Una de las actividades que más me gusta es pasear tras una
copiosa lluvia o tras una gran avenida del río. El barro es tan blando que me
permite asomarme a la intimidad de los animales que han desarrollado sus
actividades a lo largo de la noche. En esta ocasión os muestro las marcas que
pude encontrar en un charco del camino que conduce a mi casa. En primer lugar
vemos la fotografía de la parte exterior del charco, una parte que había tenido
agua pero que ahora permanecía blanda pero “en seco”. Las marcas que primero se
produjeron son las pistas de las lombrices, que se desplazaron por el fondo
cuando este todavía estaba sumergido. Esto permitió que seres tan poco pesados
dejasen la marca de su desplazamiento. Cuando ya no había agua en esta zona,
una rana hace acto de presencia. De un salto (que se dirige desde abajo hacia
arriba), se planta en el centro de la fotografía. Las alargadas patas traseras
llegan a mezclar sus huellas con las de las manos delanteras, un poco por
encima de estas y giradas ligeramente hacia adentro. Las patas traseras marcan
la punta de sus dedos, que al ser de desigual longitud aparecen como una serie
de “puntos” dispuestos de forma rectilínea, más abiertos y adelantados que las huellas de las manos,
marcando dichas alineaciones una especie de “v” dentro de la que se contienen las marcas de ambas manos. La marca de cada mano se reduce a la impresión de tres dedos que como he dicho antes, aparecen girados hacia adentro.

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