domingo, 8 de enero de 2023

El ciclo de la vida V. Cerrando el ciclo.


Cuando regué el bosque-jardin este pasado verano, no recuerdo exactamente cuando fue, un pez quedó atrapado tras la tajadera. Pese a que había agua suficiente el pez había estado un día en esa charca y había muerto. Hace mucho tiempo que los peces que mueren al verse atrapados en las acequias u otras infraestructuras de riegos con agua no permanente son especies de otros lugares. En este caso se trataba de una lucioperca (Sander lucioperca). Es un grave problema el que arrastran tanto nuestros ríos como nuestros montes debido a las introducciones de especies para la caza y la pesca, pero ese es material para otro debate. 

El caso es que este pez, de unos diez centímetros de largo, es un ser vivo que se ve bien. pero en suspensión con el agua de riego entran millones de pequeños seres vivos que morirán al retirarse la lámina de agua que se filtra en el suelo. Los cuerpos de esos seres diminutos, se unirán a los restos de animales que viven toda su vida en el bosque jardín, las hojas de los árboles, los restos del corte de la hierba, las plantas anuales al marchitar, restos de poda, frutos sin consumir, excrementos de quienes aún están vivos... materia orgánica que se contabiliza por kilogramos. Nuestro mundo colapsaría si no fuese por la actividad de otro regimiento de seres vivos que se cuenta por millones y que se dedica a descomponer la materia orgánica. 

El 1894, el estiércol de caballo empezaba a ser un problema grave en algunas ciudades como Londres o New York. Se estimaba que entre taxis, tranvías y transportes, más de 60,000 caballos circulaban por Londres. Se vaticinaba el colapso de las grandes ciudades y se preveía un capa de estiércol de 3 metros de altura en Londres para el año 1950. La cantidad de estiércol a retirar superaba el medio millón de kilos diario, y para retirarlo era necesario que un ejército de carros, también tirados por caballos hiciera el trabajo. Las ciudades se enfrentaban al colapso. Pues esto mismo ocurriría en toda la superficie de la Tierra si no existiesen los descomponedores y carroñeros. La salud del suelo es de suma importancia.

Uno de los cambios más importantes en el bosque-jardin en estos años ha sido el que se ha producido en el suelo. El año siguiente a nuestra compra, cuando cortamos el alfalce (Medicago sativa) con más frecuencia de la que era capaz de soportar, este fue muriendo y poco a poco se vio sustituido por una pradera variada con especies como el trebol blanco ( Trifolium repens), hierba cana (Senecio vulgaris) diente de león (Taraxacum officinale), cincoenrama (Potentilla reptans), gramen (Cynodon dactilon), las colas de zorra (Alopecurus sp.), varias especies de plantaina (Plantago sp.), lechacinos (Sonchus oleraceus),  y otra gran variedad de especies. Esta mortandad del alfalce dejó nitrógeno disponible en el suelo y se manifestó con la parición masiva de cientos de setas del hongo Volvariella gloiocephala. Hoy, un tapiz de materia vegetal cubre gran parte de la superficie del suelo, a nivel del cuello de las plantas, de modo que la humedad perdura mucho más tiempo en el suelo y el período entre riegos es mucho menos acusado, permitiendo a veces saltarnos uno si ha llovido, cosa impensable hace unos años, cuando  no se podía prescindir de ninguno y se podía producir incluso defoliación de los árboles.

A estos hongos, se suman otros que no se muestran de forma tan notable, millones de bacterias, insectos diminutos, cochinillas y un ejército de lombrices de tierra. Ellos, cierran el ciclo de la vida. Ciclo que a pesar de estar en enero aún, parece que se quiere abrir por parte de la pareja de cernícalos (Falco tinnunculus) que son mis vecinos y que están de conflicto con otros dos que se acercan al territorio. O la pareja de cornejas negras (Corvus corone) que este año han anidado en un nido reformado de los que construyeron las urracas. No les ha ido mal, pues ya llevan unos días rondando por el mismo nido construido en el platanero (Platanus hispanica) y haciendo llamadas, como indicando su intención de ocuparlo de nuevo. Así comenzaron la temporada el año pasado. Así comienzan el año nuevo... así comienza de nuevo el ciclo cuyo relato partiendo de los que producen la vida, los vegetales, iniciaba en enero de 2022.

2 comentarios:

  1. Me encantado tu artículo y más conociendo el terreno, que antes era agrícola y ahora se está convirtiendo en un pequeño ecosistema. Seguro que refugio de muchos bichos chulos.

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  2. Sí, es cierto que ha pegado un buen cambio. Espero que poco a poco vaya creciendo en biodiversidad. Esta primavera pasado han criado las cornejas negras y ahora ya estaban rondando el nido de nuevo. A ver si pongo cajas para los búhos antes de la primavera...

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