miércoles, 9 de noviembre de 2022

El grillo en la piscina

 


Me ha llegado a la memoria un recuerdo de hace años, mas de quince, cuando me encontraba trabajando en mi primera piscina municipal. Ya había terminado la temporada de verano y sería el mes de septiembre u octubre, si pienso en la época y el estado de desarrollo en el que se encontraban los grillos. Estábamos en el pabellón, por la mañana, a media mañana.
Era en el Centro Deportivo Municipal de Torrero. Hacía algo de calor porque recuerdo el sol a través de los cristales de pavés de la pared. En el zócalo de cerámica que había en la pared, que conocemos como rodapié, había un pequeño agujero y un macho de grillo (Grillus campestris), se había alojado en su interior. Llevaba varios días emitiendo su canto con el fin de atraer una hembra que nunca llegaba al interior de la edificación.
Uno de mis compañeros en ese día, no recuerdo quien más había, sólo lo recuerdo a él, era Carlos Fernández. Me decía que el grillo lo tenía harto, y le dije que para rato tenía, ya que estaba llamando a una hembra que nunca vendría. Comoquiera que estaba algo escéptico con lo que dije, y temía por la salud del grillo, me salí al jardín y recogí una hembra adulta. La puse a unos seis metros o así de donde se encontraba el macho cantor. En ese momento, el macho comenzó una tanda de cri-cri. La hembra comenzó a girar sobre sí misma. Yo le contaba a Carlos, que los grillos y chicharras tienen el tímpano, que es el aparato que recoge el sonido, en las patas delanteras. En las tibias. Le decía que los otros saltamontes lo tienen en el abdomen, algo tapado por las alas. Con ese giro que daba, la hembra detectaba el lugar del que procedía el sonido y una vez dicho sonido tenía la misma intensidad en ambas patas, comenzó a caminar en línea recta hasta que la tanda de cri-cri, cesó. De nuevo giró lentamente sobre sí misma hasta que el grillo comenzó de nuevo a "cantar". Localizada otra vez la fuente, comenzó a caminar de nuevo en línea recta hacia el lugar de procedencia. Tras los giros sobre sí misma, una vez localizado el lugar de donde procedía el sonido, la hembra comenzaba su marcha decidida una y otra vez hasta que el macho terminaba su tanda y volvía a reinar el silencio.
Unas tres o cuatro veces repetiría el proceso aquella hembra hasta que llegó al agujero, se introdujo en 
él y reinó el silencio para siempre. No llegaría a los diez minutos y quizá tampoco a los cinco todo el proceso. No recuerdo el motivo por el que entré al control, porque cuando estaba Carlos siempre se quedaba sólo él debido a su situación de salud, quedando los demás en el taller o por el jardín haciendo las labores propias del invierno. Imagino que sería la hora del café de media mañana y que estaríamos alguien más, pues Carlos no iba en mi turno y no solíamos coincidir salvo por las mañanas. El caso es que recuerdo que después de aquello estuvo una temporada llamándome Grissom, debido al personaje que era entomólogo forense en una serie de investigación criminalística norteamericana ubicada en Las Vegas.
Ha venido a mi cabeza ese recuerdo, ahora que las ninfas de Grillus campestris están ya grandes y las veo ir y venir por el jardín cuando muevo algo de vegetación muerta o alguna tabla bajo la que se refugian durante el día. Quería compartir con vosotros este relato de la búsqueda del grillo macho por parte de la hembra que tanto parece ser que le impactó a Carlos, y de este modo compartir la experiencia, aunque las imágenes esta vez sólo están en mi recuerdo y espero que también en vuestra imaginación. Y es que cuando relatas a alguien lo que hace un bicho y porqué, se siente como teleespectador privilegiado de un documental de naturaleza en primera línea. Me viene a la memoria otro episodio parecido, esta vez con una araña. Pero ese relato lo dejo para otro día. 

Al lado, vemos una fotografía de una chicharra. En el orden de los ortópteros, diferenciamos dos subórdenes. Por un lado, el suborden caelifera, en el que se encuentran los saltamontes comunes, con antenas cortas y gruesas, presentando además el tímpano en el abdomen. 
El otro suborden, ensífera, presenta antenas delgadas, a menudo largas y presentan los tímpanos en las tibias, como el grillo de la historia. Esta chicharra de la foto, pertenece a una especie sudamericana. El ejemplar estaba aplastado en una carretera de Neuquén, creo recordar, en Argentina hace ya varias decenas de años. Tal era el estado que presentaba el bicho que fue recogido del suelo y colocado en un portafolios entre papeles, como un marcapáginas. Fue un buen regalo. Al ser el cuerpo de los insectos una especie de "caparazón", las diferentes piezas del mismo fueron separadas, limpiadas y posteriormente, montado el ejemplar del mismo modo que se montan las armaduras medievales en los castillos. Siempre me han parecido caballeros medievales los insectos y los artrópodos en general. Al final, más o menos digno, preservé el ejemplar disecado que he aprovechado para fotografiar hoy y mostraros la posición de sus tímpanos en las tibias delanteras...