domingo, 23 de enero de 2022

El ciclo de la vida II. El primer eslabón, los productores



 Esta será la segunda entrada del ciclo de la vida. En la primera, hicimos un recorrido histórico que nos situaba en la época actual tras recordar de dónde procede el suelo que pisamos y que es sobre el que van a vivir los seres vivos. La composición del suelo, la temperatura y la humedad son las condiciones no bióticas, es decir, las que no están relacionadas con la vida que dibujan el marco en el que se desarrolla la vida. Desde el momento en el que un sólo ser vivo comienza a colonizar el suelo, estas condiciones, que pueden ser aparentemente idénticas a una zona más o menos extensa, ya se modifican.

Bajo el suelo aparentemente uniforme, la mayor o menor abundancia de piedra en el subsuelo ya marca una diferencia. Un suelo más o menos arenoso hace que la misma cantidad de precipitación pueda ser retenida mejor o peor bajo el suelo. De este modo, tanto las plantas que se desarrollen el él como los seres que viven bajo la superficie, van a ser condicionados en su desarrollo. Es por ello que en superficies relativamente pequeñas se advierten sitios mejores que otros. Tanto que las plantas que crecen sobre él pueden mostrar grandísimas diferencias en el crecimiento.  

Para hacer más gráfico el "ciclo de la vida" vamos ha hacer un relato en forma de circuito, aunque realmente las cosas son más complicadas. El primer paso en este ciclo sería el de la producción de vida. Ese paso tan sólo lo pueden realizar los seres fotosintéticos o autótrofos. Son capaces de producir materia viva, que son sus propios cuerpos, a partir de sustancias minerales que extraen del suelo diluidas en agua. En este caso, hablamos de un árbol o arbusto leñoso. Existen no obstante, bacterias que realizan también fotosíntesis con gases distintos al CO2.

Las raíces del árbol tienen una configuración especial  que les permite captar agua de su entorno. Pese a que poseen unas estructuras que se llaman pelillos absorbentes, el agua no es sorbida como nosotros hacemos con la bebida por medio de una pajita. Más bien, la "piel" que recubre estos pelillos absorbentes es tan fina, que el agua puede entrar en su interior fácilmente, sin necesidad de ningún tipo de absorción activa. Son las características propias del estado del agua las que le imprimen la posibilidad de ascender a lo largo del tallo de la planta fluyendo de un lugar a otro, tanto por principio de capilaridad como por otros procesos más complicados. Basta ver como un terrón de azúcar colocado sobre una cucharilla "sorbe" el café de la misma impregnando el terrón al completo, como el agua derramada es "sorbida" por la finas fibras de los flecos de una fregona o un bayeta o como se empapa un montón de serrín colocado sobre un charco.

A través de este y otros mecanismos, el agua, que contiene diluidas sustancias minerales que se encuentran en el suelo, asciende por los vasos leñosos (una especie de venas) hasta las hojas. Esta proeza que se realiza a diario es de una magnitud brutal. Basta con apuntar una manguera hacia el cielo y ver que altura alcanza el agua antes de caer atraída por la fuerza de la gravedad y pensar el inmenso recorrido que realiza el agua desde el suelo hasta la copa de árboles cuyo tamaño puede ser de decenas de metros. Las hojas de la copa de algunos árboles están tan altas que no pueden ser alcanzadas con las potentes mangueras de los bomberos sin la ayuda de las bombas de camiones especiales. dotados con altísimas escaleras.

Cuando el agua con las sustancias minerales disueltas se encuentra en las hojas, se produce una reacción química que es la que sustenta casi toda la vida en el planeta y permite su existencia. Lo que denominamos fotosíntesis. La luz del sol, que es una forma de energía, en presencia de las sustancias minerales que porta el agua, el CO2 atmosférico y el mediador que es la clorofila contenida en las hojas, transforma las sustancias minerales del suelo en azúcares y otros compuestos necesarios para la subsistencia de las plantas.  Con ellos, la planta forma las células de su cuerpo que contienen la celulosa que les da la resistencia. En este proceso, la planta se queda con el carbono del CO2 y expulsa como desecho el oxígeno. 

El oxígeno aportado a la atmósfera, es en su mayoría producido por las algas microscópicas que viven en la superficie del mar. A pesar que son imperceptibles a  nuestra vista, constituyen la mayor cantidad de la vida vegetal en el planeta. Si los mayores "bosques" del planeta están formados por una cantidad astronómica de algas diminutas que conocemos como fitoplancton, las mayores manadas de herbívoros también se encuentran en el mar y son también de reducidas dimensiones, siendo animales marinos diminutos o larvas de especies mayores las que constituyen la mayor parte del zooplancton.

En el bosque-jardin, hemos plantado cerca de 100 especies diferentes de árboles y arbustos, la mayor parte de ellos autóctonos del valle del Ebro donde habitamos. Pese a que los primeros fueron plantados en abril de 2016, foto de arriba, ya vemos los primeros arbustos que las aves van "sembrando" cuando dejan caer las semillas contenidas en sus excrementos cuando se posan en los árboles. Si no segáramos la hierba por medios mecánicos, el lugar empezará a ser impenetrable ya que los árboles, principalmente los chopos (Populus alba y Populus nigra) se extienden sacando brotes desde sus extensas raíces con el objeto de colonizar la mayor superficie de suelo posible. En la naturaleza, este trabajo lo realizan los herbívoros salvajes de diferentes tamaños, repartíendose por todo el ecosistema. Los lobos, ingenieros del paisaje, mantienen a los herbívoros en movimiento evitando que la presión sobre los vegetales arrasen con los bosques, que es lo que ocurre cuando se eliminan unos y otros, se sustituyen por ganado y se supera el número de animales por superficie.



El bosque-jardin, realmente tiene de bosque las especies arbóreas y arbustivas, pero es más jardín que bosque, pues necesita de nuestro manejo para mantener su aspecto. El mes de confinamiento de 2020, provocó un cambio en la vegetación herbácea que se mantiene hasta el día de hoy. Una proliferación brutal de gramíneas que crecieron muy altas y que desplazaron a otras especies que no alcanzan tal tamaño. Cada vez que segamos la hierba, segamos una pradera diferente. Percibimos como las raíces de los árboles asoman más en la superficie, como van avanzando las poblaciones de unas especies y disminuyen otras, como se adaptan a la altura de la siega floreciendo más abajo, como avanzan los brotes de los árboles y arbustos intentando acaparar mayor espacio... Poco a poco, la vida se abre camino En la foto, aspecto en mayo de 2020. Y primero van las plantas, que producen la vida que sustentará al resto de seres vivos que necesitan consumir materia viva para crecer y reproducirse. Pero esos, los que se nutren de los vegetales, serán motivo de una nueva entrada. La de los consumidores primarios o herbívoros.





 

martes, 21 de diciembre de 2021

Feliz año nuevo... en el hemisferio norte.

 

Hoy comienza el año. Hoy, el solsticio de invierno, es el día más corto del año y la noche más larga, pero solo en el hemisferio norte. En el hemisferio sur en cambio, estaríamos hablando del solsticio de verano, y en ese caso, se enfrentan al día más largo el año y a la noche más corta. 

Esto ocurre, al parecer desde que un planeta pequeño llamado Theia y que mantenía una órbita con riesgo de colisión con el planeta Tierra, lo hiciese hace unos 4.500 millones de años. Una de las consecuencias parece ser la inclinación del eje de rotación de la Tierra, y que da lugar a las estaciones del año. De este modo, cuando es invierno en el hemisferio sur, es verano en el hemisferio norte y viceversa.

La otra consecuencia, la formación de la luna con los restos de la colisión que fueron expulsados a la estratosfera y que se fueron aglutinando por colisión entre ellos al quedar orbitando sobre La Tierra. La aparición de la Luna, dio lugar a las mareas, y quizá, el hecho de que existiese una zona periódica de costa sumergida y periódicamene emergida con charcas, propició la conquista de la tierra por parte de ciertos organismos marinos...

miércoles, 15 de diciembre de 2021

El ciclo de la vida. Primer capítulo. Nuestro bosque-jardín, volcanes, mares, elefantes y romanos.




 Como lo prometido es deuda, aquí va una serie de entradas que denominaré el ciclo de la vida. Con ellas, quiero bosquejar un poco la complicada red que supone la vida y las relaciones establecidas entre los seres vivos y los diferentes ecosistemas que a veces, tan alejados están unos de otros. 

Nada hay tan opuesto en nuestras mentes como el desierto del Sahara y la selva tropical Brasileña. Sin embargo, el periódico aporte de polvo del desierto del Sahara que reciben los bosques de la Amazonía se cuantifica en miles de toneladas al año. Ese aporte que los vientos realizan, no sólo fertiliza la selva, sino que también aporta minerales al mar que son utilizados por el plancton. 

Estos sedimentos unas veces proceden de la erosión de materiales que  fueron expulsados en erupciones volcánicas y otras en cambio son el resultado de la erosión de rocas que fueron producidas por la actividad de organismos marinos. Es por ello, que no sólo se relacionan los seres vivos actuales entre ellos, sino que la relación se remonta a tiempos pretéritos. Comenzaremos pues bosquejando un poco esas relaciones. 

Una de las cosas que tenemos en nuestro nuevo hogar, aún en construcción es el "caño". Un "caño" es como llamamos en la zona de Zaragoza a una excavación en el terreno que muchas veces no está revestida de ningún modo y cuyas paredes son las del propio terreno. Se usaba como lugar donde mantener los alimentos frescos. Los caños son de profundidades variables, y se componen de un pasillo más o menos largo y de excavaciones a los lados del mismo donde alojar tinajas, cántaros y otro tipo de recipientes donde se almacenaban los alimentos. Es por ello, que descender al caño es adentrarnos en el pasado.

Los cantos rodados y gravas nos hablan del lecho de un río. El río Gállego, distante ahora casi un kilómetro, depositó los suelos que pisamos ahora durante el pleistoceno superior, hace entre 11.800 y 126.000 años. (mapa geológico de España, hoja 355). Entonces, los elefantes, leones, leopardos, osos o grandes tortugas como las que habitan las Islas Galápagos dejaban sus huellas impresas en los lodos depositados por el Gállego. El hombre de Neandertal era quien vivía en ese ambiente. Finalmente, desaparecería junto con aquella fauna conformándose lo que conoceríamos como época actual.

Ese suelo se formó con las rocas y arenas que el río Gállego arrancó desde su nacimiento y que transportó hasta aquí mismo. El granito, surgió de la actividad geológica en el Pirineo durante la Orogenia Herciniana, que tuvo lugar hasta hace unos  250.000.000 de años. Las calizas se formaron en el fondo del mar hace millones de años y fueron plegadas y montadas sobre la antigua cordillera durante la Orogenia Alpina que tuvo inicio hace unos 65.000.000 de años y sigue produciéndose hoy en día.

¿Qué tiene que ver esto con la actualidad?. Pues realmente mucho. Estos depósitos traídos por el río Gállego son los que van a formar el suelo, y el tipo de suelo está directamente relacionado con el tipo de vegetación que puede vivir sobre él. Como los suelos de que disponemos son de reacción básica, es decir, de PH mayor que 7, la vegetación que pueda vivir sobre ellos tendrá que ser tolerante a este tipo de condiciones. Es por ello, que no encontraremos castaños, por ejemplo, ya que necesitan suelos cuyo PH no sea tan elevado. 


Cuando el río Gállego se fue retirando hacia el oeste en su divagar lateral provocado por la formación de meandros,  los bosques serían del tipo "bosque galería". Con el aumento de la distancia al río, el espacio sería colonizado por las especies que poblasen el monte próximo y que no necesitasen vivir tan cerca del agua. Pinos, sabinas y algún roble con gran presencia de herbáceas, según podemos deducir de los restos polínicos descubiertos en las turberas de San Juan de Mozarrifar (Valero-Garcés 2004 y González-Sampériz 2005). Los bosques comenzarían a ser roturados y puestos en cultivo desde hace unos 2500 años, en época ibero-romana según José Luis Peña interpreta en los sedimentos de la Val de las Lenas, en Botorrita. En la foto de la izquierda vemos un fragmento de una lucerna romana, (que era un lámpara de aceite) que apareció en una de las sacas de  grava que utilizamos para hacer el hormigón de la rehabilitación. 

En el siglo XVIII, Juan Martín de Goicoechea, amigo de Francisco de Goya, fija su residencia a un kilómetro de nuestro bosque-jardin. Introduce el  cultivo del olivo en la zona y construye un molino de aceite cuyos restos se encuentran en el Parque Bruil de Zaragoza, que durante la Guerra de la Independencia pasa de manos francesas a españolas varias veces. Entonces, el lugar que ahora es nuestro bosque-jardin probablemente pasa a ser un campo de olivos rodeado de viñas hasta mediados del siglo XIX. La construcción que se encuentra en la finca se reforma a principios del siglo XIX y posteriormente de nuevo en la segunda mitad del mismo siglo. Para las vigas de forjados y techumbres se traen troncos de pinos que bajan conducidos en nabatas de las cuales aún se conservan en la techumbre más de dos docenas de remos de las mismas. Algunas de esas vigas antiguas han sido descompuestas por los escarabajos y las termitas y por lo tanto han dejado de ser útiles. Se han  usado para la estufa y el serrín producido al trocear la madera se incorpora como materia orgánica al suelo. Aquí es descompuesto en sustancias minerales y enriquece el sustrato formado por el material procedente de la erosión de los materiales expulsados por los volcanes de aquella orogenia hercínica,  las rocas formadas con los sedimentos calcáreos de antiguos mares y los procedentes de la erosión de los materiales que se depositaron en el antiguo lago de agua dulce que ocupó el valle del Ebro hasta hace unos cinco millones de años. 

viernes, 12 de noviembre de 2021

Las típulas en el bosque-jardín

 




Todas las personas o una gran mayoría de ellas habrán visto alguna vez una típula. Es una especie de "mosquito gigantesco" que al sentirse atraído por la luz puede acabar dentro de nuestros hogares y que quien no sabe de que bicho se trata y cree encontrarse ante un mosquito, acaba matándolo presa del pánico. Si bien el insecto adulto es conocido, no lo son tanto sus larvas. Ellas viven bajo el suelo, alimentándose de raíces. Los céspedes de los jardines de las ciudades han facilitado el hecho de que este insecto pueda ser contemplado también en los entornos urbanos. 



En nuestro bosque-jardín la cantidad de larvas de las típulas alcanza números astronómicos. Es imposible realizar cualquier excavación para colocar un nuevo arbusto, un árbol o poner verdura en el huerto sin encontrar varias. Son más numerosas incluso que las lombrices. No soportan el encharcamiento. Hace unos días, hice "largo" de agua en el riego y al permanecer el agua en la superficie más tiempo de lo normal, miles de estas larvas salieron al exterior. (Foto de la derecha)


No sabemos muy bien cual es el mecanismo, pero como si un teléfono o una señal especial hubiese sonado, casi un centenar de Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) acudieron a la imperceptible llamada. Dejaron todo como un gallinero. Las plumas blancas y cantidad de excrementos por todos los sitios advertían el "festejo" que habían llevado a cabo. En la parte más seca del campo, una enorme bandada de estorninos (Sturnus unicolor) forrajeaban en el suelo en busca también de las larvas de típula que suben a la superficie con el riego,  dejando las típicas marcas de forrajeo de los estorninos que son una serie de numerosos agujeros de 1cm de diámetro que aparecen entre las briznas de hierba.

Aún así, ni los estorninos ni las garcillas bueyeras pudieron acabar con todas las larvas de típula, y durante un par de días, notamos un olor que desprendía la tierra que se correspondía con la putrefacción de miles de larvas de típula ahogadas en una parte de la pradera. 

Leí una vez, no recuerdo donde, que los seres vivos que están en el suelo de una pradera y que se dedican a descomponer la materia orgánica, pesan más que las vacas que pastan en esa misma pradera. Se entiende que es en una pradera que no está sobreexplotada, claro. Con este episodio vivido hace unos días no me queda ninguna duda sobre esa afirmación. 

llevamos unos días sin regar pero las "bandadas" de estorninos siguen siendo muy numerosas. Las últimas semanas de calor lo que encontraban los estorninos ya no eran larvas, pues ahora están transformándose en típulas adultas. Las pupas en las que se advierten las largas patas que caracterizarán al adulto y que se aprecian en la foto de la izquierda, aparecían sobre la carrocería  del coche o sobre a lona del carro que está bajo los árboles, pues algunas de estas pupas parece ser que se les caían antes de ser ingeridas, quien sabe si en peleas por comérselas. Durante esta última semana y la anterior lo que se apreciaba en gran cantidad eran las típulas adultas sobre las paredes, arbustos, árboles...

domingo, 17 de octubre de 2021

Cuento de cernícalos II. Introducción al ciclo de la vida.


 Ya he comentado alguna otra vez diferentes eventos naturales que podemos disfrutar en nuestro bosque-jardin. El momento del riego, cambia el aspecto del mismo de modo que por unas horas se convierte en un pequeño humedal donde se dan cita especies propias de ese ecosistema. Cigüeñas, (Ciconia ciconia), garzas reales (Ardea cinerea), garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), gaviotas patiamarillas (Larus cachinnans)...

Si por un lado aparecen quienes se sienten atraídos por el humedal, por otro aparecen quienes no quieren estar en él, y muchos seres subterráneos salen al exterior donde son atrapados por los nuevos inquilinos temporales.

Uno de estos seres subterráneos es el topillo mediterráneo (Microtus duodecimcostatus). Un visitante fijo del bosque-jardín es el cernícalo vulgar. Ambos protagonizan un capítulo del "ciclo de la vida". Un cuento, que como digo es de cernícalos, pero quizá sea más un cuento de topillos.

Los topìllos viven en este lugar desde antes que nosotros comprásemos un campo que había sido maltratado por la agricultura industrial basada en el consumo de productos de síntesis química y parásemos esta espiral de consumo. El último capítulo fue una aplicación de herbicida al cultivo de alfalfa para recoger la semilla. El siguiente capítulo fue el que corresponde ya al bosque-jardin. el nuevo lugar de donde surgen estos relatos.

La vida de estos topillos se desarrolla en este mismo lugar desde que nacen hasta que mueren en muchas ocasiones. Se produce un flujo circular de la materia, un "ciclo de la vida" como escuchábamos en la banda sonora del Rey León. Nacen en sus madrigueras subterráneas y van alcanzando la madures alimentándose de las materias vegetales, principalmente raíces que encuentran en sus actividades subterráneas, aunque también realizan excursiones nocturnas esporádicas en los alrededores de sus madrigueras para alimentarse. 


La excursión más larga a la que se enfrentan durante el día claro, cuando hace sol, es aquella a la que se ven obligados si el agua de riego los pilla en un lugar de su madriguera que se inunda. Entonces sólo les queda la opción de salir al exterior y nadando, alcanzar un obstáculo por encima del nivel del agua donde guarecerse. Ese recorrido no tiene mayor trascendencia para el topillo si no es percibido por el ojo de un depredador. El cernícalo que nos visita, no falta a su cita puntual cuando los campos se inundan. Comoquiera que la inundación de muchos campos se coordina y se hace simultánea por los turnos de riego, y los horarios son variable, en algunas ocasiones esto ocurre sin que la visita de los depredadores sea efectiva, y ningún topillo sufre la desgracia de ser depredado... al menos durante el espacio de tiempo que ocupa su huída a las "tierras emergidas"

El cernícalo, va usando diferentes perchas como oteadero, al tiempo que avanza el agua por la superficie. Cuando no hay oteadero disponible, usa su técnica de cernido en el aire que le da nombre. Cuando un topillo sale al exterior, el cernícalo lo atrapa. Si tiene polluelos, vuela hasta el nido próximo, que se encuentra a algo menos de 1000m, realiza la ceba o lo entrega a su pareja para que lo despedace y vuelve a por otro. Creo recordar que este viaje llegó a producirse hasta cuatro veces la última vez que pude observar todo el tiempo que estoy regando que es alrededor de una hora y media.

Tras la actividad, viene el reposo, que algunas veces realiza en el alféizar de la ventana del baño de la planta superior. Allí, queda el resultado final. Comenzaba todo con la descomposición de la materia orgánica realizada por los seres vivos descomponedores. Una vez transformada, fue usada por las plantas que con la ayuda de la luz del sol y el agua, fue convertida en una planta. La planta acabó siendo consumida por un topillo. Ese agua que da la vida a las plantas, desalojó al topillo de su madriguera y fue cazado y posteriormente consumido por el cernícalo. El final del viaje del topillo está sobre el alféizar de la ventana. Se reduce a las manchas blancas de las heces del cernícalo, que son básicamente orina y las egagrópilas (regurgitaciones de partes indigeribles) que nos muestran el pelo y los huesecillos del infortunado topillo. La lluvia arrastrará estos restos hasta el suelo del bosque-jardín que vemos al fondo de la foto, y allí comenzará un nuevo ciclo.

A nadie se le escapa  que el cernícalo lleva las presas a unos polluelos que quizá jamás lleguen a visitar nuestro bosque-jardin. En una próxima entrada, hablaremos del ciclo de la vida y veremos cuanto se puede llegar a complicar esta red. No me he puesto a escribir aún pero en mi cabeza ya surgen ideas que me dicen que estas conexiones son tan complicadas y sorprendentes, que quizá hayamos de utilizar varios capítulos...

sábado, 18 de septiembre de 2021

Conservación de excrementos y egagrópilas.







 Uno de los problemas al que se enfrentan los naturalistas es el de la preservación de los indicios que dejan los animales en el campo y que son recolectados para establecer colecciones de comparación. Hay indicios, como las cáscaras de los frutos, que con la condición de ser preservados  de la humedad pueden conservarse y guardarse siempre.

Quizá los indicios más complicados de poder coleccionar, recoger y preservar son los excrementos y las egagrópilas. En algunos casos, el problema de la difícil conservación de los mismos se extiende incluso al momento de su recolección. Si bien hay excrementos que son consistentes y fácilmente transportables como los de lagomorfos, herbívoros y carnívoros (que no sean recientes), existen otros como los de sapo corredor de la fotografía de la izquierda  o de aves insectívoras que son muy frágiles desde el momento mismo de su recolección. Igualmente, frente a egagrópilas consistentes como puedan ser las de rapaces diurnas o nocturnas, hay otras como las de abejaruco o las de martín pescador (cuya fotografía encabeza esta entrada) entre otras, que son extremadamente frágiles

Ayer estuve en la presentación de un libro escrito por un colega, Víctor Quero, (autor del blog "Entre pinos y Sembrados" que puede enlazarse desde esta misma página) y hablamos del tema. Me comentaban allí que el modo de preservación que se usa es el rociado con barniz en spray. Yo nunca he usado ese método. Mi modo de hacerlo ha estado siempre destinado a la protección y consolidación de la totalidad del elemento a preservar y no sólo su parte superficial. Durante muchos años, he usado una técnica  que adapté a mis posibilidades de la que citaban los autores P. Bang y P. Dahlstrom en su conocida guía de huellas y señales famosa internacionalmente. Ellos citaban la aplicación de una solución de celuloide en acetona. Esa fórmula la adapté según me pareció más económico y accesible. Utilicé como fuente de celuloide películas de fotografía. Estas eran introducidas en un bote con acetona y las dejaba reposar durante un tiempo. El líquido se tornaba marrón cuando ya estaba listo. Este líquido, aplicado mediante un cuentagotas de vidrio sobre las egagrópilas muy deleznables como las de martín pescador o los excrementos de pito real, los consolida de forma casi instantánea gracias a la velocidad tan elevada a la que se evapora la acetona. Quedan de este modo lo suficientemente consistentes como para ser transportadas con bastante garantía de que lleguen enteras a casa.

He tenido la suerte de poder trabajar en alguna ocasión con el equipo de voluntarios del museo de  Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza bajo las indicaciones de su director, Ignacio Canudo Sanagustín. Para poder trabajar los fósiles y extraerlos de la roca donde se encuentran, se procede a la consolidación gradual de la parte limpia antes de continuar con el trabajo en el total de la pieza. El material utilizado como consolidante es un material plástico presentado en trocitos y soluble en acetona llamado Paraloid B72. (fotografía abajo a la derecha)

Una vez visto el funcionamiento de este tipo de sustancia, decidí hacer una prueba para ver su comportamiento con egagrópilas y excrementos. Lo usé con egagrópilas de cernícalo vulgar y con excrementos de sapo. El resultado ha sido tan bueno como esperaba pero más cómodo aún que el que usaba inicialmente con las películas fotográficas diluídas que ya describía en mi publicación Huellas y rastros de animales del Pirineo, de editorial Barrabés.

Desde hace un año al menos, el método usado para la recolección de material muy deleznable y para la posterior conservación de todos los excrementos y egagrópilas que uso es el de impregnación con paraloid b72 diluído en acetona. El método es el de aplicación con cuentagotas hasta saturación. Se sabe que está saturado cuando la cantidad de líquido deja de ser absorbido por el elemento a consolidar y éste empieza a "rebosar". Una vez llegado a este momento, cuando el elemento a recoger deja de estar húmedo ya se puede transportar, si lo que estamos haciendo es recolectar. En el caso de estar preparando el elemento mencionado para su posterior almacenaje, es mejor dejar transcurrir algunas horas, ya que los vapores de la acetona pueden destruir los plásticos si lo que utilizamos son cajas de plástico de esas que se usan como estuches de joyería o tarjetas de visita.

En otro momento, haré referencia al modo en el que se pueden conservar las piñas, ya sean trabajadoas por los animales o sean intactas para establecer una colección de comparación.


miércoles, 1 de septiembre de 2021

Cuento de cernícalos I. Frente a nuestra antigua casa.




 Tenía pendiente la elaboración de un relato sobre el cernícalo (Falco tinnunculus) que viene a la casa que tenemos actualmente en construcción para "recolectar" los topillos, pero los acontecimientos de estos últimos días me hacen reparar primero en los cernícalos que han criado desde hace muchos años en unos cipreses próximos a lo que ahora es nuestra vivienda provisional y que hemos perdido en un acto de piratería del Ayuntamiento de Zaragoza.

    En estas dos semanas he visto como un adulto, creo que el macho, pues estaba a cierta distancia y no llevaba prismáticos, se jugaba el tipo de forma temeraria. Es frecuente verlo acosando a las aves rapaces que suelen acercarse a prospectar la zona en busca de roedores o palomas domésticas. Ratoneros (Buteo buteo), aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus), águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), milano negro (Milvus migrans),     Milano real (Milvus milvus)... todas sufren el molesto acoso de este pequeño cuando recorren la zona. Observamos como giran el cuello hacia arriba, observando al incordiante halconcillo que finalmente siempre consigue que se tengan que ir. 

La semana pasada, esta costumbre estuvo a punto de costarle la vida. Una incursión de un halcón peregrino (Falco peregrinus) desencadenó esa costumbre suya de ir a desalojar al intruso. El halcón, en el mismo instante casi en el que el cernícalo se instalaba sobre él, se dejó caer alcanzando gran velocidad, para dar un quiebro y volver sobre el lugar donde se encontraba el cernícalo en escasos segundos. El cernícalo,  se salvó sólo gracias a que la escasa altura en la que se desarrolló la acción evitó que el halcón peregrino contase con la mayor velocidad que le habría proporcionado un poco más espacio hasta el suelo. Esquivado in extremis este primer ataque gracias a un quiebro del cernícalo, pudo alcanzar la seguridad de un poste eléctrico que evitó la insistencia de ese proyectil que es el halcón peregrino y que otras veces me ha dejado atónito al poder observar sus ataques a las palomas, cogujadas o a un simple gorrión en otras ocasiones.

El otro relato está protagonizado por lo que yo interpreté como uno de los pollos del cernícalo. Andan ya los pollos volando a bastante distancia del nido. Son realmente impertinentes con sus piídos reclamando comida de los padres. llegué a casa del trabajo y Alicia, la madre de Belén me dijo que el críalo (Clamator glandarius) estaba en un poste pidiendo comida a sus padres adoptivos, las urracas (Pica pica). Le dije que era un cernícalo y que lo que ocurría es que las urracas estaban acosándolo y que los piídos eran porque se trataba de un polluelo. Entré en casa a por los prismáticos. Me puse a observar al cernícalo, que no paraba de piar cuando alzó el vuelo y se dirigió hacia donde yo estaba. Oía su llamada incesante cuando sobrevolaba los árboles. justo pasaba el cernícalo sobre mi cabeza y se refugiaba en la higuera (Ficus carica) que estaba a escasos tres metros de mí, cuando no sé muy bien de donde salió ni de donde vino, pasó tras él un macho de azor (Accipiter gentilis) que no pudo hacer presa sobre él y que casi se golpea con la higuera (gracias a esta maniobra de "frenado" pude ver su larga cola desplegada mostrando el barreado ancho característico), y que una vez realizado el quiebro de evitar la higuera, se posó a unos diez metros, en un pino piñonero (Pinus pinea) que tiene Alicia en la puerta de su casa. Alicia salió de casa y el azor huyó, como es característico de la especie, volando a escasos centímetros del suelo, a gran velocidad y ajustándose a cada accidente del terreno o arbusto...

Como véis, los relatos de episodios propios de documentales de naturaleza se dan a escasos metros de nuestras casas, tanto en el campo como en la ciudad. Este cuento sobre los cernícalos no es único, de modo que como os he contado, escribiré otro sobre los cernícalos que vienen a nuestra nueva casa.