domingo, 12 de marzo de 2017

¡Zarpamos a Illueca!



Ya era hora.
Nos vamos a permitir unas jornadas de descanso de las obras para dedicarnos a lo que nos gusta. El próximo sábado, 18 de marzo de 2017, nos vamos a Illueca, un pueblo de la comarca del Aranda, en la provincia de Zaragoza para poner una exposición sobre la evolución.
Durante ese sábado, estaremos a lo largo del horario de apertura (de 10.00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00) para charlar y explicar todos aquellos aspectos de la exposición que se nos soliciten. Organizada por el IES Sierra de la Virgen, y en la que colabora la Comarca del Aranda y el Ayuntamiento de Illueca. También podrá ser visitada la semana siguiente, aunque nosotros no estaremos (20 AL 24 de marzo de 10:00 a 13:30) .  Los alumnos pasarán acompañados de sus profesores a lo largo de estos días. La exposición se hace en el Centro Cultural, en la Biblioteca.
Esperamos que sea del agrado de todos aquellos que la visiten y que nuestras explicaciones y las piezas elegidas para ilustrarla cumplan las espectativas de todos aquellos que nos quieran ver.

Para aquellos que nunca hayáis visto una de nuestras exposiciones, pongo dos fotos con una vista general de una igual que se puso en el IES ITACA Zaragoza en 2014. Se realizó en una de las aulas que se utilizaba para música, por lo que la sala estaba todavía con algún material de fondo, pero lo importante es el contenido.


  Están colocadas todas la piezas sobre mesas de clase, haciendo entre todas una longitud aproximada de 25 metros. Fósiles, reproducciones, huesos, algún ejemplar naturalizado... todos en un recorrido desde la formación de La Tierra a la actualidad. Se explican la selección natural, el nicho ecológico o la selección sexual, y se expone gráficamente la inmensidad del tiempo y la pequeñez que dentro de él supone  el período de la vida de un ser humano...



jueves, 9 de febrero de 2017

Un viaje al pasado

           
 Una cosa que no puedo evitar, es mirar las paredes de los cortados o de las zanjas. Y es que en estos sitios es donde se muestra lo que fue el suelo muchos años atrás. En estos sitios podemos encontrar fósiles de organismos que vivieron hace miles o millones de años. En el lugar donde vivo, que son las terrazas formadas por el río Gállego, no se encuentran fósiles, ya que éstos son muy raros. Sí que se han encontrado restos de elefante en las gravas del río, cuyo curso actualmente está bastante lejos. Concretamente un fragmento de defensa fue encontrado hace años por José Bellosta Zapata. El fósil fue extraído y depositado en el Museo de Ciencias Naturales de Zaragoza.
            En algunas ocasiones aparecen turberas entre la grava. En estas turberas, que son los restos de pequeñas lagunas lenticulares donde se recogían restos vegetales, también aparecen algunos restos de animales. Es en estas turberas donde hemos obtenido una piña (clasificada como Pinus nigra por Carlos Morla Juaristi). Ismael Gracia Legasa también encontró una piña. Ambas fueron entregadas a Carlos Morla que las conserva entre los fondos de la facultad de la Universidad Complutense. También apareció un hueso de ave sin identificar,  un fragmento de la cadera de una gran tortuga de tierra cuya especie no conocemos y que está depositada en el museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza. Fue extraída de la turbera en compañía de Ismael Gracia.
            Con José Bellosta encontramos una donde había grandes troncos de lo que parecía una sabina en posición de vida y en otra turbera uno de pino. Junto a ellos y en el mismo nivel, restos de caracoles de agua y terrestres cuya datación dio una antigüedad superior a los 38.000 años. Probablemente sólo el hombre Neandertal se aproximaría a estas lagunas a cazar o beber. Nosotros pusimos los pies en ese mismo suelo 40.000 años después quizá, cuando una avenida volvió a ponerlo de nuevo al descubierto.
            Pero en las gravas, en la parte donde se ubica el barrio, no se encuentra nada. Los agujeros o lugares donde poder mirar son pequeños y es muy poco probable encontrar nada. Sólo cantos rodados. Pero ya son algo. Indican que esas piedras fueron moldeadas por las corrientes de agua, en este caso el río Gállego cuando pasó muchos años antes por estos lugares en su serpenteante divagar. Y el caso que me lleva a escribir esta entrada es precisamente este. Hablando con una persona que ha venido a la casa a hacer un pozo, le mostraba en la profunda bodega el material que se encontraría en la excavación. Una zona de gravas cementadas durísimas, compactadas de tal forma que parecen hormigón y que en la zona denominamos  “mallacán” y debajo de éstas, gravas menos compactas y sueltas.
           
Le comentaba a Miguel, que es como se llama el palista que a saber cuántos años haría que el río no pasaba por allí, y lo curioso que resultaba poder saber en ocasiones desde donde había traído el río aquellas piedras. Le señalaba el granito de la fotografía, encontrado a unos cuatro metros de profundidad en el suelo y que provenía del Pirineo, de la zona de Panticosa, único lugar de donde puede venir, y de cómo llegó hasta ahí arrastrado por el agua desde el Pirineo, a 160km. de distancia. También le decía que a partir de la desembocadura del Gállego en el Ebro podemos encontrar en el curso de este último los cantos rodados de granito. Dijo que a pesar de estar siempre haciendo agujeros no le había dado por pensar eso, y es ese comentario el que me ha llevado a escribir esta entrada, pues quizá a alguno de los que me leen también le haga reflexionar sobre la antigüedad del suelo sobre el que caminamos.

            No es necesario encontrar restos de elefantes o rinocerontes o leones. Cuando miramos estas piedras, que aparecen a gran profundidad, podemos ver donde se encontró el suelo hace miles de años. Un suelo por el que quizá no paseó el ser humano y sobre el que vivían elefantes, rinocerontes, hipopótamos, leopardos, monos, leones… cada vez que observamos una excavación es un buen momento para reflexionar sobre la brevedad de nuestro paso por este planeta, y sin embargo del gran daño que nuestras actividades pueden provocar… 

martes, 24 de enero de 2017

Una extraña huella de burro

         

 Una de las huellas más fáciles de identificar, al sólo contar con una especie que la produce es la del caballo. Es posible encontrar huellas iguales a las de caballo muy pequeñas generalmente mezcladas con huellas de ovejas. Todavía hay pastores que tienen burros, y éstos producen esas huellas.
            El otro día, me acerqué un momento por la mañana al monte y pude fotografiar una huella, que por su pequeño tamaño pertenece a un burro.
            Lo curioso de esta huella, es que despista por su forma, pudiendo ser confundida con la de un ciervo debido a su tamaño. Al ser huellas muy profundas, la parte trasera de la huella presenta dos protuberancias que parecen ser producidas por dos pezuñas. Hay que prestar atención a la parte delantera de la huella donde se aprecia el contorno circular ininterrumpido, mostrando que la huella no pertenece a dos cascos sino a uno sólo.

            En la fotografía de la derecha, podemos apreciar cual es la parte de la pata que ha producido estas impresiones que dan lugar a confusión. Es la parte denominada talón, cuya forma redondeada produce esas curiosas impresiones. 

domingo, 1 de enero de 2017

Construyendo un hogar 4. El bosque.

        
Eso me propongo. Disponer de algo parecido a un bosque que me proporcione ese sentimiento de aislamiento que cada vez me parece más gratificante. No llevo bien estar currando las horas convencionales de mi trabajo y después tener que desarrollar trabajos adicionales rehabilitando un huevo hogar para mí cuando tengo edad de estar echando una mano a mis hijos. La desbrozadora, tan necesaria en una finca que linda en dos de sus partes con acequias de tierra y hierba, me proporciona periodos de abstracción mientras corto la hierba oyendo el rumor lejano de su motor a través de los cascos de protección.
           Me parece que no crecen nunca. Unos Ginkos (Ginkgo biloba) a la entrada del camino es el lugar que dedicamos a la esperanza, algo que intentaremos mantener intacta. En esa parte del campo pondré frutales que proporcionen algo de fruta para nosotros y para nuestros vecinos los pájaros e insectos de los que tengo intención de rodearme, igual que en la casa en la que vivo actualmente. Ahora estamos poniendo los frutales. Un Kaki (Dyospiros kaki), tres granados (Punica granatum), y más adelante pondremos almendreras o almendros (Prunus dulcis), melocotoneros (Prunus persica), cerezos (Prunus avium) y albergeros o albaricoqueros (Prunus armeniaca) y nísperos (Eriobotrya japonica). Algunos nacidos de hueso. Quizá pongamos algunas especies más más. Siete olivos (Olea oleoides) y una higuera (Ficus carica)  les esperan desde la primavera tardía pasada. Han pasado mal el verano, pero han llegado todos vivos al invierno. Pero es el otro sector el que me hace ser más impaciente. El del bosque...

          Populus nigra), álamos (Populus alba), fresnos (Fraxinus angustifolia, foto del encabezamiento), almeces (Celtis australis), nogales (Juglans regia)  y tamarices (Tamarix gallica) bajo los que plantar algunos majuelos (Crataegus monogyna), y cornejos (Cornus sanguinea), todos ellos rodeados por un seto de lentisco (Pistacia lentiscus, foto de la derecha) que espero no me dará mucho trabajo ya que la idea es que crezca de forma libre para que el grosor del seto permita que se alberguen con comodidad los mirlos y ruiseñores (como lamento no poder trasladar los que me visitan cada año en mi casa actual). Ya anidan en los árboles grandes las palomas torcaces, antes raras pero ahora abundantísimas incluso en el interior de las ciudades. Este invierno pondremos coscojas (Quercus coccifera), enebros (Juniperus oxycedrus) y alguna carrasca (Quercus rotundifolia)...
Chopos (

           Cuando ya se acababa el mes de agosto,  pude observar el vuelo acrobático de las golondrinas mientras cortaba la hierba. Se llegan a acercar tanto que se contemplan perfectamente las cebas de los adultos a las crías en pleno vuelo. Un día un águila calzada pasó a saludar. ¡Cuanto tiempo hace que no voy a monte!. Me deleité con su vuelo, planeando en círculos que poco a poco se fueron alejando. Espero que al año que viene mis árboles estén mucho más grandes que ahora...