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sábado, 15 de noviembre de 2014

Focas en la playa

El pasado verano, como ya os dije en otra entrada, hemos estado en la costa normanda. Además de las consabidas visitas a innumerables museos de historia de la Segunda Guerra Mundial que a nadie dejan indiferente, también cayeron visitas a algunos sitios de interés naturalístico. Uno de estos lugares fue el parque natural de las marismas de Cotentín. Hicimos un recorrido a pie por el parque y observamos a las aves desde los diferentes observatorios. Quedé impresionado con uno de ellos de dos plantas en un estado de conservación impecable. Las aves que vimos eran las habituales de cualquier zona húmeda aunque llamaba la atención el gran número de somormujos lavancos (Podiceps cristatus) que había, pues además de haber varias parejas, los pollos ya crecidos eran bastante numerosos. Otra cosa que llamó la atención fue que vimos bastantes rastros de coipú (Myocastor coipus) y de rata almizclera (Ondatra zibethicus), que era tan abundante que pudimos verla nadando tranquilamente desde uno de los observatorios. Por la tarde hicimos un recorrido en barca y observamos la cantidad de comederos de este último animal, que tiene por costumbre acumular conchas de bivalvos de agua dulce.

Disfrutamos de varias jornadas de marea baja paseando por la playa donde recolectamos algún que otro
"tesoro" para un naturalista como yo. Al lado, un alcatraz (Sula bassana) muerto entre los restos de uno de los puertos artificiales de acero y hormigón que los aliados trajeron remolcados desde Inglaterra para construir un puerto donde desembarcar el material tras el desembarco. También visitamos la Falaise des Vaches Noires, unos acantilados que contienen interesantes yacimientos fosilíferos. Se permite la recolección de fósiles sobre la playa y allí pasamos un buen rato hasta que una tormenta descargó un buen paquete de agua sobre nosotros.


El día más gratificante, no obstante es el día que visitamos la Baie des Veys, un lugar donde se ubica una colonia de un centenar de focas comunes (Phoca vitulina). Emprendimos la excursión por la tarde, con el fin de llegar al lugar donde se encuentran las focas con la marea baja. Las playas con marea baja, cuando el coeficiente es alto son interminables en Normandía. Esta bahía se encuentra al lado de la playa conocida con el nombre de Utah Beach el día del desembarco.
Desde bastante lejos ya se veían las formas que nos parecían focas, pero sin poder asegurarlo a pesar de los prismáticos. Poco a poco nos fuimos acercando hasta que vimos a una que se movía torpemente y otra que adoptó la típica forma de plátano que tienen cuando levantan la cola y la cabeza descansando sólo sobre el vientre. A partir de ese momento, cada pocos metros volvíamos a mirar con los prismáticos hasta que reconocimos varias docenas en la playa que teníamos enfrente y a unas seis entre adultos y crías crecidas en nuestra misma playa.
Cuando estábamos a unos 100-200 mts, las focas se fueron yendo al agua pero sin retirarse mar adentro. Permanecían muy cerca de la orilla, permaneciendo a menos de diez metros de nosotros.
Nos miraban con más curiosidad que miedo. Al fin y al cabo íbamos nosotros cuatro sólos.
Como todavía faltaban unos metros hasta el lugar donde se encontraban antes de echarse al mar, yo seguí caminando con el objeto de fotografiar la huellas que habían dejado, y fui seguido por una foca que se desplazaba a mi lado desde dentro del mar y que contemplaba con cierta curiosidad mis movimientos en la playa, conducta que despertó las risas de Lucía, mi hija.
Las contemplamos unos minutos y decidimos marcharnos con el fin de no molestar más.
A la vuelta, justo con el momento de mínima altura de la marea, la visión del horizonte era sobrecogedora. El mar aparecía como una muralla lejana más parecida a una cascada en la lejanía que al mar, recordando a la película aquella de los Diez Mandamientos. Si de repente el Sol y la Luna decidiesen dejar de atraer el mar, éste se precipitaría hacia nosotros que estábamos bastante lejos todavía de la zona donde se acaba la playa. En la foto de abajo no sé si se aprecia bien este hecho. Podéis pinchar sobre ella y hacer un zoom, pero la cámara con la que la hice no es demasiado buena. Aún así, aquí dejo el documento.
El día se acabó con una interesante experiencia para todos, ya que no habíamos visto focas en ningún lugar que no empezase por la palabra Zoo. La experiencia de verlas en libertad, aunque no es tan cercana como la que uno tiene en un zoo sí que fue muy especial.

lunes, 13 de octubre de 2014

Recuerdos del verano 2

           
 Continuando con la entrada de las playas de Alcocéber, en esta entrada os cuento las cosas que pudimos ver buceando en la Cala Mundina.
            Nada más entrar, en las zonas batidas por las olas, al abrigo de las rocas y en las zonas algo sombrías podíamos encontrar quisquillas ( Palaemon spp.) como las de la foto superior que movidas por la curiosidad se acercaban a nuestras manos  por si podían sacar algo de lo que alimentarse. Remover el fondo es algo que las atrae como un imán. Son unos animales muy abundantes a la vez que bonitos, con sus cuerpos transparentes que los hacen difíciles de localizar.
           
En las grietas de las rocas encontramos blenios como la moma (Blennius galerita) que vemos en la foto de la izquierda o  los poderosos cangrejos morunos (Eriphia verrucosa), activos depredadores de otros cangrejos que son capaces de proporcionar dolorosos pellizcos con sus quelípedos o pinzas. Los ejemplares más grandes pueden ocasionar heridas. Aparecen siempre resguardados por sus poderosas “pinzas” de modo que son difíciles de sacar de sus agujeros. Aparecen como bolas peludas debido a las numerosas cerdas que cubren sus “patas”. De color pardo-rojizo y amarillo.
            Se ven muchos alevines es estas zonas, pero cuando nos adentramos algo más el tamaño de los peces aumenta y también los grupos se hacen más numerosos. El más abundante con diferencia es el raspallón (Diplodus annularis) con su mancha negra característica en el pedúnculo de la aleta caudal. Fácil de confundir con la menos abundante oblada (Oblada melanura), que también presenta esta mancha oscura si vienen este caso la mancha está rodeada de un halo blanco. Algo menos abundante es el sargo (Diplodus sargus), que se diferencia del raspallón por presentar una serie de líneas verticales además de la citada mancha en el pedúnculo caudal.
            Otros peces presentan más colorido, y dentro de ellos el más abundante es la salpa (Boops salpa),  llamativo debido a las rayas amarillas que lo recorren longitudinalmente. Más coloridos sin embargo son las julias o doncellas. (Coris julis), auténticas joyas multicolores que además presentan la característica curiosa de cambiar de sexo con la edad, siendo los ejemplares más grandes y viejos machos y los más jóvenes hembras. Más abigarrados y de tonos más crípticos, los tordos (Crenilabrus spp) se acercan con curiosidad cuando estamos inspeccionando las rocas.
            Otros peces menos llamativos por sus colores pero familiares al estar muchas veces en los mercados son la lubina (Morone labrax), la dorada (Sparus aurata) y la breca (Pagellus erythrinus).
            Como curiosidad vi por vez primera un pequeño grupo de tres ejemplares pequeños de espetón (Sphyraena sphyraena) que es la barracuda del Mediterráneo, y varios ejemplares de corvallo (Johnius umbra) que cuando nos acercábamos se ocultaban bajo las rocas.
           



Al volver a la playa, de forma invariable las piedras aparecen salpicadas de ejemplares de blénidos (Blennius spp.) de diferentes especies, como este blenio esfinge (Blennius sphinx)
Tras estas experiencias inolvidables, la piscina y a descansar hasta el día siguiente.

            

lunes, 6 de octubre de 2014

Recuerdos del verano 1

           

Os contaba que este año, en nuestra “semana mediterránea” habíamos hecho una jornada intensiva de mar. El lugar elegido ha sido la costa de Castellón, más concretamente Alcocéber. Durante una semana hemos acudido a nuestra cita con el mar. Ha habido días de playa arenosa pero al final tomamos la determinación de ir mejor a las calas pequeñas, ya que mis hijos ya no juegan a hacer castillos y sin embargo sí que disfrutan con la máscara y el tubo buceando en las proximidades de la orilla. No es necesario hacer grandes ni lejanas inmersiones para pasar unos ratos buenísimos en la playa, en lugares cuya profundidad no es necesario que supere ni los dos metros, aunque con aguas algo más profundas se ven peces algo más grandes. Las tardes en la Cala Mundina (arriba) fueron muy entretenidas, pero las dos mañanas que pasamos en la Cala Blanca (abajo) no lo fueron menos. El fondo de la Cala Blanca es de arena pero a los dos lados hay zonas de rocas donde la fauna era la misma que pudimos ver en la Cala Mundina y de la que os hablaré esta vez y en la siguiente ocasión. Para ver las imágenes que identifiquen a aquellos especímenes de los que no dispongo fotografía, lo mejor es poner los nombres científicos en el buscador y buscar imágenes.
            La que más nos gusta es la Cala Mundina, cuya foto os pongo al principio de la entrada. El fondo de la Cala Mundina es de canto rodado. Esta cala es la parte final de un barranco que baja de la sierra de Irta. Tan sólo hay erizos en una pequeña cueva, por lo que no hay peligro de pincharse si bien es buena medida usar escarpines para proteger las plantas de los pies. Con apenas 50cm. de profundidad, ya empezamos a ver muchas cosas interesantes. Al entrar, una parte de la cala está repleta de los restos de algas que el mar arroja a la playa. En este caso eran algas rojas, creo que Laurenia obtusa
Entre las algas que cubren las rocas quiero destacar a la Padina Pavonia, por lo llamativa debido a que las rocas aparecen salpicadas de teatros romanos en miniatura. No es especialmente grande ni frondosa, pero sí llama la atención por su abundancia. También es bastante frecuente la Acetabularia acetabulum, que apareciendo en pequeñas colonias asemejan a las playas con multitud de sombrillas para personas en miniatura. Las piedras están cubiertas de un tapiz verde, y cuando la profundidad aumenta aparecen algunas algas Caulerpa prolifera que aguantan bien en acuario y de las cuales tengo en el mío. Lucía me encontró en la orilla una mano de muerto (Codium vermilaria), mezclada con el resto de algas rojas arrancadas, que ahora la tengo en el acuario y que de momento sobrevive. A la derecha la foto.
            En estas zonas poco profundas, el animal que más nos sorprendió, ya que yo sólo había visto una y además en este mismo lugar diez años atrás fue una liebre de mar (Aplysia punctata) que toqueteamos un poco, hicimos nadar ante nuestros ojos para disfrutar con sus ondulantes movimientos y que después colocamos en la misma grieta en la que la habíamos encontrado. Los chicos encontraron varias estrellas de mar (Coccinasterias tenuispina) de estas que viven sobre las rocas y que si la mayoría de las estrellas de mar se caracterizan por poseer cinco brazos, en el caso de estas la característica es tener un número indeterminado, siete u ocho, pero raramente cinco.

           
Además de las algas que tapizan las piedras y las estrellas, multitud de peces y cangrejos viven bien en las grietas que se forman entre las rocas o en los agujeros que quedan bajo las mismas. Generalmente, para bucear suelo llevar unas láminas plastificadas con los nombres de los peces y de otras faunas más frecuentes, pero este año me lo dejé en casa, cosa que lamenté, ya que podía habérsela dejado a Quique que seguro habría aprovechado más las jornadas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

De nuevo a la mar...

           
 Por fin puedo publicar algo. Casi dos meses sin internet en casa gracias al 1004. Al final he tenido que hacer una nueva línea en una tienda y en menos de 24 horas, teléfono, internet y tv de golpe.
Os voy a contar a lo largo de varias entradas las experiencias naturales de este verano. En primer lugar, aunque no en orden cronológico os voy a hablar de la experiencia mediterránea. Siempre me maravilla este bosque que es capaz de arrodillarse para contemplar en mar Mediterráneo. Yo, que vivo en Zaragoza, si salgo a andar cerca de casa, lo hago o bien por el río o bien por el bosque xeromediterráneo que rodea mi ciudad. El pino carrasco, (Pinus halepensis) rey indiscutible de la situación cuando las temperaturas bajas no se lo impiden, no tiene rival en las condiciones subdesérticas del valle del Ebro. Le acompañan los lentiscos (Pistacia lentiscus), coscojas (Quercus coccifera), aladiernos (Rhamnus alaternus), espinos negros (Ramnus lycyoides), sabina negral (Juniperus phoenicea), el enebro (Juniperus oxycedrus) y en algunos sitios, la sabina albar (Juniperus thurifera).
            

Me acerco a la playa y allí está él. Con ese aspecto de estar siempre al borde del colapso y arrastrándose hasta el límite adoptando un porte en forma de cuña hacia el mar (foto de arriba) provocado por la muerte que la brisa salada produce en los brotes nuevos cada año (foto izquierda).





Incluso el lentisco adopta este porte. En la foto de la derecha podemos ver como los brotes de la parte superior mueren como en el caso del pino.
Tan sólo los algarrobos (Ceratonia siliqua) y los palmitos (Chamaerops humilis) que debido a su abundancia son difíciles de ignorar me dicen que no estoy al lado de mi casa. Y el mar. El mar inmenso y lleno de vida que salpica de pequeñas calas rocosas o arenosas la costa y que ahora que mis hijos son más mayores nos brindan esos lugares en los que con una máscara y un tubo podemos suspendernos de la superficie del agua contemplando los fondos con la mirada privilegiada de un cernícalo. Nunca me aburre la programación que ofrece el mar, aunque tras unos días ya conoces a algunos de sus vecinos.

            Me fijo  algo menos en los habitantes de la tierra, debido a que estamos aprovechando esa semana de mar Mediterráneo que tenemos al año de forma intensa en la playa, aunque debido a la insistencia de una lagartija colilarga (Psammodromus algirus), os ofrezco este posado al alcance de la mano de este no siempre demasiado confiado reptil. Esperemos que ahora esté de una forma más continua en la red.

miércoles, 27 de agosto de 2014

En dique seco

     
     
            Debido a las inclemencias del tiempo virtual, he estado unos días sin ADSL y por lo tanto el Beagle ha estado en dique seco. Las vacaciones, los trabajos pendientes en casa tras ellas, y finalmente la decisión de nuestro suministrador de cortarnos internet antes de que nos llegara el servicio de la otra compañía han imposibilitado que este barco siguiese navegando por la red. 
            Los barcos de verdad, los de “carne y hueso” también hacen sus paradas para reparaciones y puestas a punto. Pese al “dominio sobre la naturaleza” que ejerce el hombre, algunas de esas reparaciones se deben a la acción de los seres marinos sobre las embarcaciones.
           Un molusco especializado con aspecto de gusano, la broma ( (Teredo navalis), desarrolla su vida en el interior de la madera, que al no existir en el mar, proviene de la que es arrastrada mar adentro por las avenidas de los ríos. La larva de la broma, que es libre y que flota en el plancton, se introduce en la madera. El molusco, que se alimenta de madera, va practicando galerías en el interior de la misma por la acción de sus dos pequeñas valvas, que actúan como una perforadora. La galería es cada vez más grande, creciendo  al ritmo que crece el animal. La galería siempre está conectada con el exterior, ya que por ese orificio que es por el que entró la larva, circulará el agua que filtrará el molusco para alimentarse, ya que además de madera, la broma puede alimentarse como otros bivalvos por filtración.
           
Cuando los barcos de madera fueron puestos en el mar, se vieron sometidos a la acción destructora de las bromas, obligando a ser puestos cíclicamente en dique seco para efectuar las reparaciones oportunas en el casco. Hoy en día podemos advertir el trabajo de la broma en cualquier trozo de madera que haya estado el tiempo suficiente en la mar y posteriormente haya sido arrojado a la playa. La fotografía ha salido en blanco y negro, pero es que como no veo bien los colores (daltonismo) no fui capaz de advertir que la cámara de fotos estaba en modo blanco y negro hasta que no vi el icono en la pantallita. Es por eso, que tengo unas cuantas fotos de las playas del Delta del Ebro en blanco y negro, y una de ellas es esta.

            Hoy en día, las embarcaciones se fabrican de fibra o de acero, de modo que la brom aha dejado de ser una pesadilla. No obstante, los balanos o bellotas de mar (Balanus spp.) son capaces de adherirse a los cascos del mismo modo que lo hacen a las rocas de la costa. Llega un momento, que el número de seres pegados al casco del barco es tal, que se ha de extraer del mar y los seres han de ser removidos del casco, pues con tal recubrimiento el barco se desliza peor por el agua haciendo disminuir la velocidad y aumentando el consumo de combustible de manera muy considerable.
Aspecto de trozos de madera con galerías de broma arrojados a la playa por el oleaje.

lunes, 14 de julio de 2014

70 años de los desembarcos en Normandía.

           

         
             El pasado seis de junio se cumplieron los 70 años del desembarco en las playas de Normandía. El 24 de agosto del mismo año, 1944, los blindados del regimiento nº 9 (la Nueve) compuesto por más de 150 españoles antifascistas entraron con la bandera constitucional española (tricolor) en París y llegaron hasta el Ayuntamiento. Iban rotulados con nombres de batallas de la guerra civil o como el de la foto con nombres como "España cañí". París fue liberado por los blindados del regimiento español y el primer vehículo que llegó al ayuntamiento de París fue el Guadalajara.
              Este año hemos ido a Normandía de vacaciones. Ya estamos de vuelta. Allí Quique, mi hijo mediano, puede dar rienda suelta a su afición por la historia de la Segunda Guerra Mundial. Una vez allí, los vestigios que inundan los pueblos y las playas  no dejan indiferente a nadie. Todavía se conservan algunos bunker en las playas, y algunos de ellos están musealizados con infinidad de material original de la guerra. Restos de embarcaciones, chatarra o incluso algún casquillo de bala se puede encontrar uno en las playas. Restos del muro, de las defensas anti-tanque y puestos de ametralladoras, estando incluso los cañones originales en cuatro de los puestos destinados a ello.
           
            En Arromanches, se puede apreciar parte del puerto artificial que instalaron para desembarcar la barbaridad de material que llegó a las playas normandas. Al fondo se aprecian los bloques grandes, que están anclados al suelo y que formaban el muelle. Desde ellos, partían unos puentes que se tendían sobre unas estructuras que parecen barcas y que comunicaban los muelles con la playa. Todo este puerto quedó desmontado tras una tempestad a los pocos días de construirlo.Pero no sólo soldados y material bélico fue lo que desembarcó en las playas.


           
          
            En el siglo XIX, con la aparición de la ostreicultura, se importaron ostras a Inglaterra procedentes de Virgina, EEUU. Parece ser que portaban larvas de unos moluscos ( Crepidula fornicata) que se afincaron de este modo en las costas inglesas. Con la enorme flota naval que condujo a los soldados y el material aquel 6 de junio de 1944 a las costas francesas, también desembarcaron ejemplares de este molusco, que hoy se han propagado hasta niveles astronómicos y que en algunas zonas de las playas como Arromanches son las conchas más abundantes que podremos encontrar.

             
Estos moluscos poseen una concha curvada adaptada para colocarse unos sobre otros formando "torres" de cinco individuos o incluso más. Esta forma curva les permite pegar por completo la concha sobre la de otro individuo, del mismo modo que hace una lapa sobre una roca. Al ser filtradores a pesar de ser gasterópodos, pueden permanecer en estas formaciones sin necesidad de desplazarse por lugares en los que su concha curva no permitiese un cierre tan eficaz. Incluso cuando son arrojados  a la playa por el oleaje y si todavía en sol no los ha matado siguen permaneciendo amalgamados unos contra otros. Es característico de las conchas poseer una especie de compartimento que divide parcialmente en dos la cámara de habitación.

miércoles, 15 de mayo de 2013

La arena nos cuenta todo.


Tengo algunas fotografías de marcas en las dunas del delta del Ebro. La arena es tan fina que ningún animal se puede desplazar por ella sin dejar constancia de su paso. Es por ello, que cuando se ven las dunas, aparecen huellas extrañas que a menudo hay personas que no pueden identificar. En la arena, no se pueden apreciar las almohadillas ni los detalles de las plantas de los pies de los animales, y además como su superficie suele estar dispuesta en pendiente todavía es más difícil la identificación. No obstante, los grupos de huellas típicos nos dan las pistas suficientes para poder identificar algunos de los rastros. He elegido una fotografía en la que aparecen tres rastros diferentes. Uno, el más evidente es el que ha dejado una lagartija al desplazarse corriendo por la superficie. En algunos puntos la cola ha dejado una ligera impresión en el suelo. Es difícil poder hallar este tipo de rastros en cualquier otro sustrato diferente, salvo en el polvo movido de los caminos forestales.
Cruzando de izquierda a derecha obre el rastro dejado por la lagartija, vemos la sinuosa doble línea orlada de puntitos que es el rastro típico que deja el desplazamiento de un escarabajo. Aún podemos identificar otro tipo de rastro que sin duda ha sido dejado por un diminuto ser que se desplaza bajo la arena, pero este no lo tengo fichado. Habrá que esperar a pillarlo “in fraganti” y sacarlo de su mundo subterráneo para poder identificarlo…

sábado, 26 de mayo de 2012

Los bolsos de las sirenas


Hoy toca que os hable de unas cosas extrañas que seguro habéis podido ver en alguna playa. Se trata de unas formas coriáceas y de aspecto plástico que aparecen con cierta regularidad en e límite de la línea de la marea y que son de un color oscuro o negro. Tienen forma más o menos rectangular y están provistas de unos alargamientos en las esquinas rematados en ganchitos si el hallazgo está en buenas condiciones. Son lo que conocemos como bolsos de sirena.
Es evidente que las sirenas no existen, luego tampoco existen ni sus bolsos ni sus paraguas. Estos  objetos son relamente las envolturas coriáceas de los huevos de unos tipos determinados de tiburones. Concretamente, pertenecen a la rayas en sus más diversas especies, a los tiburones conocidos como pintarrojas y otros afines.
El motivo de que los huevos posean estas patitas, no es otro que los huevos queden agarrados a las rocas, corales o algas del fondo y que no anden dándose golpes con el oleaje. En la foto, vemos un huevo de pintarroja agarrado a una cuerda del fondo. La foto es de la mano de mi hija Lucía en el estanque táctil del acuario de Saint Mâlo. En el interior se aprecia el huevo perfectamente, y podemos comprobar como todavía no existe embrión.

En esta otra foto, tomada en el acuario de París podemos observar a los tiburoncitos ya formados en el interior de sus translúcidos huevos. El saco vitelino que es el alimento del embrión, no se aprecia bien en la foto. Este saco vitelino, quedará como una "bola" abultada bajo el vientre del tiburón y una vez salga del huevo le servirá para sobrevivir un período breve de tiempo sin alimentarse, de modo que los tiburones recién nacidos podrán vivir unos días sin necesidad de capturar alimentos vivos.
La diferentes formas de los bolsos de sirena corresponden a otras tantas especies diferentes de rayas o tiburones.

sábado, 28 de abril de 2012

Los gnomos también hacen surf.


Quizá algunos de vosotros gozáis como yo de los paseos en la playa. El mar arroja cosas curiosas que algunas veces no sabemos bien qué son. Una de ellas son los huesos de las sepias. Se llaman "jibiones". 
 Normalmente, las sepias que se venden en las pescaderías están limpias y en semi-conserva, y el aspecto que presentan es blanco. La sepia es uno de los maestros del camuflaje, y el aspecto de este animal en fresco es diferente del que estamos acostumbrados a ver.
Si tenemos ocasión de comprar en nuestra pescadería alguna sepia fresca y “sucia”, al momento veremos que su tacto es duro. Bajo su cuerpo que conocemos como manto, hallaremos un “hueso” grande y rígido que normalmente se comercializa como aporte de calcio para las aves de jaula. Estos huesos, que son muy ligeros, flotan con gran facilidad por lo que son arrastrados frecuentemente a las playas donde se encuentran con cierta abundancia. Blancos y flotando, algunas veces las gaviotas los confunden con peces muertos. Éstas los recogen y tras comprobar que realmente no se trata de ningún pez los abandonan de nuevo pero con las marcas del pico de las mismas. Algunos presentan las marcas de bocados de peces, teniendo el aspecto de pequeñas tablas de surf atacadas por un tiburón. Son las tablas de surf de los pequeños gnomos que habitan los bosques del litoral.

martes, 28 de febrero de 2012

Los desechos del mar

Una de las cosas que más me gusta cuando voy a la playa es pasear por la orilla del mar y observar lo que nos ha dejado la marea. El Mediterráneo está bastante machacado y no son muchas las playas en las que podemos encontrar una cantidad razonable de cosas y disfrutar con su recolección como solemos hacer los naturalistas. Una semana en una playa del delta del Ebro o en una playa de piedras con poco turismo puede dejar el maletero del coche como el de una persona con el síndrome de Diógenes. Ni que decir tiene que si tus hijos colaboran en esta tarea (y los míos lo hacen) el resultado puede ser sorprendente.
De este modo he conseguido encontrar algunos "tesoros" a los que personalmente doy mucho valor. Es el caso de este cráneo de frailecillo atlántico (Fratercula arctica) que tiene el mérito de haber sido encontrado en la playa de Cubelles, en el Mediterráneo, en julio y en conexión con el resto del esqueleto. Todavía conservaba algunas plumas. El húmero aparecía roto, por lo que el pobre quedó incapacitado para el vuelo y para alimentarse, ya que el frailecillo pesca "volando bajo el agua" y persiguiendo a pequeños pececillos.
La tremenda felicidad por mi hallago no fue compartida por las personas que tomaban el sol en una playa próxima de arena en la que teníamos los enseres. Probablemente pensaron que mi felicidad provenía de verme libre de la camisa de fuerza.
Todos en casa disfrutamos de esta actividad. Es quizá la actividad que más nos gusta de las que hacemos en la playa además de la de bucear y recoger animalillos para su observación. Esta costumbre llegó a su límite en Normandía, cuando Quique, el mediano, encontró el motor de un vehículo de la segunda guerra mundial que parecía no estar dispuesto a abandonar en el sitio. Finalmente el sentido común nos hizo dejar aquel monstruo en la playa con gran pena por parte de Quique... y un poco de los demás también ya que seguro que hubiese sido feliz de poder mostrar su "trofeo" entre los amigos.

lunes, 9 de enero de 2012

Misteriosos agujeros en las conchas.

Cuando recogemos conchas en la playa, muchas veces comprobamos que tienen unos pequeños agujeros circulares de forma ligeramente cónica. ¿Quien habrá hecho estos agujeros?. Parece que alguien los ha practicado para fabricar colgantes, ya que muchas veces están colocados perfectamente para este fin.
Estas perforaciones son provocadas por la actividad de caracoles depredadores de la familia naticidae. Estos son capaces de roer con su rádula y disolver con su saliva corrosiva la concha de otros moluscos. Una vez perforada la concha, introducen una probóscide con la que matan y consumen el cuerpo del inquilino.
En la foto, agujeros de natícido en una concha de Arca de Noé (Arca noae) recogida en la playa de Cubelles.

Huellas de perro en la playa


Quiero comenzar esta sección de huellas en la playa con las fotos de una curiosa huella de perro. Los perros no suelen dejar marcas de los talones de sus manos delanteras por estar éstos muy altos en la marcha normal. Cuando un perro juega con otro o con su dueño, o cuando baja por una pendiente muy pronunciada, la posición forzada de sus extremidades pueden dar lugar a huellas como las que muestro en esta foto. En la parte superior de las huellas se aprecian las marcas dejadas por los dedos. Un poco por debajo de estas aparecen las huellas correspondientes a las plantas de la manos y abajo del todo, de forma alargada por haberse deslizado hacia adelante, la almohadilla del talón de la mano. Esta foto está tomada en el Delta del Ebro.