sábado, 1 de julio de 2017

El ciervo volante.

          
             El pasado mes de junio, a mediados, pude hacer una escapada al sur de Francia. Las terribles temperaturas que vivíamos en España se hacen más llevaderas allí, que aunque hace calor, este es menos intenso.
             Tras visitar varios pueblecillos en busca de mercadillos donde poder adquirir curiosidades, hicimos un alto para comer. Estaba sentado tranquilamente, cuando al dirigir mi mirada hacia el tronco de un roble (Quercus robur) de los que nos propporcioanban la agradable sombra quedé maravillado. Un ejemplar de ciervo volante (Lucanus cervus), un gran macho, estaba descansando tranquilamente. 
Dije "mirad que pasada de bicho en ese tronco". Cuando los demás acertaron a verlo quedaron sorprendidos. No suele ser común que las personas conozcan  la existencia de estas joyas biológicas en los bosques europeos. 

           
No pude resistirme a la tentación de recogerlo y sostenerlo un poco sobre mi mano donde mi hija Lucía le sacó algunas fotos.
Es curioso el modo de vivir de estos magníficos escarabajos. Tienen una dilatada vida larvaria alimentándose de madera en el interior de troncos de árboles de hoja caduca. Principalmente de robles. Su vida de adultos es breve. Un mes quizá. 

            Cuando salen de su pupa, se encaraman sobre los árboles donde esperan a detectar los aromas que desprenden las hembras (feromonas), que detectan con sus antenas. Bajo sus élitros, que son las alas duras que cubren su cuerpo, poseen unas alas membranosas que les permiten volar en su busca. Al acudir varios machos a la "llamada", se establecen combates entre los mismos en los que las mandíbulas enormes (no son cuernos), tienen como función sujetar a su contrincante, despegarlo del tronco donde se encuentran y arrojarlo fuera. El vencedor podrá aparearse con la hembra. Cualquiera que haya tenido que separar uno de estos animales del tronco en el que se encuentra sujeto mediante las uñas de sus extremidades, se podrá hacer idea de la fuerza que pueden llegar a desarrollar.
                El enorme tamaño de las mandíbulas las convierte en un aparato inoperativo para la alimentación, de modo que tan sólo pueden lamer savias y restos de frutas ricas en azúcar. 
             Tras la sesión fotográfica dejamos al magnífico animal en su tronco. Imediatamente, trepó por él hasta perderse entre el follaje y las ramas a gran altura del suelo.

              Estos grandes escarabajos, como otros conocidos como longicorniospor la enorme longitud de sus antenas sufren una importante regresión en sus poblaciones por la costumbre de retirar los árboles viejos, ramas rotas y demás restos de madera del bosque. Es imprescindible que en nuestros  bosques sigan existiendo árboles viejos con tocones, ramas rotas, pudriciones y huecos donde animales como este puedan subsistir y seguir dotando de tan valiosa presencia nuestro medio natural. Vamos, en resumen, que es importante que nuestros bosques sigan siendo o vuelvan a ser bosques y no tan sólo factorías de producción de madera. La escasez de estos magníficos caballeros medievales, que es lo que a mí me parecen cuando observo sus armaduras, ha hecho que se deba de proteger a estos animales igual que se ha tenido que hacer con tan emblemáticos seres como el águila real (Aquila chrysaetos), el lince (Lynx pardinus) o el oso (Ursus arctos).

               Disfrutad de las fotos que sacó mi hija Lucía y observad el gran tamaño del ejemplar. Espero que estos escarabajos sigan adornando nuestros bosques por muchos años...