Ya había
orquídeas. Con un lápiz extrajimos los polinios, o mecanismos de polinización
de las orquídeas y pudimos contemplar cómo funcionan para evitar a
autofecundación. Los polinios, se “pegan” al insecto que se acerca a libar
de la flor o a intentar copular con ella en aquellos casos en los que esta se
parece a un abejorro. Aparecen en un primer momento sujetos en una posición que varía pasado un tiempo de modo que los
sacos de polen entren en contacto con el estigma cuando el insecto ya ha abandonado la flor y ha llegado a otra planta, produciéndose entonces la fecundación.

Durante la
comida y la vuelta a casa, tras las euforias sobre lo que reconstruir y las
posibilidades que presenta el entorno que siempre nos embargan, la reflexión
sobre el patrimonio perdido. Un pueblo que es patrimonio protegido por la
UNESCO junto con el Camino de Santiago que lo atraviesa pero que la
administración deja que poco a poco se derrumbe. La protección impide la
reconstrucción de las casas sin un estudio previo (que resulta inasumible) y
mientras tanto, una a una de forma implacable, las casas se van a tierra. Además, desde el
bar se ven las cicatrices gigantes del recrecimiento del pantano de Yesa sobre
el que desde círculos de geólogos se mantiene que acecha un riesgo inasumible
debido a la desestabilidad de las laderas cercanas a la presa. El
empecinamiento de cada gobierno de turno en su construcción pese al riesgo
parece responder a la sinrazón. Esperemos que alguien no pague un precio
demasiado alto aguas abajo de la presa.
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