viernes, 13 de junio de 2014

Los senderos de la agonía.

         
       
           
 Ya os hablé en una entrada anterior sobre lo arriesgado que es para los habitantes del río el momento de una avenida. Como el cauce del río se hace más ancho (no todo lo que al río le gustaría, pues enseguida se topa con las “motas” o diques de contención), el río cambia su dinámica. En algunas zonas, se torna más rápido y erosiona el fondo. En otras zonas en cambio el agua discurre de forma más lenta y deposita sedimentos de diferente tamaño según la velocidad de la corriente.
            Estas diferencias de velocidad, provocan la aparición de playas de gravas en algunos puntos del cauce. Estas playas pueden aparecer como islas de diferente altura. Al bajar el nivel del agua y estas islas separar el cauce en diversos brazos apareciendo un cauce tranzado, pequeños brazos de río quedan aislados del cauce original y se alimentan mediante filtración a través de las gravas. Si el cauce aislado está demasiado alto, al disminuir el nivel del río el suministro de agua desaparece, y comienza una lenta agonía para los peces e invertebrados que quedan atrapados. Antes que la calidad y la temperatura del agua sean inadecuadas para la vida, los animales luchan por la supervivencia. Los martines pescadores y garzas acortarán la agonía de los peces. Las almejas de agua dulce, descenderán hacia el agua dejando unos caminos característicos en el lecho o las paredes del cauce agonizante (foto superior).





 En la foto de la izquierda, un ejemplar de Unio elongatulus emprendiendo el viaje hacia el fondo del cauce que se seca. Junto a ellos había muchos ejemplares de Gammarus Sp y camarones de agua dulce Atyaephyra dermarestii. A los dos días, una nueva avenida llenó el cauce dando una nueva oportunidad a los habitantes de este pequeño brazo aislado del río Ebro, justo debajo del Puente del Tercer Milenio.



           


En otros lugares, en la época más seca del año, estos brazos de río se secan y las almejas mueren, apareciendo las conchas abiertas. En este caso podemos observar ejemplares de Corbicula fluminea o almeja asiática (2) al lado de las autóctonas Potomida littoralis (3) y Unio elongatulus (1)

          






Aunque una crecida posterior pueda volver a llenar el cauce por filtración, el agua llega tarde, y en el fondo quedan los restos de las almejas que no pudieron sobrevivir a la nueva avenida. Si la avenida es más intensa y el agua discurre de nuevo por el brazo, la corriente arrastrará las conchas vacías y quizá unas nuevas almejas caigan de nuevo en la trampa mortal. 
          Potomida littoralis (3), Corbicula fluminea (2)

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