y pronto tendré que reponer la comida. He dejado un pequeño espacio para posarse, de modo que espero que los estorninos no puedan hacer fácilmente uso de ella. Si los veo visitarla con asiduidad, intentaré poner trabas a su presencia, puesto que quiero favorecer aquí sólo a los gorriones y otros pájaros de su tamaño. En otoño pondré otro tipo de menú para los insectívoros que estén allí de forma ocasional hasta que el seto les ofrezca cobijo y puedan estar de forma continua. El agua la tienen asegurada puesto que dos acequias rodean en parte el terreno y como las tajaderas pierden, siempre hay puntos de agua. En un futuro próximo construiremos un estanque para los anfibios.